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EDITORIAL Caótico el primer día del Transmetro
Como había sido anunciado por numerosos críticos de la actual administración edilicia, un caos total se produjo ayer en buena parte de la capital, especialmente en su área sur, a consecuencia de que el primer día de funcionamiento del sistema de transporte Transmetro demostró una serie de problemas prácticos, sólo unos pocos de ellos tal vez remediables.
Debido a esto, los funcionarios municipales necesitan escuchar y dejar de escudarse en la ya gastada posición de rechazar a quienes desde hace tiempo han puesto en tela de juicio la mencionada obra.
Los principales problemas fueron el descomunal atoramiento de tránsito que abarcó desde El Trébol hasta la entrada a Amatitlán, o sea, más de 20 kilómetros. Algunos vecinos se demoraron tres horas para llegar a la Central de Transferencia.
De nada les sirvió levantarse antes de las 5 horas. Sólo pudieron pasar quienes lo hicieron a las 4 o antes, y a esa hora se dirigieron a sus trabajos o llevaron a sus hijos a los colegios o a las paradas de autobuses escolares.
Desde el sábado y domingo fue notoria la incapacidad de las máquinas y los pasos de ingreso para lograr en tiempo corto la llegada a los autobuses. No había forma de pagar con monedas metálicas, lo que significa un grave problema económico para la mayoría de usuarios. A ello se agregó la falta de conocimiento de los pasajeros. Todo esto contribuyó a una situación que en realidad es caótica.
Como ha ocurrido demasiadas veces, la obra fue inaugurada sin que estuviera totalmente terminada. Falta colocarles número a las unidades, construir barandas de protección para evitar que pasajeros caigan al paso de los buses, así como iluminar las pasarelas, que a la vez no cuentan con facilidades para uso de personas con discapacidades. Adentro de los buses, los tubos para que los pasajeros se sostengan están muy altos, porque no se tomó en cuenta la estatura promedio de los pasajeros.
A favor del sistema debe resaltarse que se trata de unidades en excelente estado, y que por tener un carril a su disposición realizarán su recorrido en un tiempo que será considerablemente menor.
Y también es cierto que algo debe hacerse para solucionar el problema del transporte dentro de la capital, porque, de no hacerlo, la ciudad colapsaría en muy poco tiempo y, de hecho, ya colapsa a determinadas horas.
Sin embargo, los problemas principales causados por el Transmetro no parecen tener solución. Uno es el haberle eliminado un carril a la calzada Aguilar Batres, lo que significa un tercio de su capacidad de absorción de vehículos particulares en la principal entrada de la ciudad y al mismo tiempo la ruta más transitada de toda Centroamérica.
Eso origina serios embotellamientos en los puntos principales del trayecto. Pero el más importante es económico: las familias deberán duplicar y a veces triplicar el costo de ir a trabajar o a estudiar. Eso es demasiado, y ahora las autoridades del gobierno central y de la municipalidad están obligadas a buscarle solución.
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DE MIS NOTAS Reelección de diputados
El sentido común demanda mucho más...
Por:
Alfred Kaltschmitt
Es motivo de algún debate público si la reelección de diputados, en términos de costo-beneficio, es positiva para la sociedad o no. Las encuestas efectuadas recientemente indican un rotundo rechazo por parte de la mayoría de los ciudadanos.
Esto es entendible, dado el descrédito y los trapos sucios que algunos congresistas han traído a bordo de su investidura, y en no pocos casos, su insistencia en seguir utilizándolos dentro de sus funciones parlamentarias.
La causa mayor del descrédito ante los ojos de la ciudadanía proviene, más bien, de la demostrada incapacidad de estos diputados de cumplir con su función de intermediar entre sus partidos políticos, los votantes que los eligieron y el propio Congreso.
La reelección, en esos términos, no sólo no se justifica a los ojos de la ciudadanía, sino se convierte en una representación espuria e ilegítima. Agréguesele a esto el alto costo financiero sufragado con impuestos de los contribuyentes, y el motivo del rechazo se torna aún más claro.
Otro señalamiento con un peso muy grande en el rechazo de la ciudadanía es la inmunidad de la que gozan los diputados y el sistema tan arcaico e infuncional para llevarlos a la justicia cuando se les acusa de cometer delitos. El trámite largo, engorroso e injusto es una violación de todos los preceptos inherentes al estado de Derecho.
