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Guatemala, domingo 18 de febrero de 2007

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Nacionales

Caos se extiende en los accesos a la capital
Desesperación se apodera de habitantes de una ciudad paralizada por exceso de vehículos y la falta de nuevas rutas4
Por: Alberto Ramírez, Gabriela Barrios, Conié Reynoso

Foto de portada
A vuelta de rueda, con kilómetros de cola por delante, pasajeros de autobuses aprovechan los atascos para recuperar las horas de sueño que sacrifican a cambio de abordar el transporte, en horas de la madrugada. Foto Prensa Libre: Erlie Castillo.

Los conductores desesperados que sacan la cabeza por la ventanilla para ver si adelante algo se mueve, los que no ceden ni un centímetro porque el tiempo aprieta, o aquellos que, resignados, recuperan horas de sueño en el asiento de un bus, están por todas partes.

Esas imágenes ya no son exclusivas de la cuesta de Villalobos, ni de la calzada Aguilar Batres, donde el Transmetro agudizó el atasco vehicular en las horas pico.

En Villa Canales, Boca del Monte, Ciudad San Cristóbal, Villa Hermosa, El Frutal y carretera a El Salvador, la tarea de sortear el tránsito se ha convertido en una odisea para los automovilistas que se debaten entre los bocinazos, el olor a caucho quemado de los clutches que están a punto de expirar, el embate de las camionetas y las bocanadas de humo negro de los buses.

La crisis que generó en Villa Nueva la puesta en marcha del Transmetro ha tenido una reacción en cadena en otros sectores, y los accesos a la capital están copados por conductores que deben enfrentarse a tres horas de recorrido para llegar a sus lugares de trabajo, y usuarios del transporte público que han constatado cómo ahora se avanza más a pie que sobre ruedas.

Efecto dominó

El epicentro de la crisis se localiza en el sur. Todos los vehículos, furgones, camiones y autobuses provenientes del Pacífico, Palín, Amatitlán y Villa Nueva luchan por salir avante del laberinto en que se ha convertido la carretera.

Según Enio Rivera, director de la Policía Municipal de Tránsito (PMT) de Villa Nueva, sobre la ruta del Pacífico (CA-9) circulan a diario 200 mil automotores, y el parque vehicular de ese municipio se calcula en 60 mil unidades.

Desviarse por Villa Canales, donde la situación del tránsito ya era complicada para los vecinos, fue la primera opción, y hoy están al borde de la desesperación.

Según datos de la Municipalidad de Villa Canales, con el tráfico del sur han pasado de 10 mil vehículos a 32 mil, y los efectos se hacen sentir en Boca del Monte, en Santa Fe y en la avenida Hincapié.

La hilera de carros llega hasta el kilómetro 20 de la ruta a Villa Canales, y los 30 minutos que antes tomaba llegar a El Obelisco se han convertido en hora y media.

“Estamos al límite; ya no tenemos por dónde meter a tanto vehículo”, se queja Miguel Ángel García, alcalde de Villa Canales, quien además ordenó desviar el tránsito pesado, por San Miguel Petapa, hacia la aldea Colmenas, Santa Catarina Pinula, para salir al kilómetro 23 de la ruta a El Salvador. Ello, debido a que el puente Morán, de tipo bailey, está a punto de colapsar.

García asegura que la prioridad son los vecinos de su municipio, y esa es la razón por la que los carros provenientes de Villa Nueva y que enlazan con la bifurcación deben esperar varados de 20 a 25 minutos, mientras el tránsito local circula, para que luego se abra el paso sólo cinco minutos.

“No nos han dejado otra salida. Me debo a la gente de mi municipio. Los otros alcaldes se han reunido y no me invitaron, así que debo ver cómo resuelvo este problema”, señala el alcalde.

En efecto, Salvador Gándara, alcalde de Villa Nueva, confirma que no se invitó a García a una reunión, donde sí estuvieron presentes los alcaldes de San Miguel Petapa y Mixco, porque “era solamente para los alcaldes de la zona sur”.

