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XOKOMIL La candidata
Queremos mejores políticos, pero nos resistimos a ver notables en el ruedo.
Por:
Dina Fernández
¡Quién nos entiende a los guatemaltecos!
Nos vivimos quejando de la porqueriza en la que se ha convertido nuestra clase política -copada por una fauna que empieza con alacranes y termina con zorros, pasando por buitres, coches, mulas y víboras venenosas- pero al mismo tiempo, cuando nuestros personajes notables se lanzan al ruedo, nos lamentamos y queremos evitarlo.
Quizá imaginamos que un buen día, por arte de magia, ese zoológico va a amanecer transformado en un vergel de sabios, donde, ahora sí, será chic aparecer fotografiado.
Lamento informarles, pero eso no va a ocurrir así: mientras las personas con las calificaciones profesionales y los principios correctos no se metan a limpiar la jaula de las fieras, no habrá manera de arrancar la mugre incrustada en el Gobierno.
Esta reflexión viene al caso tras escuchar los comentarios en contra de las aspiraciones políticas de la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú y del renombrado cardiólogo Rafael Espada.
Con respecto de la señora Menchú, su candidatura marcará un parte-aguas en la historia republicana de Guatemala. Que un maya aspire a la Presidencia (y eventualmente la conquiste) es algo que va a ocurrir en el mediano plazo.
Entre la élite maya, la premio Nobel es, sin duda alguna, el personaje de mayor estatura. De hecho, es la guatemalteca más prominente a nivel global, y si alguien puede hacer la apuesta es ella.
Ahora bien, tener la disposición adecuada no garantiza el triunfo y mucho menos el éxito en la administración pública. La premio Nobel tendrá que demostrar su habilidad para organizar o sumarse a un partido que atraiga a un equipo con talento y capacidad de gestión, y muy importante, que no se perciba radical en el tema étnico, lo cual sería un error fatal.
Al participar en una elección existen dos posibilidades: o se gana o se pierde. Si la señora Menchú fracasa, es el menor de los problemas; le agrega una nota al pie de página a su currículum. Lo de premio Nobel no se le va a quitar. Ha sobrevivido a cosas peores, que uno hubiera creído capaces de afectar su prestigio personal, y ahí sigue ella tan campante sobre la alfombra roja.
En realidad, la victoria sería mucho más complicada para la señora Menchú, pues el romanticismo por sí solo no genera educación, ni salud, ni combate a los delincuentes, ni multiplica el empleo.
Yo imagino que ella aspirará a convertirse en un Nelson Mandela, pero si no lo logra, tampoco resulta descabellado pretender que haga un papel decoroso. Si Óscar Berger, con sus obvias limitaciones, se ha podido mantener a flote, con un equipo que tampoco es de cinco estrellas, existe la posibilidad de salvar cara.
El peligro mayor para la señora Menchú radicaría en encabezar un desastre tipo FRG. Ello le complicaría a largo plazo el panorama a la izquierda y los indígenas, además de sepultar la popularidad de la Nobel a nivel de Guatemala, pues internacionalmente tiene la inmunidad casi garantizada, salvo que le salga barba y se cambie el nombre por Idi Amin.
A mi parecer, doña Rigoberta Menchú tiene mucho menos que perder en una aventura política que el doctor Espada. Pero eso será tema de un próximo artículo.
Post scríptum: hace unos días comenté en este espacio las declaraciones del ministro de Gobernación, Carlos Vielmann, quien afirmó que en el Banco de Comercio había inversiones de narcos y corruptos, entre quienes citó a Baudilio Hichos y Byron Berganza.
Resulta que hay que enmendarle la plana al ministro, porque no es Baudilio Hichos quien disponía de una inversión de Q15 millones en la offshore de ese banco, sino un hermano suyo y una sobrina, quienes poseían depósitos por cerca de Q1 millón.
Asimismo, el dueño de la famosa cuenta de Q33 millones no es Byron Berganza, sino don Ramiro Berganza, quien a pesar de estar emparentado con el primero, es un acaudalado finquero de la región y según afirman sus paisanos, un tipo de armas tomar, pero sin vínculos con el crimen organizado.
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