Y es que la sociedad percibe esta situación como una distorsión insana causada por los mismos congresistas que se resisten a legislar para remediar una gravísima anomalía, dado que al tenor del artículo 171, es éste a quien le corresponde a decretar, reformar y derogar las leyes.
¿Cuáles serían los atributos y requisitos mínimos para desempeñar con propiedad y honor tan alto cargo? La Constitución no lo especifica.
El articulo 162 sólo señala como requisitos “ser guatemalteco de origen y estar en el ejercicio de sus derechos ciudadanos”. El sentido común demanda mucho más...
En cada elección se repite insistentemente que los diputados deben poseer un mínimo de preparación académica y una comprobada hoja de probidad moral. Este último atributo es muy importante. Una reputación no se construye en un día. Es un proceso, y crece o disminuye con el tiempo.
En los pueblos se conoce quiénes son los hombres honrados y capaces.
Por esa razón -y mientras se reforme el artículo 162 en el próximo referendo, para exigir estos atributos mínimos a los candidatos a diputados- somos nosotros, los ciudadanos, los que tenemos que velar por su cumplimiento a través de nuestro voto. Es el voto el que permite elegir a los idóneos e impedir el ingreso de los ineptos.
Recordemos que el Congreso de la República es tan bueno como sus ocupantes. Por esa razón, yo me inclino por la reelección de los diputados. En el Congreso hay congresistas con un largo y exitoso historial parlamentario. Ese valioso capital político legislativo, aunque escaso, se perdería sin el derecho de reelección. Las bancadas necesitan gente con experiencia y preparación legislativa. Un Congreso no se puede manejar con neófitos. Demanda gente con preparación académica y política.
La mayoría de los congresos y parlamentos del mundo permiten hacer carreras parlamentarias. El Congreso de los Estados Unidos es un buen ejemplo. Hay senadores y congresistas con varias décadas de experiencia. Sus contactos políticos, conocimientos, oratoria, acumulados conocimientos y sabiduría les ha valido la confianza de los votantes una y otra vez.
En Guatemala, el modelo presidencialista está agotado. El “Señor Presidente” es un personaje de novelas. El agotamiento del modelo presidencialista es un hecho. Es a través del consenso de todos los partidos políticos que podemos sacar adelante nuestro país y resolver nuestro atraso tercermundista. Y eso sólo se logra legislando o (des)legislando, según sea el caso.
Los nuevos diputados deben salir de entre los muchos ciudadanos preparados y de comprobada honorabilidad que existen en el país. Es hora de pedirles que se metan al ruedo.
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RERUM NOVARUM Vencer el mal a fuerza de bien
Nuestra conducta social y personal está demasiadas veces alejada de los principios éticos.
Por:
Gonzalo de Villa
La cuarta semana de enero tuvimos los obispos de Guatemala nuestra estatutaria Asamblea Plenaria Anual. Al final de ella, dimos a conocer un comunicado en el que analizábamos en primer lugar el panorama nacional, y sobre él hacíamos una exhortación que concluíamos con unas reflexiones finales desde la enseñanza de la Iglesia.
En la primera parte hacíamos referencia a distintos problemas nacionales que sin duda son motivo de preocupación para muchos en el país: temas de conflictividad agraria, de problemas en torno a la minería, de deportaciones de guatemaltecos en Estados Unidos, de déficits crónicos en la inversión en educación y salud, pero terminábamos concentrando nuestro análisis en torno de tres temas de los cuales el segundo y el tercero son coyunturalmente importantes, mientras que el primero es, estructuralmente, el más grave y acuciante que enfrentamos como sociedad.
Los procesos sociales sobre los que mostrábamos más preocupación en esta ocasión eran el de la crisis bancaria y del sistema financiero y el del adelantamiento de la campaña política. En el primer caso, más allá del daño grande para miles de ahorristas que han perdido sus haberes, nos preocupaban las graves faltas de ética cometidas en torno a los procesos de bancarrota, tanto por comisión como por omisión, así como la gravedad de los hasta ahora anónimos propaladores de rumores.
