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ALEPH ¿Tiene que ser “varón?
Desde la sociedad, hemos venido pidiendo procedimientos más democráticos.
Por:
Carolina Escobar Sarti
Hace algunos días le pregunté a la señora que trabaja conmigo en casa qué le parecería que tuviéramos una mujer en la Presidencia, a lo que ella me respondió: “Mmm, yo digo que tiene que ser varón”. ¿Por qué?, volví a preguntarle. “Porque a las hembras nos falta algo... autoridad, tal vez... y aquí no nos respetan como se respeta a los varones. Nosotras estamos mejor en lugares donde nos vemos menos tanto”.
Entonces ella me preguntó qué pensaba yo al respecto. Le dije simplemente que las cosas estaban cambiando en Guatemala y que las mujeres en todo el mundo habían llegado a puestos importantes, algo que yo consideraba muy positivo. Conversación cerrada.
Casualmente, uno o dos días más tarde, vi que entre los nombres que se barajan para ocupar el cargo de procurador(a) de los Derechos Humanos 2007-2012, está el de una mujer realmente valiosa para nuestro país: Hilda Morales Trujillo.
Reconozco que el actual procurador, Sergio Morales, cumple a cabalidad con el perfil del puesto y cuenta con suficientes méritos para buscar su reelección. Ha cumplido su papel de ser y hacer conciencia. También tiene a su favor el haber recuperado y protegido el archivo histórico de la Policía Nacional Civil.
Sin embargo, considero que así como la permanencia del actual procurador permitiría darle continuidad a un proyecto estratégico, la alternancia en el poder también es sana para revitalizar una institución que es de trascendental importancia para el país en términos de los derechos humanos, la justicia, la seguridad jurídica y el bien común.
Considero que Hilda Morales Trujillo llena los requisitos constitucionales, éticos y profesionales necesarios para ser procuradora y, a mi consideración, los rebasa. Y, por supuesto, el hecho de que sea una mujer con esas capacidades, también pesa en mi opinión.
Abogada con amplia experiencia laboral en los ámbitos público y privado, cuenta con estudios de especialización en Derecho Laboral en Italia, donde obtuvo un cum laude. Tiene también una maestría en DD.HH., fue viceministra de Trabajo, y ha sido activista de derechos humanos, específicamente en las áreas de mujeres, niñez, personas con discapacidad y migrantes, por lo cual cuenta -entre otros muchos reconocimientos- con el Premio Embajadora de Conciencia 2004, concedido en Madrid por Amnistía Internacional. Con una hoja de vida como esa, es redundante argumentar más.
Desde la sociedad, hemos venido pidiendo procedimientos más democráticos, más transparentes y más abiertos de elección, con el fin de fortalecer la institucionalidad del país.
Parece que se está dando ahora un proceso de elección de procurador(a) de los Derechos Humanos que va en el sentido correcto. Dos de los tres pasos han sido dados: el primero fue la formación en enero de una Comisión de Derechos Humanos del Congreso de la República, integrada por un diputado de cada bancada representada en el mismo. Esta Comisión será la encargada de recibir hasta el 2 de marzo la terna de candidatos propuesta y validada por las organizaciones de derechos humanos de la sociedad civil.
El segundo paso fue que dichas organizaciones se inscribieran en la Asociación para el Estudio y la Promoción de la Seguridad en Democracia (Sedem), con el fin de formar parte del padrón que elegiría a los tres aspirantes a la Procuraduría. De los expedientes propuestos a la Sedem, seis ya fueron seleccionados, y hoy las organizaciones elegirán a la mitad de ellos. Esa lista de tres llegará a la Comisión de Derechos Humanos del Congreso, donde elegirán antes del mes de junio a uno de los tres candidatos propuestos.
Quien finalmente quede, tendrá el potencial de actuar en nombre del pueblo y de mantener a los habitantes de Guatemala en el pleno goce de sus garantías constitucionales. Como la figura nace del poder constituyente y no de gobierno alguno, y tampoco está supeditado a un organismo, institución o funcionario, tiene un poder no coercitivo, investido de fuerza moral, y en cierto sentido político, pero no partidario.
Por ello, esta magistratura de conciencia tiene la compleja tarea de defender la construcción y vigencia de un auténtico estado de Derecho. Menuda tarea (casi raya en la utopía, diría yo), la que enfrentará quien asuma dicho cargo. Que sea Guatemala la que gane.
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