|
DE MIS NOTAS Cuestión de números
Gastamos miles de millones en el Fopa, ¿por qué no en transporte público?
Por:
Alfred Kaltschmitt
Los números pesan. Influencian las sumas y las restas de cualquier proyecto, estudio o presupuesto. Los números se acumulan, multiplican o decrecen. Aplicados a las horas perdidas de cientos de miles de ciudadanos en el tránsito matutino o vespertino suman muchas pérdidas. Enormes pérdidas.
Los vehículos que ingresan cada año por nuestras fronteras a un ritmo de 20 por ciento anual duplican cada cinco años el número de automóviles del parque vehicular. Los miles de buses transportando diariamente –a los cada día más numerosos ciudadanos– en las horas pico, congestionando las mismas calles y avenidas de antaño.
Los números, vistos así, en la realidad de las cifras crudas, son un balde de agua fría que nos obliga a pensar que el problema del transporte es muy serio. ¿Qué pasará dentro de 10 años, cuando se hayan triplicado los vehículos y ya no seamos cuatro millones sino ocho millones de habitantes en la ciudad capital?
Es que, aceptémoslo, en esto del tránsito el asunto gira alrededor de números. Todo se reduce a números. Este gobierno, o cualquier gobierno que venga y se vaya, tiene que enfrentar el costo de los números y atacar con números el problema de fondo.
Gastamos Q8 mil millones en el Fondo para la Protección del Ahorro (Fopa) a fin de paliar las pérdidas de los bancos. ¿No deberíamos invertir lo que sea necesario para tener un sistema de transporte público eficiente?
En términos de costo beneficio para la economía, ¿no es más importante, en “números” estratégicos, resolver el problema del transporte y la infraestructura vial? ¿Acaso no pesan los números a la hora de sumar las pérdidas por el número de horas/hombre/depreciación de vehículo/combustible y su efecto en la economía?
El Transmetro debió contar con varios ramales para tener una verdadera incidencia de resolución de fondo del problema. Es un proyecto que debió contar con el aval, el soporte, el respaldo y la absoluta anuencia de todo el Gobierno, el Congreso y los partidos políticos, para implementarlo de una manera más completa.
Sin embargo, han podido más los pleitos politiqueros entre alcaldes y gobiernos de turno que el bien común.
Claro que hay problemas en el Transmetro. Y claro que se ha perdido valioso tiempo en respaldar y financiar algo mucho más completo.
Se requiere mucha plata para adquirir las tierras que sean necesarias. Respaldo jurídico y apoyo político para impedir que los amparos impertinentes y frívolos de los dueños tengan preeminencia sobre el bien común. Presión política de toda la ciudadanía, para hacer que se resuelva el problema de fondo, de una vez por todas.
Por eso, el Poder Legislativo, consciente del impacto en la ciudadanía y las enormes pérdidas que causa la falta de un sistema expedito y eficiente de comunicación e infraestructura vial, debe ordenar al Ejecutivo la consecución del financiamiento necesario –de la misma manera que se hizo con el salvataje de los bancos– para que se construya un metro subterráneo, aéreo o el que sea necesario para resolver el problema de hoy y mañana, cuando esta ciudad tenga 10 millones de habitantes demandando transporte eficiente.
Si hay algo a lo que todos los habitantes de esta capital están dispuestos a enfrentar es el costo de resolver su problema de transporte de una vez por todas. Es que el martirio de esa odisea diaria es enorme. Es que el sacrificio que implica levantarse diariamente de madrugada es alto. Es que debemos tener en cuenta que el tiempo es “vida”, vida que se nos va, como una manotada de arena deslizándose entre los dedos. Horas de martirio, de espera, de impaciencia, por la mañana y por la tarde, cada semana, cada mes, cada año.
Y que sean los números los que apoyen, justifiquen y, por qué no decirlo, financien nuestro martirio.
|