Si se pierde la confianza en el sistema bancario, el daño será mayor y repercutirá al final no sólo en ahorristas defraudados sino en daños gravísimos para el conjunto de la economía del país.
Nos preocupaba igualmente el caso omiso hecho por los partidos políticos a las disposiciones del Tribunal Supremo Electoral en materia de plazos, porque en ello veíamos poca voluntad de los políticos para cumplir las leyes que regulan el ordenamiento de la sociedad.
Pero siendo graves y serios todos los temas hasta aquí mencionados, el más grave, con mucho, es la violencia que destruye la vida y que invade y penetra en todos los sectores de la sociedad, no respetando ya ni siquiera a mujeres y niños.
Esa violencia tiene raíces históricas antiguas; se acrecienta con el crimen organizado y el narcotráfico, pero se vuelve imparable ante la incapacidad e ineficiencia de las instituciones públicas cuya misión primaria es identificar, consignar, juzgar y condenar a los responsables de los crímenes.
“La sangre de tu hermano me está gritando desde la tierra” (Gn. 4,10).
Ante tanto mal presente en nuestra sociedad, ante tanta violencia que azota y destruye personas y familias, ante tanta impunidad, el primer llamado que hacemos los obispos es a no dejarnos vencer por el mal, a no ser derrotistas, a no perder la esperanza, a no creer que todo está perdido.
El llamado lo basamos desde nuestra fe en la afirmación sobre por quien y a imagen de quien hemos sido creados -Dios- y por quien hemos sido redimidos -Cristo-.
Nuestra conducta social y personal está demasiadas veces alejada de los principios éticos, y por ello estamos llamados a cumplir un código de conducta moral fundado en el respeto a la dignidad y libertad de toda persona y en la búsqueda del bien común.
A la falta de coherencia ética en clave cristiana la denominamos pecado. Alegar ignorancia ante tanto crimen que diariamente desangra el país no deja de ser una actitud como la retratada en el Génesis, en la pregunta que Dios le hace a Caín por la suerte de Abel.
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HOMO ECONOMICUS Aves de mal agüero
Necesitamos un psicólogo nacional.
Por:
José Raúl González Merlo
A Guatemala le pasa lo del niño que se cae de la silla y llora más por el susto que por el dolor del golpe. Hoy, luego de la liquidación de dos bancos, vivimos una situación de incertidumbre que no es comparable con la realidad del daño causado por esas quiebras.
Por ejemplo: dicen que la desconfianza del público está haciendo subir el tipo de cambio como consecuencia de que la gente está sacando su dinero de Guatemala. ¡Qué bueno! La salida de dólares contribuirá a reducir el absurdamente alto nivel de reservas monetarias internacionales (¡más de US$4 mil millones!). ¿De qué nos sirve tener tantos dólares? ¡De nada!
Al contrario, cada dólar son más de Q7 que el Banco de Guatemala imprimió y luego emitió un bono para sacarlos de circulación tratando de prevenir la inflación. El pago de los intereses de dicho bono origina “pérdidas de operación” en el Banguat, que puede significar inflación futura. Comprar dólares contribuye a acabar con ese círculo vicioso.
¿Y si el quetzal se devalúa frente al dólar? Pues eso permitirá que las exportaciones guatemaltecas, finalmente, ganen un poco de competitividad. Ya es hora de que nuestra base exportadora tenga un alivio frente a los constantes incrementos de costos. En la medida en que nuestra capacidad exportadora sea fuerte, nuestra nación será fuerte, creando más y mejores empleos. Es mejor exportar nuestros productos que exportar nuestros ciudadanos.
Sin pretender minimizar el daño personal que los inversionistas defraudados han sufrido, el país ha sido capaz de absorber los siniestros de forma aceptable. Esta afirmación está respaldada por la opinión de las agencias calificadoras de riesgo y de los analistas financieros internacionales.
Es cierto, “nos caímos de la silla”, pero fue más el susto. Lamentablemente, titulares amarillistas en los medios de comunicación no ayudan, como tampoco ayudan los políticos oportunistas que ven en el río revuelto, ganancia de pescadores.
