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Guatemala, martes 13 de febrero de 2007

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Opinión

HORIZONTES
Candidata Menchú

Soy un fiel creyente en que tenemos que ser capaces de ver hacia delante.
Por: Francisco Beltranena.

Las páginas de elPeriódico han traído opiniones con motivo de la eventual candidatura de Rigoberta Menchú a la Presidencia.

Dos de mis queridos amigos, Gustavo Berganza y Juan Luis Font, a los que se sumó Jorge Palmieri, el que creo yo es el decano de los columnistas en Guatemala, han publicado ya tres columnas.

Los distinguidos Estuardo Zapeta y Mario Antonio Sandoval han tratado el tema en Siglo Veintiuno y Prensa Libre, respectivamente.

Gustavo abrió el refuego en elPeriódico con la columna “Los odios contra Rigoberta Menchú”, la semana recién pasada. Ayer lunes, Juan Luis Font retomó el tema con “Presidenta Menchú”, al que se sumó Jorge Palmieri con “La política no es folclore”. Hoy, sin saber si otros colegas lo harán, yo también tomo el tema, aunque desde una perspectiva diferente, la mía.

En el primer Horizontes de febrero, titulado “Poco a poco”, escribí: “Hace un par de días, una periodista me preguntaba cuál era mi opinión al respecto (de la eventual participación de Menchú) y le manifesté, como lo hago acá, que su participación sería muy importante para consolidar el proceso democrático y que pensaba, en este momento, que tendría más intención de voto a nivel urbano que a nivel rural, por increíble que pareciera”.

Lo curioso del caso es cómo dos ilustres periodistas, como Gustavo y Juan Luis, enfocan la reacción de los no-indígenas ante la candidatura de Rigoberta Menchú como racismo y machismo por el lado de Berganza, mientras Font califica de “tan áspera y revulsiva la reacción de algunos buenos burgueses a la posibilidad de tener a una mujer quiché (sic) como sucesora de Óscar Berger en la Presidencia, que es difícil no desear que esto se concrete pronto”.

Juan Luis Font incluso va más adelante y se pregunta: “¿Qué fibras tan sensibles toca su figura? ¿Sólo el racismo y miedo al racismo a la inversa? ¿O en verdad, como sugiere Gustavo Berganza, despierta al macho feudal confiado en la violencia como método de exterminio de conflictos que muchos guatemaltecos llevan por dentro? De ser así, su participación tendría efectos terapéuticos para esta sociedad”.

Me llamaron profundamente la atención ambas opiniones, aunadas a las otras antes mencionadas, y me hizo buscar, en mi colección de artículos que sobre el tema mantengo de referencia, para encontrar el publicado por Mario Roberto Morales en Siglo Veintiuno, el 31 de julio del 2004, con el título “Objetivo estratégico del (multi) culturalismo”.

Mario Roberto define en él que la función del culturalismo consiste en “magnificar el síntoma para ocultar la enfermedad”. Por eso, continúa Morales: “los culturalistas piensan que el gran obstáculo de Guatemala son los ladinos, esos seres esencialmente malos y siniestros”.

No quisiera pensar ni por un instante que Gustavo o Juan Luis han caído en el culturalismo, y de alguna manera en la “corrección política”, que muchas organizaciones utilizan como forma de supervivencia, y mucho menos, que vaya a ser el método de tan apreciados columnistas y formadores de opinión en este tema.

Soy un fiel creyente en que tenemos que ser capaces de ver hacia delante. No podemos seguir viviendo la fotocopia de Macondo en lo que hemos convertido nuestro país. Si seguimos acarreando los males de aquél, por mí despreciado lugar, jamás saldremos adelante.

Yo respeto la decisión de Rigoberta, y es más la aplaudo. Creo que someterse a la voluntad popular no es fácil, especialmente, con las calidades de una premio Nobel. Habrá personas, como a don Jorge Palmieri, a quienes simplemente les caiga mal. Otros la verán como una política más. Muchos, como un adalid de sus afanes. Otros, como una adversaria; y, ciertamente, algunos, como el enemigo. Al final de cuentas, para eso son las alegres elecciones, y a eso se expone uno.

Someterse a la voluntad soberana de los ciudadanos es un acto de gran valor en el que solamente hay un binomio ganador. Y, si queremos consolidar la democracia, debemos de manera honesta someternos a que quienes deciden son los votantes, ojalá bien informados y con plena conciencia. De mi parte, bienvenida la candidatura de Rigoberta Menchú.

Será muy interesante verla en debates, sometida al escrutinio de la opinión pública y a la voluntad popular. ¡Hasta la próxima!

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