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Guatemala, domingo 18 de febrero de 2007

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Nacionales

Clases en EEUU para niños mayas
Los hijos de refugiados indígenas guatemaltecos que huyeron de la guerra entraron en la escuela, en Estados Unidos

Foto de portada
Juan Méndez, con Omar, durante la clase de Geografía. Foto Prensa Libre: AP

Por Laura Wides-Muñoz

Lake Worth, Florida, EEUU - Los cafés, negocios de surf y tiendas de antigüedades en esta ciudad costera, al igual que la mayoría de sus residentes, todavía no dan señales de vida.

Sin embargo, dentro de las oficinas abarrotadas del Centro Guatemala-Maya, los sábados por la mañana, casi una docena de niños está sumamente activa.

Se intercambian juegos de videos, revisan ejemplares del National Geographic y bromean... sobre todo en inglés, aunque, ocasionalmente, en el idioma mayense de sus padres.

Juan Méndez y Polly Gaspar los llaman al orden, y los chicos empiezan a dar noticia de sus actividades.

Omar Andrés, de 11 años, ha mejorado sus calificaciones en matemática. María Andrés, una tímida muchachita de 15 años que todavía asiste a la escuela primaria, ha avanzado tanto que salteará un grado para pasar a octavo. Sus hermanas Mónica y Leticia Vargas han obtenido calificaciones casi máximas en el séptimo grado.

Méndez y Gaspar hacen gestos de satisfacción. “Felicitaciones”, dice éste; “un milagro” .

Programa providencial

Estos niños las tenían todas en contra. Hijos de refugiados indígenas guatemaltecos que huyeron de la guerra, entraron en la escuela, en Estados Unidos, con poca o ninguna instrucción escolar. Sus maestros suelen tomarlos por hispanos, suponiendo que su lengua nativa es el español, aunque en sus hogares muchos hablan algún idioma mayense.

La evidencia anecdótica establece que les va peor en la escuela que a los hispanos en general, y el número de adolescentes de esta procedencia que asiste a la secundaria en el ámbito local se reduce a la mitad entre el noveno y duodécimo grados.

Simultáneamente, sus padres tienen dos y, a veces, tres trabajos en las ciudades en torno del sector playero de Palm Beach, por lo cual los pequeños deben arreglárselas solos.

Por eso fue providencial el programa sabatino de Gaspar y Méndez, creado hace tres años, para ayudar a los niños indígenas en la escuela. Combinaron excursiones, charlas, orientación y clases de fotografía. Los que carecían de entrenamiento profesional, lo compensaban por mera presencia.

La tarea no era fácil. Muchos padres, en la cerrada comunidad maya, vacilaban en cuanto a dejar salir a sus hijos durante todo el día, y pocos chicos querían levantarse a las 7 horas los sábados.

Méndez, electricista, y Polly, entonces intérprete en las escuelas, insistieron. Reclutaron a niños recomendados por los servicios de ayuda a la infancia, del condado; visitaron a los padres y luego empezaron a recoger a los chicos todas las semanas, en la furgoneta familiar.

Omar Andrés fue uno de los pequeños, nacido en los campamentos de refugiados mexicanos donde vivieron sus padres después de haber huido de Huehuetenango.

De las clases de inglés como segundo idioma, pasaron a las de educación especial, antes de que los maestros se dieran cuenta de que no dominaba ni el inglés ni el español.

Desde que se incorporó al programa sabatino, sus calificaciones —al igual que los demás— han mejorado. Quiere ser maestro. Ya orienta a otros estudiantes mayas, y el año pasado fue considerado para competir por una beca de US$1 mil.

Méndez considera que, más que orientación, los niños necesitan enorgullecerse de su cultura y tradiciones.

Los padres, a menudo, prefieren hablar a sus hijos en rudimentario español o inglés, en vez de hacerlo en sus idiomas nativos, dijo Sonia Cabrera, una de las dos personas contratadas por el distrito escolar de Palm Beach como enlace con la comunidad maya.

Méndez y el Centro Guatemala-Maya saben que sólo están influyendo sobre una fracción de los estudiantes que necesitan. Les gustaría expandir el programa hasta la secundaria.

Pero hay poco dinero y personal. De todos modos están dispuestos a demostrar a los niños participantes que pueden triunfar en su país de adopción, sin alejarse de la familia ni olvidar su cultura.

Migrantes: Protegen tradiciones

Unos 58 mil guatemaltecos viven en Florida; muchos de ellos, mayas, y la mayoría, en el condado de Palm Beach. Cuando se establecieron en ese territorio, buscaron reconstruir las comunidades y preservar su cultura. Revivieron celebraciones culturales, con base en el antiguo calendario maya, y crearon programas de idiomas —entre ellos, el q’anjob’al—, para los pequeños. A fin de salir adelante, tienen dos y a veces tres trabajos, por lo que dejan a los niños solos. Por eso, para ellos, fue providencial el programa sabatino de Gaspar y Méndez.

En detalle: Guatemaltecos en EEUU

Pese a los obstáculos, siguen buscando el “sueño americano”

En EEUU radican unos 1.3 millones de guatemaltecos, el 60 por ciento de ellos, indocumentado.

La mayoría reside en Los Ángeles, Chicago, Washington DC, Miami, Houston y Nueva York.

La migración hacia Estados Unidos aumenta cada día, y hoy se pueden mencionar comunidades con más de 50 mil personas, como ocurre en California e Illinois, y en la unificación de Washington DC, Virginia y Maryland.

Unos 18 mil 305 emigrantes guatemaltecos fueron deportados durante 2006; 11 mil 512, en 2005, y siete mil 94 en 2004.

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