“Pero nosotros siempre hemos estado para colaborar, y si él quiere, nos podemos reunir; que se acuerde de todo lo que lo apoyamos cuando estaba en campaña”, argumenta Gándara.

“Es como vivir en Zacapa”

Romilio Torres jamás imaginó que vivir en la colonia San José Los Olivos, Villa Nueva, sería igual que viajar todos los días desde Zacapa.

El recorrido que antes le tomaba una hora y media, hoy exige tres. Sale de su casa a las 5 horas, para poder llegar a su trabajo a las 8. Subir el viaducto de Villa Nueva le toma 45 minutos, y cualquier demora al salir —aunque sea de 10 minutos— puede representarle una hora más de atasco.

A bordo de un Nissan Sentra, modelo 1992, Torres ha ensayado todas las alternativas para no llegar hasta la cuesta de Villalobos.

“Ese es el punto crítico, cuando los cuatro carriles se convierten en dos”, enfatiza.

La semana en que comenzó a funcionar el Transmetro, se escapó por la ruta a Villa Canales y le fue bien. Pero desde que la municipalidad optó por cerrar el paso, la tortura es similar. Por eso eligió esta semana la salida por la avenida Petapa, donde se habilitó un carril reversible de 8 kilómetros, desde el límite con San Miguel Petapa y las colonias El Frutal y Prados de Villa Hermosa, hasta Ciudad Real.

En opinión del alcalde de Villa Nueva, los embotellamientos se complican porque la gente ha desordenado sus horarios y sale temprano, aunque no lo amerite, o porque llevan a sus hijos a colegios de la capital.

“Esto es un proceso gradual, en el que la gente entienda que tiene que buscar un colegio en Villa Nueva”, afirma Gándara.

Pero esa no es una opción para personas como Torres, quien argumenta que muchos colegios de Villa Nueva están amenazados por pandillas, y que no pondrán en riesgo a sus hijos.

Lo que sí ha afectado la ya dramática congestión vial de Villa Nueva es el paso de vehículos provenientes de la ruta de Milpas Altas, Sacatepéquez, hacia Bárcenas, y luego a la calzada Aguilar Batres.

Cuidado con el clutch

Gisela Alvarado vive en el kilómetro 19 y optó por mandar a sus hijos a un colegio en Amatitlán.

Sale de su casa todos los días a las 5 horas, y cruzar el puente de la Central de Mayoreo le toma dos horas, o dos horas y media, todo depende del día. Aunque la circulación se hace más fluida después de ese punto, difícilmente logra llegar a las 8.

“Esa tensión me está afectando la salud. Me duele el cuello y la espalda al estar sentada y ver que la cola no avanza”, cuenta.

Pero lo que ella más le reprocha al tránsito es tener que marcharse y dejar a sus hijos dormidos, a cargo de otra persona; no poderlos bañar, darles de desayunar y llevarlos a la parada del bus, como lo hacía antes.

“Son niños de 8 y 10 años, aún son pequeños y he perdido ese contacto con ellos”, se lamenta.

La semana recién pasada, el Toyota Tercel modelo 1992 de Alvarado se quedó sin clutch. “No hay carro que aguante esto… son tres horas de meter y sacar el pedal para avanzar cinco metros, y a eso hay que sumarle que gastamos el doble de gasolina”.

El alcalde Gándara afirma que ese es precisamente otro de los aspectos que complica la circulación, y por eso tiene noticias para aquellos que han comenzado a sentir el olor a quemado del clutch, o que circulan con la reserva del tanque. En breve, Conservación Vial apoyará los controles de la PMT de Villa Nueva, y el carro o camión que se quede por “causas previsibles” va a tener multa, “y una que duela”, advierte Gándara.

Para las autoridades, personas como Gisela o Romilio deberían dejar el carro en casa o en los parqueos, y movilizarse en el Transmetro. Pero no lo hacen, por varias razones: resulta tortuoso abordar los buses en Villa Nueva para dirigirse a la Central de Transferencia; encontrar un puesto por la noche es aún mas complicado, y bajarse en el Trébol o en el Centro Cívico implica abordar otro autobús, donde los asaltos están a la orden del día.

