|
LA BUENA NOTICIA ¿Utopía o contradicción?
“Perdonar al que te ofende y amar al que te daña”; el Maestro invoca una mirada hacia quien es la fuente absoluta del perdón y el desprendimiento.
Por:
Víctor Hugo Palma Paúl
Los espíritus nobles siempre proponen ideales nobles, ante los cuales el mundo se extraña, pero que al final lo inspiran.
Por ejemplo, cuando Tomás Moro publicaba su Utopía en 1516, nunca imaginó que ya el mero nombre de su obra significaría tanto los sueños considerados inalcanzables de una convivencia humana fundada en solidaridad e igualdad y paz, como también la burla por parte de todos los pragmatismos basados en una pretendida “manera natural de ser humano” que serían el egoísmo y la venganza, esta última, revestida tantas veces con la túnica de la justicia. Y, sin embargo, en la página evangélica de hoy (Lc. 6, 27-38), más que una “utopía” (del griego u-topos, “no existe ese lugar”), la propuesta de Jesús de Nazareth presenta toda una contradicción frontal a la lógica de las relaciones humanas fundadas en el derecho individual del “desquite” y de la “ganancia por lucro desmedido”.
Para continuar con la ya inexplicable serie de calificativos del domingo pasado: “dichosos los pobres”, “ay de los ricos”, la Buena Noticia revela ahora que Dios es diferente y propone relaciones humanas muy diferentes de las fundadas en el egoísmo.
La sola frase “amen a sus enemigos, hagan bien a los que los aborrecen, bendigan a los que los maldicen y oren por los que los difaman”, lanza un duro golpe a la antigua Ley del Talión, al “ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, piel por piel” (Ex. 21, 24) que, lamentablemente, parece revivir cada vez que los postulados del individualismo y materialismo encuentran seguidores en las nuevas generaciones, por muy liberadas y cibernéticas que sean.
Por otra parte, el principio “traten a los demás como quieren que ellos los traten” no es sinónimo de equilibrio de fuerzas, como se ha malinterpretado, sino más bien inaugura una apertura tolerante a toda persona y su expresión cultural, religiosa, ideológica, en una medida de valoración del otro que el mundo antes no conoció ni siquiera en los ideales del estoicismo y su fraternidad universal, casi contemporáneos a los inicios de la fe cristiana.
Y el desafío va más allá: dado que no existe en el horizonte humano un ejemplo completamente confiable de ese “perdonar al que te ofende y amar al que te daña”, el Maestro invoca una mirada hacia quien es la fuente absoluta del perdón y el desprendimiento: “Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso”.
En resumen: se indica un camino extraño, claramente contradictorio, ajeno sobre todo a nuestros tiempos de exaltación del “yo y mis circunstancias”, pero no imposible, no “utópico”, sobre todo para quien aún confíe en la capacidad humana de imitar al autor de esta propuesta. Él la hizo realidad cuando suplicó por los que lo ejecutaban sin justicia: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen”.
|