¿Y los bancos? La quiebra de dos bancos no es una “crisis”, sino la continuación de un proceso de consolidación de bancos que dejarán un sistema financiero “podado” y más fortalecido. La evidencia es clara: la Guatemala de 2007 no es el Chile de 1981, ni el México de 1994, ni la Argentina de 2000, ni la República Dominicana de 2003. Esos países sí tenían todas las condiciones fiscales y macroeconómicas para padecer las devastadoras crisis que sufrieron.
Nosotros no.
¿Ya le pasó el susto? Que le pase rápido. No le pido que adopte la técnica del avestruz, sino que deje la actitud de ave de mal agüero. Sea parte de la solución, no parte del problema.
Contribuya a que la razón prevalezca sobre la emoción.
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PUNTO DE ENCUENTRO La izquierda en América Latina (II)
No hay que caer en la trampa de las etiquetas.
Por:
Marielos Monzón
Hace un par de semanas me refería en este mismo espacio a cómo durante la última década se han venido consolidando los gobiernos de izquierda en el continente americano. A manera de síntesis, compartía que la izquierda participa en 11 gobiernos y es segunda fuerza política en otros cuatro países; a ello se suman las 14 elecciones realizadas entre 2004 y 2006, donde consiguió 100 millones de votos; tiene más de 700 parlamentarios y gobierna 65 grandes ciudades, entre ellas, varias capitales.
También decía que, para tratar de ocultar esta realidad, algunos analistas y representantes de la derecha han esgrimido argumentos que van desde la descalificación a todos los dirigentes políticos, catalogándolos como “populistas”, hasta la reciente homologación de los gobiernos de izquierda en la categoría de “socialdemócratas”.
Este último argumento lo escuché del propio vicepresidente de la República, doctor Eduardo Stein, en una reciente entrevista televisiva. Y me sorprendió que fuera él quien utilizara esta categoría para referirse a los gobiernos de izquierda de América Latina.
Por supuesto que las izquierdas latinoamericanas son distintas; tienen historias y presentes diferentes. Pero poseen algunos elementos que las unen: la independencia política ante EE.UU. y las potencias mundiales, la búsqueda de la unidad continental, la instrumentación de políticas sociales que rompen el circuito de acumulación de la riqueza y reparten la renta y el combate a la pobreza.
Pero quizás el elemento principal que los análisis de la derecha y el status quo pretenden ocultar es que, con estos gobiernos, se está procesando democráticamente un cambio de sujetos sociales en el poder político. Más allá de las contradicciones y dificultades, hoy asumen la conducción de sus países los indígenas, campesinos, trabajadores organizados, los pobres y marginados. Se ha procesado un cambio de mando en la sociedad, y eso es lo fundamental.
Por eso no hay que caer en la trampa de las etiquetas. Vale la pena intentar entender nuestra realidad con categorías y pensamiento propios, y no con análisis inspirados en el miedo. Como dice el lingüista y analista estadounidense Noam Chomsky: “En Suramérica, EE.UU. todavía traza una distinción entre los buenos y los villanos. Lula es uno de los buenos. Chávez y Morales son los villanos, y esto notoriamente no es así”.
Ni populistas ni socialdemócratas son la izquierda y el progresismo latinoamericanos; son heterogéneos y diferentes como nuestros pueblos y nuestra geografía, pero se basan en elementos comunes que fundamentalmente privilegian a la persona humana por encima del mercado; procuran el bien común sobre el bienestar individual, y nos consideran ciudadanos y no consumidores.
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HORIZONTES Todo un parto
Cambios y obras como este merecen la atención pública porque no son un proyecto privado de ninguna majestad, sino un cambio a fondo.
Por:
Francisco Beltranena.
Llegó finalmente el día del Transmetro. El fin de semana se trató de la prueba suave y ayer, lunes, la primera de fuego real. En ambos casos, los reportes no fueron absolutamente halagadores y, en muchos casos, hasta desesperanzadores.
Nadie duda de la necesidad de contar con un sistema de transporte público masivo eficiente. Yo sería el primero en utilizarlo si satisficiera mis necesidades, pero no es así. La Ciudad de Guatemala lo necesitaba desde hace ya bastante tiempo, y no ha sido sino hasta bien entrada la primera década del siglo XXI cuando se ha hecho el esfuerzo, con el primer ramal del Transmetro.
