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CATALEJO Cuando Q100 eran una fortuna
La decisión de imprimir billetes de Q200, Q 500 y Q1 mil me hizo recordar cuando Q100 eran una fortuna.
Por:
Mario Antonio Sandoval
LA NOTICIA ACERCA DE LA decisión del Congreso para autorizar la impresión de billetes de Q200, Q500 y Q1 mil, debe ser aplaudida porque derrumba una barrera mental y emocional para quienes ya tenemos cinco décadas o más de celebrar cumpleaños, y al mismo tiempo también le arregla problemas a la mayoría de la población actual, nacida y desarrollada en una realidad económica distinta. En este momento, entre la gran cantidad de razones para explicar la recién pasada crisis de la falta de billetes, se encuentra una muy simple: la denominación de éstos ya estaba desde hace muchos años, superada por la realidad. El billete de Q100 se convirtió en uno de los más utilizados, si no el más utilizado, y era necesario tomar medidas.
HABÍA UNA VEZ UN PAÍS donde el billete de Q100 era una verdadera fortuna. En 1966, mi primer sueldo fue de Q40 mensuales. O sea, un pedazo de papel de Q100 representaba mi trabajo de dos meses y medio. Recuerdo para mi graduación de bachiller un regalo de Q50, y cómo lo agradecí porque me servía para mantener mis gustos por un buen tiempo, o para pagar 125 galones de gasolina para mi carrito Chevrolet Corvair. Pero también significaba ir a comer carne 10 veces a un restaurante, o ir medio centenar de veces a estrenos en los cines Lux, Lido o Cápitol. Por esa causa, los billetes de Q100 casi siempre estaban en muy buen estado, al haber pasado realmente por muy pocas manos. Así era...
EN ESOS TIEMPOS TENÍAN valor las monedas. Una ficha de a 25 len, o choca, compraba una cerveza en una tienda. O pagaba una hamburguesa con un vaso de fresco en la cafetería Capri, de la 6a. calle y 4a. avenida. Recuerdo con afecto los cafés con leche, unos dulcitos artesanales cuadrados, envueltos en papel parafina, a cuatro por centavo. Los billetes de a quetzal eran muy vistosos, con su verde tan especial. Y también circulaban los billetes de 50 centavos: toda la moneda guatemalteca era valiosa. Luego vino la era de la primera crisis del petróleo, y terminó la época de la paridad del quetzal con el dólar. Es más: alguna vez, por pocos días, el quetzal superó en vuelo al águila real... el dólar no era aceptado en las tiendas de artesanías.
CUANDO ERA NIÑO, LAS GASEOSAS costaban seis len. Mis papás me daban un “domingo” de 25 centavos. Y así se pueden contar historias adornadas con la pátina del tiempo y el marco de la nostalgia porque lo hacen a uno regresar a etapas ya dejadas atrás. Hoy causan sonrisa y tal vez incredulidad de quienes las escuchan. En términos de poder adquisitivo, Q1 de ese tiempo equivalía a dos billetes de Q20 de ahora. Por eso, un billete actual de Q100 equivale a Q2.50, o si mucho, a Q3 de entonces. Y eso explica la necesidad de imprimir billetes de mucha más alta denominación, con el objetivo de darle un respiro al constante intercambio causante de una vida tan reducida de estos coloridos pedazos de papel.
AHORA ES NECESARIO REALIZAR algunas acciones. Primero, dar a conocer a la ciudadanía, por medio de una masiva campaña publicitaria, cómo serán los billetes: color, personajes, etcétera. Segundo, anunciar profusamente la fecha de inicio de la circulación de estos billetes, con el objetivo de reducir al mínimo la sorpresa de quienes los reciben. A causa de la reciente escasez de billetes, es factible esperar cierta desconfianza ante ese papel moneda diferente. Es un proceso al cual la población se debe acostumbrar: ya no tendrán en sus bolsillos grandes cantidades de billetes, sino menos, pero de mayor denominación. Yo sólo haré este cargo: un billete de Q1 mil de hoy, equivaldrá a unos dos de a Q20 de aquellos viejos, viejísimos tiempos.
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