|
El día que el teléfono llegó a Chamá
Las comunidades situadas en el valle de Chamá, Alta Verapaz, no cuentan con servicios básicos, como electricidad
Por:
Eduardo Sam Chun
 |
| “Aló, ¿me escuchan? ¡Funciona!”. El día que los primeros tres teléfonos llegaron a Chamá será recordado, en especial, por los niños. Foto Prensa Libre: Eduardo Sam. |
En los límites de los departamentos de Alta Verapaz y Quiché, a orillas del río Chixoy, se encuentra la región VI de Cobán, más conocida como el valle de Chamá. Es una comunidad qeqchí con el índice de desarrollo más bajo del municipio y dos mil 300 familias en extrema pobreza.
No existen vías de comunicación a cualquiera de las 23 comunidades o aldeas, carecen del servicio de energía eléctrica, pese a que está cerca la hidroeléctrica Chixoy, y tampoco hay un médico. Sólo existe un centro de convergencia, donde trabaja un promotor de salud, y cada dos meses llega un enfermero a vender medicamentos básicos para los pobladores.
Nunca han visto un carro, porque es imposible que llegue uno hasta esas comunidades. La única manera de entrar y salir es por aire, o caminando de ocho a 12 horas hasta la carretera más cercana, la que conduce de Chisec a Cobán.
Pese a esa desoladora realidad, la vida en el valle de Chamá ya no es la misma. Diciembre fue un mes memorable, pues, gracias a la fundación estadounidense Reinhare, ya cuentan con el primer molino de nixtamal y los primeros tres teléfonos satelitales, para uso comunitario, los cuales funcionarán en la aldea Chamá Grande, con la energía de paneles solares.
Clemencio Ical fue el único poblador que aceptó el desafío de hacerse cargo de administrar los teléfonos.
“La comunidad tiene unos 200 años de existir, y nunca habíamos tenido un teléfono... Pensamos que era mentira que íbamos a poder hablar con otras personas que están lejos. Se cobra Q3 por cada minuto, Q2 por intento y Q8 por llamada internacional, pero incluye que vayan a llamar a la persona a su casa cuando le devuelven la llamada”, cuenta Ical.
Después de 126 años, desde que se iniciaron los servicios de telecomunicaciones en Guatemala (1881), no es sino hasta ahora que en Chamá la gente podrá pedir ayuda en caso de una urgencia. Históricamente, han visto cómo los pobladores mueren en el campo, que sirve como pista de aterrizaje, a la espera de que una avioneta que pase por allí pueda dar aviso de que se requiere ayuda.
“Aquí, los enfermos no se salvan; han muerto varias personas esperando una avioneta, y allí mueren. Ahora podemos llamar para pedir ayuda”, expresó Mario Yat, un poblador del lugar.
El 7 de diciembre último se hizo la primera llamada desde Chamá, y fue del docente Mario Coc. “Cuando se enteró de que ya teníamos teléfono, vino a llamar a su esposa, que se encuentra en Cobán, y le contó que estaba inscribiendo a los alumnos. Le dio los números de teléfono a donde podía llamarlo”, refirió Ical.
Pocas opciones
La Asociación de Autosuficiencia y Desarrollo (Asade) busca opciones de desarrollo para las comunidades del valle de Chamá. “Estamos fomentando los huertos familiares, en donde sembramos zanahoria, lechuga, pepino y cilantro, aunque tenemos disponibles semillas de 21 especies, para las diferentes épocas de cosecha”, contó Enrique Tzib Xol.
En nombre de las mujeres, Concepción Jolomna solicitó a la Asade alternativas de trabajo. “Queremos aprender a hacer jabón, porque nosotros lo necesitamos para nuestra ropa y para nuestros cuerpos”, dijo.
Pero llevar la ayuda no es tan fácil, pues a todo el producto que se traslade a las comunidades se le debe incrementar el costo de la avioneta, que actualmente cobra Q800 por un vuelo expreso.
La cosecha de cardamomo se tiene de septiembre a enero. Tres empresarios de Cobán compran el producto en el lugar, y pagan Q100 por quintal, por lo que el precio que recibe cada productor es menor al del mercado. El resto del año, los pobladores pasan graves aprietos económicos.
EN CIFRAS
98% de los pobladores del Valle del Chamá pertenece a la etnia qeqchí.
47% es el índice de analfabetismo en ese lugar.
5.7 es la tasa de crecimiento en comunidades que no cuentan con servicios de salud.
2,300 familias viven en las distintas comunidades del valle de Chamá.
|