Es muy interesante comprender que la problemática que hoy por hoy ha enfrentado la Municipalidad de Guatemala no es exclusiva de este municipio sino del Área Metropolitana, que incluye otros municipios del departamento de Guatemala. El plan del que forma parte el Transmetro está contenido en el Plan de Movilidad Urbana para el año 2020, es decir, en apenas 13 años.
Al revisar la información pública, en www.transmetro.miniguate.com, uno puede encontrar la problemática por la que se ofrece como solución el Transmetro: “En la región metropolitana existe una fuerte centralización de problemas de movilidad, que contrasta enormemente con las condiciones en el interior del país: de todos los vehículos registrados, el 62 por ciento está registrado en el departamento de Guatemala, y durante los últimos años el parque automotor ha sufrido aumentos anuales de 5.6 por ciento en promedio.
Por su parte, se estima que la red vial en la Ciudad de Guatemala ha aumentado únicamente al ritmo del 1.2 por ciento anual”.
Si uno hace memoria sobre los últimos 21 años en los que no ha habido un crecimiento correlativo al del parque vehicular (como lo señala la página oficial de la Muni), es preciso señalar que, de ellos, Óscar Berger ocupó ocho; Álvaro Arzú lleva 7; Fritz García-Gallont, 4; Álvaro Heredia y Eduardo Castillo, 1 cada uno.
Hoy, cuando el Transmetro estará enfrentando su segundo día de operaciones en pico de demanda, debemos recordar que la obra, para que esté completada, requiere de ocho rutas troncales que al final de cuentas tendrán 95 kilómetros. Hoy, con los beneficios o dificultades que enfrente, es tan sólo uno de las ocho rutas de las que constará hacia finales de 2015.
La idea del Transmetro no es original ni de Fritz García-Gallont ni de Álvaro Arzú. El Sistema de Buses Rápidos (SBR), como se le conoce, comenzó en Curitiba, Brasil, en 1970 y ha sido implementado con relativo éxito en otras ciudades como Bogotá, Barranquilla y México.
Por cierto, fue el año pasado que vino a Guatemala el ex alcalde de Bogotá Enrique Peñalonso, quien implementó allá el TransMilenio, sistema que no ha estado ajeno a las críticas, a pesar de ser un mejor sistema de transporte que el convencional.
Seguro que las imágenes mostrarán (como ya lo hicieron el domingo) las estaciones y los autobuses articulados llenos a rebosar, no sólo en las horas pico. Esto se dará indudablemente como resultado de la prohibición de circulación de otros autobuses en la ruta y que, quizás, el tamaño de los buses sea inadecuado para la demanda.
Por otro lado, cabe preguntarse si la Aguilar Batres y la Bolívar van a ser capaces de soportar el peso de los autobuses sin dañar la estructura de las calles sobre las que se ha montado el Transmetro. En Bogotá se construyeron carriles especiales, y ya falló. Por eso pregunto.
Finalmente, y no por ello menos importante, merecen atención las palabras del alcalde Arzú del viernes recién pasado: “Los críticos, con todas esas toneladas de tinta, son un cero a la izquierda”.
Escribir sobre el tema irrita al alcalde; no obstante, el problema es de todos, especialmente de los que le dimos un mandato transitorio. Cambios y obras como éste merecen la atención pública, porque no son un proyecto privado de ninguna majestad, sino un cambio a fondo que más parece un parto. ¡Hasta la próxima!
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SIEMBRA Corrupción
T. E. Huxley: “La sociedad difiere de la naturaleza en que persigue una finalidad moral definida”.
Por:
Carlos Zúñiga Fumagalli.
La corrupción es un mal endémico en todo el mundo. Un problema social que va en aumento por la pérdida de los más elementales principios morales. Reglas básicas que nos permiten convivir en sociedad, basadas en el respeto por nosotros mismos y los demás.
Los animales tienen sus normas por naturaleza, para sobrevivir entre sí. Nosotros actuamos por el uso de la razón, controlamos nuestros actos.