El éxodo

En medio de la desesperación, muchas familias que residen en el sur han optado por pedir posada en casa de algún familiar en la capital, y regresan a sus viviendas sólo los fines de semana.

Ana Luarca, quien habita en Colinas de Monte María, kilómetro 14.5, está en busca de una opción para mudarse de casa. Aunque admite que en la última semana las colas avanzaron con más fluidez, subir la cuesta de Villalobos y dejar a sus hijos en el colegio en la calzada Aguilar Batres le toma una hora y media.

Salen a las 5.30 horas y el menor de los niños, de 2 años, aún va dormido dentro del automóvil. En el trayecto despierta, le da el desayuno, y cuando finalmente logra estacionarse frente al colegio, le cambia el pijama en el asiento trasero. “¡Esto no es vida!”, exclama.

Sólo en la manzana donde vive, tres familias se han marchado, y esa parece ser la única alternativa: o se mudan y dejan las casas que muchos aún están pagando al banco, o soportan los atascos con resignación.

Amanda Morán, analista del Centro de Estudios Urbanos y Regionales, de la Universidad de San Carlos, explica que la expectativa era que el valor de la propiedad en áreas como la calzada Aguilar Batres fuera en aumento, pero ha sucedido lo contrario. “Las personas que viven en estas colonias se están trasladando a otros sectores más tranquilos”.

La vuelta al lago

Para muchos pobladores de Amatitlán hay una ruta casi obligatoria: la carretera que bordea el lago, pasa por Villa Canales y sale por Santa Elena Barillas. “Es largo, se hace una hora y media, pero por lo menos se avanza”, dicen.

Aunque en la carretera a El Salvador la situación aún es manejable, el tránsito ha comenzado a ser más denso y, según la PMT, la fila crece a razón de un kilómetro por semana. Aun así, toma 25 ó 30 minutos entrar en el bulevar Los Próceres.

Pablo Morales, jefe de la PMT de Santa Catarina Pinula, calcula que unos 500 vehículos llegan de Villa Hermosa, incluidos buses extraurbanos, los que se suman a los 70 mil automotores que ingresan en la capital por esa ruta. En hora pico, la fila llega hasta el kilómetro 16.9.

Por aquí y por allá

Ciudad San Cristóbal es, en este momento, el jamón del sándwich de la circulación. Por un lado, recibe el tránsito que procede de la ruta Interamericana y se desvía para evitar el embotellamiento que han generado los trabajos de reconstrucción, así como la edificación de un viaducto de tres niveles, y que además se encuentra con la carga de vehículos que caracteriza las calzadas Roosevelt y San Juan.

Y por el otro lado, recibe el flujo de vehículos que huye de la Aguilar Batres y el efecto del Transmetro.

Sólo Ciudad San Cristóbal tiene un parque vehicular de 17 mil automotores, al cual se suma el número de automotores procedentes de Villa Nueva y la costa sur (entre tres mil y seis mil). De esa cuenta, las ya largas filas se han extendido al bulevar El Naranjo, al anillo Periférico y, en ocasiones, a la calle Martí.

A diario se instalan carriles reversibles que le dan prioridad al tránsito que se dirige al Periférico; aun así, las colas no cesan, de 6 a 9.20 horas.

Balbino Cruz es abogado y vive en la colonia Panorama. Esta semana, recorrer cinco cuadras le tomó 35 minutos, y ahí apenas comenzaba su calvario. “Nos meten de forma obligada a ese carril auxiliar y no nos permiten subir al puente”, relata.

Pero todo esto no ha sucedido de la noche a la mañana. Es consecuencia de la falta de previsión de lo que podía ocurrir con una ecuación que no resulta: la misma infraestructura más un boom que el año recién pasado se tradujo en 112 mil 731 vehículos que ingresaron en el país.

Quejas y más quejas

Son muchos los sectores que coinciden en que es urgente buscar soluciones conjuntas para resolver la problemática de la circulación vial.

Juan Marves, presidente de la Cámara de Transporte Centroamericano de Carga, afirma que su oficio ha sido castigado con el atasco de la cuesta de Villalobos y con las restricciones a la circulación, pues se incrementan los costos.

