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Guatemala, domingo 28 de enero de 2007

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Nacionales

Malditos celos
Son una patología que padecen muchos hombres y mujeres, pero que, sobre todo en el caso masculino, pueden llegar a generar episodios violentos
Por: Lorena Seijo

“En la mayoría de los casos de violencia intrafamiliar e incluso de asesinato que llegan a los tribunales, hay un componente claro de celos”, asegura Zenaida Patricia Escobedo, directora del Departamento de Psicología del Organismo Judicial.

Los celos suelen ser motivados por la inseguridad, tanto masculina como femenina, pero la violencia como reacción a este sentimiento se produce casi exclusivamente en el caso masculino.

“Los hombres que presentan rasgos de celotipia patológica no sólo muestran algún nivel de inseguridad, sino que tienen muchas frustraciones a nivel psicosexual y están lastimados en su autoestima”, comenta Escobedo.

La obsesión por la pérdida del control o el engaño llega a tal extremo que desencadena actos violentos contra su pareja, ex pareja o persona con la que en algún momento fantasearon.

“Se ha visto mucho en el caso de los feminicidios que hay un acoso sexual previo, y al no darse la relación se llega a la muerte violenta”, añade Escobedo. Las mujeres que padecen de celos suelen reaccionar refugiándose en su familia y sus hijos.

“En la mayoría de los casos, los hombres muy celosos son también muy promiscuos y tienen celos con todas las mujeres con las que mantienen relaciones. En los casos extremos de promiscuidad y celotipia puede estar una homosexualidad reprimida”, explica la psicóloga.

Los más agresivos están entre los 40 y los 50 años, momento en que el hombre empieza a sentir que su potencial físico y profesional decae.

Según Escobedo, el problema no es sólo de la pareja, ya que afecta notablemente a los hijos, que, en el caso de ser hombres, reproducen los comportamientos agresivos de sus padres y, en el caso de las mujeres, la sumisión reflejada por sus madres.

“El problema no se ha dimensionado, ya que muchas familias guatemaltecas han sido enlutadas por esta patología, pero socialmente creemos que es más peligroso el delincuente que actúa fuera de la casa que el que actúa dentro”, sentencia la experta.

Otro de los mitos que se debería romper es el de que “quien te cela, te quiere”. De acuerdo con Escobedo, los celos no son más que una relación de poder en el seno de una pareja, que nada tiene que ver con el amor.

Otra variante que cada vez es más común es el celo profesional. “Los hombres han sido educados en unos roles muy marcados, por lo que también sienten celos del desarrollo académico y profesional de sus mujeres, porque ven afectada su capacidad de control y disminuido su rol socialmente más importante, el de la manutención”.

Los casos más extremos han llegado a mantener presas a las mujeres en sus propias casas.

Escobedo aseguró que hay posibilidades de tratamiento, pero aconseja a las mujeres que empiezan a notar los primeros síntomas de violencia, que pidan ayuda o denuncien a sus parejas, sin esperar al desenlace fatal.

*NOMBRES FICTICIOS

Inseguridad

El verdadero yo.

Eva* estaba segura de que su marido era un hombre tolerante, sin problemas de celos. Todo marchaba bien en el matrimonio hasta que decidió empezar a trabajar, luego de haber permanecido cuidando a su hijo de 4 años.

Pero no fue fácil: “No le parecía bien que llegara más tarde que él a casa, que tuviera mis propias amistades”. Eva no entendía qué estaba pasando, pues su marido se jactaba en público de ser un hombre de izquierda, comprometido en la defensa de la igualdad; sin embargo, de puertas para adentro la cosa cambiaba.

“Como no accedí a quedarme en casa atendiéndolo, la relación empeoró. Me insultaba, me gritaba; hasta que un día llegué a casa, me agarró del cuello y me golpeó contra la pared”.

La decepción fue tan grande que el matrimonio se rompió en cuatro meses. “Que yo me desarrollara profesionalmente le generó tanta inseguridad que su verdadero yo salió a la luz”.

Control

La fantasía del engaño.

Teresa* recibe llamadas de su marido cada 15 minutos; el objetivo es comprobar que no ha salido de casa. Después de siete años de matrimonio, su vida en pareja se ha vuelto un infierno.

“Él está convencido de que lo engaño, por eso le pide a mi hijo de 6 años que me vigile; no me deja salir de casa y me insulta a cada rato”, cuenta. Tanto es así que, un día que llegó a casa ebrio, le rompió la nariz de un golpe.

La razón fue que Teresa había recibido una llamada equivocada y su marido pensó que era su supuesto amante. “Mis hijos están traumatizados, y cada vez que ven a su padre tiemblan del miedo”.

Teresa ya ha puesto la denuncia en el Ministerio Público y está a la espera de que inicien la demanda de divorcio. Mientras tanto, su esposo amenaza con quitarse la vida o matarla a ella. El día que le rompió la nariz, aunque Teresa se estaba ahogando en su propia sangre, no la dejaba salir de la casa para ir a un médico.

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