La moral se refiere a nuestras acciones y si éstas se basan en la bondad o malicia. No pertenece al actuar natural, sino estriba en el entendimiento o en la conciencia de la persona. Lo moral tampoco concierne a las leyes, sino al dominio interno y al respeto humano. Cualquier acto consciente que dañe al prójimo es amoral.
La corrupción implica el actuar ilegalmente en el uso de recursos del Estado y el manejo de influencias con fines de beneficio personal, no sólo dar mordidas. Me cuestiono constantemente quién es más detestable: si el corrupto o el que corrompe. El que pretende pagar por romper la ley, viola el derecho de los demás para su beneficio, actuando con total impunidad.
En Guatemala ha habido épocas recientes en donde la corrupción del Estado ha florecido en forma vergonzosa: los gobiernos dirigidos por Cerezo, Serrano y el desdichado de Portillo y todos sus achichincles.
También es justo reconocer que en el gobierno de Berger la tendencia se detuvo, y considero que la misma se ha revertido considerablemente. La percepción del gobierno corrupto se mantiene en la población por el descrédito que Portillo dio a las instituciones del Estado; sin embargo, el actual gobierno ha implementado medidas concretas para transparentar el gasto público.
Las encuestas internacionales denotan nuestra percepción de un Estado corrupto; de hecho, Guatemala aparece como uno de los peores de Latinoamérica. Aparte de sobredimensionado, esto daña nuestra imagen como nación, y veda de oportunidades de asistencia a los habitantes más pobres.
Quizá debemos reflexionar sobre la necesidad de auditar profundamente a las ONG, PNUD, y otros organismos locales y extranjeros que, fuera del Estado, pero con nuestro pisto y futuro, se sirven con la cuchara grande sin ningún control.
Seguramente nos sorprenderá en dónde está realmente la mano más peluda. ¡No sólo se lucran con nuestra pobreza, sino se limpian la porquería con nuestras instituciones! Claro está, al final, igual culpa tiene el hechor que el consentidor.
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OPINIÓN DE LOS LECTORES Elecciones: Los mismos diputados
Por:
Cartas
¿Cuándo se va a proponer una normativa para cambiar la modalidad de votar por un partido y no por una persona? No debe obligarse al pueblo a que vote por agrupaciones completas, pues con el sistema actual se consigue que individuos poco honorables lleguen a dirigir el Congreso de la República.
Es una vergüenza que tengamos legisladores que se eternizan en sus curules, lo cual los convierte en parásitos en tanto sigan viviendo a costillas del pueblo.
Al votar por una persona, ésta siente mayor responsabilidad y compromiso con quienes la eligieron. Con eso también se eliminaría el famoso “listado nacional”, que no debería existir.
Estamos como estamos por esas joyas que tenemos en el Organismo Legislativo; todos los días parece un circo de payasos donde, con muy pocas excepciones, nadie se acuerda de quiénes le dieron la oportunidad de servir. Alguien debe crear ese tipo de propuestas, pues es básico, lógico y necesario. Los países desarrollados manejan las elecciones parlamentarias de esa manera.
Alexis De León, Ua.deleon@centramerica.com
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Filantropía: “Ángel del basurero”
Tenía que ser una visitante extranjera quien viniera a tratar de beneficiar a los pobres recolectores de basura. Así fue en el pasado, cuando el presidente Juan José Arévalo trajo a su esposa para que fuera ella quien instituyera los comedores infantiles, entre otras obras.
Ojalá se desarrollara una campaña para seguir adelante con el trabajo iniciado por Hanley Denning, quien vino a dejar su joven vida para favorecer a los desvalidos -al contrario de algunas señoronas a quienes les importa la “obra social” sólo si se les menciona en algún medio de información y no para bien de los pobres-. Las Secretaría de Obras Sociales de la Esposa del Presidente podría continuar esta gran labor.
Carlos Dardón, carlosedardon@hotmail.com
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Dimisión: Juzgue usted
La quiebra de los bancos es responsabilidad de la Junta Monetaria, pero ¿quiénes son los que la integran? ¿No está representado el Congreso de la República con el doctor Eduardo Meyer, diputado de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE)?
¿Por qué no había presentado su renuncia sino hasta ahora? ¿Cuántos años representó al Congreso de la República en la Junta Monetaria? Juzgue usted.