“El anillo metropolitano sería una salida, pues evitaría que tuviéramos que entrar en la ciudad”, explica.

Pero las quejas no sólo provienen del transporte de carga, sino también de las empresas del transporte de pasajeros, de los taxistas, de los comerciantes de la avenida Bolívar y de los vendedores de la Central de Mayoreo.

Ricardo Sagastume, presidente de la Cámara de Industria, opina que los efectos del caos vial tienen un impacto directo en el sector industrial.

“Creemos que es importante que se tomen acciones integrales entre el gobierno central y las municipalidades. Ofrecemos nuestra cooperación para encontrar consensos y superar la crisis”, manifiesta Sagastume.

¿Qué se puede hacer?

En opinión de la analista Amanda Morán, el problema vehicular persistirá, a menos que se tomen medidas como ampliar la capacidad de las arterias, por medio de la expropiación o de la construcción de segundos y terceros niveles de autopistas.

“Es importante retomar los planes para la construcción del anillo metropolitano”, resalta Morán, y afirma que no debe construirse sólo la mitad; de lo contrario, sólo se trasladará el problema de un lugar a otro.

Efectos psicológicos

Cada vez más neuróticos al volante

El caos vial está produciendo trastornos en el comportamiento de los conductores. El dolor de cabeza, de ojos, de espalda y de cuello son sólo las primeras manifestaciones.

“Pero las repercusiones son tremendas, pues se baja el nivel de tolerancia y aumenta el estrés. Esto incide en el trabajo, y en las relaciones sociales y familiares”, afirma la psicóloga Lucrecia Castro, del Instituto de Psicología Aplicada.

“Se afecta la calidad de vida de las familias y eso produce mucha frustración”, añade.

En opinión del psicólogo Lionel Ardón, los atascos incrementa los procesos de ansiedad en aquellas personas que deben afrontarlos todos los días, y la única manera de liberar ese estrés radica en las reacciones coléricas. Por eso, Ardón enfatiza en una actitud positiva ante un hecho que no se puede modificar.

“De la actitud con la que asuman las situaciones que se presentan dependerán los efectos”, explica el psicólogo.

Evaluación: Huida del tránsito

Existen dos rutas que hasta ahora no han sido analizadas por las autoridades, y podrían resultar en solución:

La ruta de Villa Canales a Santa Elena Barrillas atraviesa la carretera a El Salvador, en el kilómetro 24, para continuar hacia San José Pinula, y de ahí a Palencia. Aquí se puede tomar la ruta al Atlántico.

En el kilómetro 17 de la ruta a El Salvador, continuar por la carretera de Acatán, la cual conduce a las aldeas Cristo Rey y El Rosario, y luego a San Isidro y Santa Rosita, en la zona 17, para salir por la calzada de la Paz hacia la ruta al Atlántico o a la colonia Atlántida, zona 18.

Efectos

El precio: Hasta seis horas en carro

Muchos niños y jóvenes de Villa Nueva y Amatitlán, que estudian en la capital, pasan cuatro, cinco o hasta seis horas en el asiento de un vehículo.

Según el alcalde de Villa Nueva, Salvador Gándara, la solución sería que los padres busquen colegios en ese municipio, pero éstos señalan que muchos establecimientos son asediados por maras, o bien, los pandilleros se han infiltrado. Más que una alternativa, sería un riesgo.

Lista: Obras que buscan paliar la crisis

Estos trabajos se pondrán en marcha el próximo mes.

Covial hará una ampliación a cuatro carriles en el tramo que se encuentra al final de la avenida Petapa y que conecta con el bulevar de Villa Hermosa, el cual se ha convertido en un cuello de botella para el tránsito proveniente del sur.

La Municipalidad de Villa Nueva reparará un tramo de 3 kilómetros de terracería que conduce a la Central de Transferencia.

Covial analiza reparar el asfalto en varias partes de la ruta a El Salvador, que es una vía alterna cuando hay atascos en Boca del Monte y Villa Canales.

Se estudian varios proyectos para Villa Canales y Boca del Monte, entre ellos, un viaducto.

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