|
Menos feligreses en la zona 1
Temen ser blanco de la delincuencia común
Por:
Claudia Méndez Villaseñor
 |
| Los fieles que acuden a la iglesia El Calvario deben lidiar con los vendedores informales, que incluso colocan sus ventas en el atrio. (Foto PL: Mynor de León). |
Consideradas como joyas de la arquitectura del siglo 19, las iglesias católicas de la zona 1 solían ser solicitadas para bodas, bautizos y otros acontecimientos sociales, pero ahora, con el deterioro del Centro Histórico, los vecinos apenas se atreven a ir a escuchar misa.
____________
Cantinas, bares, ventas informales, mendigos y basureros clandestinos que rodean las iglesias católicas de la zona 1 han mermado la afluencia de los devotos.
Los pocos que acuden a los templos temen, además, ser blanco de la delincuencia común que prolifera en el sector.
Por ejemplo, los fieles que asisten a la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios (El Calvario), en la 18 calle y 6a. avenida, deben soportar a los vendedores informales, que incluso colocan sus ventas en el atrio.
El ruido de los autobuses urbanos estacionados a un costado de la parroquia y los delincuentes que operan en el área afectan aún más el entorno.
Falta de respeto
“Lo que más indigna es que no hay respeto para nada”, dice Juliana Rojas, vecina de la zona 5, mientras observa, en la entrada de la iglesia, la venta de jarabes de hierbas medicinales (uña de gato, zarzaparrilla) y productos medicinales para aumentar el vigor sexual. “Estamos en una iglesia, no en un mercado”, añade.
Los feligreses del templo de San Francisco, en la 13 calle y 6a. avenida, padecen los problemas que acarrean los negocios informales. “Antiguamente en este templo se celebraban graduaciones y ceremonias para familias destacadas, pero hoy, por la inseguridad, los fieles se han retirado”, afirma Haroldo Rodas, historiador y director del museo Fray Francisco Vásquez.
Cercanas a burdeles
En el caso del templo de Nuestra Señora de las Mercedes, en la 11 avenida y 5a. calle, la cercanía de bares que atraen a trabajadoras del sexo, travestidos y mendigos ocasiona malestar a los devotos. Lo mismo ocurre con los feligreses de la iglesia del Cerrito del Carmen.
“Lo que más preocupa son los mendigos; no podemos sacarlos de las puertas de la iglesia”, explica uno de los párrocos de Nuestra Señora de las Mercedes.
Otro tanto sucede con los vendedores informales. “Si la municipalidad no puede con ellos, qué hacemos nosotros”, afirma.
Pese a ello, el sacerdote dice que los domingos la iglesia recibe hasta tres mil fieles y que la devoción por San Judas Tadeo mantiene viva la presencia de los católicos.
El padre Bruno Frison, de la iglesia del Cerrito del Carmen, señala: “Los problemas más graves son la prostitución y la venta de drogas, que atraen delincuentes”.
Para evitar la fuga de devotos el sacerdote ha adoptado medidas de seguridad en el área, entre ellas, ofrecer el servicio de cuidado de vehículos y solicitar la presencia de la Policía Nacional Civil. La respuesta de las autoridades no ha resultado como lo esperaba.
La misma situación comparten los otros 20 templos ubicados en el área.
Los párrocos esperan que con los proyectos para revitalizar el Centro Histórico mejore el panorama y los templos recobren el brillo de antaño.
Problemas
“Los problemas más graves son la prostitución y la venta de drogas, que atraen delincuentes”. - Padre Bruno Frison, encargado de la iglesia del Cerrito del Carmen.
Análisis: “Grandes mausoleos sin fieles”
De acuerdo con Haroldo Rodas, historiador y director del museo Fray Francisco Vásquez, la migración de los vecinos originales del Centro Histórico y sus familias a otras zonas de la capital disminuyó la afluencia de devotos a los templos del área.
“Dejaron las antiguas residencias y con ello se provocó un divorcio de las costumbres. Los templos se convirtieron en grandes mausoleos sin fieles”, explica.
Rodas considera que con la salida de las familias de mayor abolengo de la zona 1 se perdió también el sentido de la conservación integral del patrimonio.
“No es sólo el tesoro arquitectónico, sino que tiene un valor histórico, artístico y devocional. De lo contrario en el orden de la conservación se defendería únicamente el arte por el arte”, refiere.
Según Rodas, el patrimonio se conserva no sólo por la belleza, sino porque tiene algo inherente a la humanidad. “Consolida su identidad, sus valores y establece un diálogo intercultural”, agrega.
El historiador lamenta que como ahora el centro es un área de paso, estos monumentos se quedan cada vez más aislados.
|