Miguel de León, nikmek@hotmail.com
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Credibilidad: Lealtad desconocida
La confianza de algunos votantes ha sido burlada y pisoteada. La renuncia del señor Eduardo Meyer Maldonado, diputado de la UNE y representante del Congreso en la Junta Monetaria, no es más que otra muestra de la actitud que estos funcionarios mantienen, pues siempre han eludido la responsabilidad de las tareas para las que fueron elegidos.
El señor Meyer encarna la triste realidad con que contamos. Él tenía la responsabilidad moral y material, además de la obligación, de defender a los cuentahabientes en los recientes problemas bancarios.
¿Por qué ahora abandona el cargo? ¿Cuántas veces asistió a la sesiones de la Junta Monetaria? ¿De qué le sirven sus títulos universitarios? Que no se haga el héroe barato. Su lugar es junto a los politiqueros negligentes, a fin de pagar su irresponsabilidad por un trabajo que nunca desempeñó.
Bonita gracia la de colocar a personas sólo para que cobren sueldos jugosos, pero que, al ver que el barco se hunde, salen huyendo.
Ojo, guatemaltecos, con estos políticos que no tienen vergüenza ni lealtad ante su pueblo.
Miguel Contreras, mcontreras@redinter.net.gt
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Riesgos: Problema bancario
Interesante la columna de opinión del señor José Raúl González Merlo, el 16 de enero, con respecto del problema bancario. De acuerdo con él, los bancos, al igual que cualquier empresa, son susceptibles de quebrar, en lo cual tiene razón. Pero en este caso no hablamos de una quiebra, sino de un fraude y un vil y vulgar robo, con alevosía y ventaja.
Los bancos no quebraron porque el negocio fuera mal, porque los cuentahabientes hubieran retirado su dinero o porque hubieran dejado de depositar, por un “error administrativo”. No; en este caso, los que dirigían los bancos decidieron repartirse el dinero, y punto.
Si bien es cierto que, al depositar dinero en determinado banco, los clientes corren riesgo -según la solidez de la entidad-, existen reglas para el manejo de esos depósitos, porque son eso, depósitos. Uno no entrega el dinero en el banco para que los dueños de éste hagan lo que quieran con esos fondos.
Hay reglas claras de lo que puede y no puede hacer el banco con ese dinero, y una de las cosas que no debe hacer es repartírselo ilegalmente entre los principales accionistas, como sucedió en Bancafé y Banco de Comercio. Prueba de ello es que la Superintendencia de Bancos, muy a regañadientes, ha tenido que reconocer que estos señores cometieron actos ilícitos y, por lo tanto, tienen órdenes de captura.
También en el sector privado hay corrupción, pues la ausencia de ésta no depende del sector sino de las personas.
Carlos Barrios, carlos.barrios@hotmail.com
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Horario: Cambio beneficiará
Varias personas están en desacuerdo con el cambio de hora, a pesar de que esa práctica es muy común en varios países. Lamentablemente, los guatemaltecos no quieren ningún cambio. Y si lo desaprueban, a pesar de ser insignificante, ya imagino qué pasaría si un gobierno hiciera modificaciones profundas en nuestro atrasado sistema y forma de pensar. Tenemos que sacrificarnos para el bien común, y este cambio nos beneficia.
Víctor Hugo Higueros Méndez, simtecsa@hotmail.com
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Ahorristas: Pérdidas en offshore
Con facilidad nos frustramos, nos deprimimos y rápidamente aceptamos el veredicto de que se perdió todo el dinero. Esos fondos tienen que estar en algún lugar, ya sea en un crédito hipotecario, o préstamo empresarial, o en el bolsillo de algún sinvergüenza.
Al Willy Zapata, superintendente de Bancos, hagámoslo responsable. La omisión de denuncia es delito, y como tal hay que juzgarlo, multarlo y condenarlo.
Con la quiebra de Bancafé se enriquecieron tres bancos a los que Zapata les “regaló” los depósitos monetarios de muchos guatemaltecos. ¿Se utilizó ese dinero para pagar a personas que perdieron su dinero en la offshore? ¿O la triste realidad es que “mi pérdida es tu ganancia”?
Ana Silvia Minondo, A-1 364,149, joesilvia@msn.com.
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