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Guatemala, viernes 23 de febrero de 2007

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Cultura

Revelaciones: Franz y “El Ratero”
Por: Margarita Carrera

Cuando terminé de leer el manuscrito, quedé profundamente impresionada. Según yo, "El ratero" haría referencia a un pobre diablo, de esos que roban lo que pueden, pero sin hacer mayor daño.

No fue así. "El ratero" de Franz Galich era un hombre que tenía la repugnante afición de comer ratas. Y yo les tengo pánico a esos animales, tan famosos en Disneylandia.

El cuento me pareció genial, así lo comentaba con una de mis alumnas por aquel tiempo, cuando me relacionaba con Luis Aceituno y Méndez Vides, otros dos escritores que, con el tiempo, destacarían dentro de las letras guatemaltecas. Pero Franz, lo mismo que Vides y Aceituno, no era simplemente alumno de la USAC. Era ya escritor de valía.

Lo demostraba con esa primera narración. Amable y sonriente, oía mis comentarios sobre su obra. No sé si, por entonces, se daba cuenta de su talento como escritor. Parecía no tomarse en serio.

De pronto, ya no llegó a la Facultad de Humanidades de la USAC. Cuando pregunté por él, me contaron que el gobierno de Lucas había tratado de matarlo. Por milagro se salvó y tuvo que huir e irse a vivir a Nicaragua. Ahí se sintió mejor que en su propia patria.

Más adelante escribió "Managua, salsa city", otra narración que ya tiene lugar principal dentro de la narrativa latinoamericana. Por lo cual, Franz no ha muerto. Su nombre queda grabado y su espíritu seguirá conmoviendo a los lectores que, aunque pocos, aún existen, según lo comprobé en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara.

En el mundo heleno la inmortalidad era alcanzada a través de los heroicos hechos y a través de la palabra. De ahí la inmortalidad de Aquiles y la inmortalidad de Homero, quien cantó sus hazañas. Asimismo, Franz ya forma parte de los mejores narradores guatemaltecos. No dudo que, con su muerte, su obra empezará a ser más y más leída, aún dentro de esta patria poblada de seres que, aunque sepan leer, no leen ni los periódicos.

Estoy de acuerdo con Méndez Vides, en que "no se hizo tan famoso como el Pescadito Ruiz, porque escribir libros no cuenta tanto como meter goles". Pero Franz, como otros insignes escritores revolucionarios, ha trascendido en las letras centroamericanas. A partir de los años 80 no lo volví a ver.

Sin embargo, tengo en la memoria su imagen afable, su calidad humana. Y, de la infinitud de libros leídos, uno de los pocos que permanece en mi memoria es, indudablemente, "El ratero". ¿Cómo olvidar el ingenio con que fue relatada la historia de un hombre aficionado a comer ratas?

Aunque Franz asistía a congresos de escritores, no tuve la suerte de encontrármelo en uno de ellos, no tuve la alegría de compartir con él las letras que tanto amamos. No volverlo a ver, da tristeza, pero poder leerlo una y otra vez, reconforta. No sé cómo me juzgaría Franz cuando fui su profesora.

Estoy casi segura de que el afecto que yo le tenía era correspondido. Si no, no me hubiera entregado su primer manuscrito para saber mi opinión.

Lo que me satisface es que tuve la oportunidad de manifestarle el asombro que me había causado como creador y la admiración que sentía por él. Ahora su nombre conforma la lista de otros grandes guatemaltecos quijotes, víctimas de la guerra sucia, que forjan nuestra literatura: Otto René Castillo, Manuel José Arce, Roberto Obregón, Luis De Lión.

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