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Guatemala, martes 06 de febrero de 2007

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Opinión

DE MIS NOTAS
Reelección de diputados

El sentido común demanda mucho más...
Por: Alfred Kaltschmitt

Es motivo de algún debate público si la reelección de diputados, en términos de costo-beneficio, es positiva para la sociedad o no. Las encuestas efectuadas recientemente indican un rotundo rechazo por parte de la mayoría de los ciudadanos.

Esto es entendible, dado el descrédito y los trapos sucios que algunos congresistas han traído a bordo de su investidura, y en no pocos casos, su insistencia en seguir utilizándolos dentro de sus funciones parlamentarias.

La causa mayor del descrédito ante los ojos de la ciudadanía proviene, más bien, de la demostrada incapacidad de estos diputados de cumplir con su función de intermediar entre sus partidos políticos, los votantes que los eligieron y el propio Congreso.

La reelección, en esos términos, no sólo no se justifica a los ojos de la ciudadanía, sino se convierte en una representación espuria e ilegítima. Agréguesele a esto el alto costo financiero sufragado con impuestos de los contribuyentes, y el motivo del rechazo se torna aún más claro.

Otro señalamiento con un peso muy grande en el rechazo de la ciudadanía es la inmunidad de la que gozan los diputados y el sistema tan arcaico e infuncional para llevarlos a la justicia cuando se les acusa de cometer delitos. El trámite largo, engorroso e injusto es una violación de todos los preceptos inherentes al estado de Derecho.

Y es que la sociedad percibe esta situación como una distorsión insana causada por los mismos congresistas que se resisten a legislar para remediar una gravísima anomalía, dado que al tenor del artículo 171, es éste a quien le corresponde a decretar, reformar y derogar las leyes.

¿Cuáles serían los atributos y requisitos mínimos para desempeñar con propiedad y honor tan alto cargo? La Constitución no lo especifica.

El articulo 162 sólo señala como requisitos “ser guatemalteco de origen y estar en el ejercicio de sus derechos ciudadanos”. El sentido común demanda mucho más...

En cada elección se repite insistentemente que los diputados deben poseer un mínimo de preparación académica y una comprobada hoja de probidad moral. Este último atributo es muy importante. Una reputación no se construye en un día. Es un proceso, y crece o disminuye con el tiempo.

En los pueblos se conoce quiénes son los hombres honrados y capaces.

Por esa razón -y mientras se reforme el artículo 162 en el próximo referendo, para exigir estos atributos mínimos a los candidatos a diputados- somos nosotros, los ciudadanos, los que tenemos que velar por su cumplimiento a través de nuestro voto. Es el voto el que permite elegir a los idóneos e impedir el ingreso de los ineptos.

Recordemos que el Congreso de la República es tan bueno como sus ocupantes. Por esa razón, yo me inclino por la reelección de los diputados. En el Congreso hay congresistas con un largo y exitoso historial parlamentario. Ese valioso capital político legislativo, aunque escaso, se perdería sin el derecho de reelección. Las bancadas necesitan gente con experiencia y preparación legislativa. Un Congreso no se puede manejar con neófitos. Demanda gente con preparación académica y política.

La mayoría de los congresos y parlamentos del mundo permiten hacer carreras parlamentarias. El Congreso de los Estados Unidos es un buen ejemplo. Hay senadores y congresistas con varias décadas de experiencia. Sus contactos políticos, conocimientos, oratoria, acumulados conocimientos y sabiduría les ha valido la confianza de los votantes una y otra vez.

En Guatemala, el modelo presidencialista está agotado. El “Señor Presidente” es un personaje de novelas. El agotamiento del modelo presidencialista es un hecho. Es a través del consenso de todos los partidos políticos que podemos sacar adelante nuestro país y resolver nuestro atraso tercermundista. Y eso sólo se logra legislando o (des)legislando, según sea el caso.

Los nuevos diputados deben salir de entre los muchos ciudadanos preparados y de comprobada honorabilidad que existen en el país. Es hora de pedirles que se metan al ruedo.

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