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Guatemala, domingo 18 de febrero de 2007

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Deparamentales

A la manera tradicional
Las comadronas ayudan a nacer a 60 por ciento de los 400 mil niños que vienen al mundo anualmente en el país
Por: Carlos Loarca, Mike Castillo

Foto de portada
Teresa Álvarez, comadrona, atiende a una paciente en el Centro de Salud de Quetzaltenango. Foto Prensa Libre: Carlos Loarca.

En sus 39 años de ser comadrona, Juliana Pérez ha ayudado a venir al mundo a más de dos mil 20 niños en la cabecera departamental de Huehuetenango.

Juliana se inicia como aprendiz a los 22 años, con una anciana partera cuyo nombre ya no recuerda; pero esa experiencia la motivó a recibir un curso en el Centro de Salud local.

En la actualidad cuenta orgullosa que varias mujeres a las que ayudó a nacer le han pedido asistencia cuando han quedado embarazadas. “Tengo tres casos de nietos, es decir he colaborado en el alumbramiento de tres generaciones continuas”, menciona.

Juliana, madre de cuatro hijos, refiere que lo triste de su trabajo es cuando se entera que los niños fallecen luego del nacimiento por enfermedades congénitas. “Sé de tres infantes que han muerto después de nacer, y de otros que fallecieron en el vientre de las progenitoras durante la etapa de gestación”, expone.

Juliana es una de las 21 mil 754 parteras que tiene registradas el Programa Nacional de Salud Reproductiva del Ministerio de Salud. “Ellas atienden alrededor de 60 por ciento de los 400 mil niños promedio que nacen anualmente en el país”, manifiesta Almeda Aguilar, del ente mencionado.

Agrega que en lugares como Totonicapán, 90 por ciento de los nacimientos son auxiliados por ellas. “Son preferidas, porque son conocidas y los pobladores les tienen confianza. Aparte que las mujeres prefieren la ayuda de alguien de su propio género”, expone.

Además, las féminas prefieren dar a luz en el seno de sus hogares que en un Puesto de Salud.

Pese a que ha habido escuelas de parteras, generalmente este oficio tiene un aprendizaje que es transmitido tradicionalmente por generaciones, heredado de madres a hijas, o de adolescentes que empiezan colaborando con una comadrona ya especializada.

Pocas aprenden la ocupación

Algunas han asistido a las aulas para aprender la ocupación, aunque entre 1983 y 1960 funcionó la Escuela de Comadronas, la cual estaba adscrita a la Universidad de San Carlos.

En todo caso, su capacitación es promocionada por el Gobierno u organismos internacionales, debido al alto número de mortalidad materna que, según el Banco Mundial, es de 190 por cada 100 mil nacimientos en el país.

Almeda explica que la muerte materna y del bebé se debe a cuatro tipos de demoras: una es la no identificación de las señales de peligro; otra, la falta de toma de decisiones prontas; la tercera, la falta de accesibilidad a los puestos de Salud; y la última, la poca preparación de equipo y personal en los hospitales.

“Las comadronas juegan un rol importante en las dos primeras, por lo esto que se les enfatiza en las capacitaciones”, concluye.

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