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DE MIS NOTAS Balseros de la esperanza
La petición de asilo tiene sólo una posible respuesta después del trámite, y es el otorgamiento definitivo de residencia permanente.
Por:
Alfred Kaltschmitt
Una frágil balsa elaborada con materiales de desecho, reciclados por el espíritu emprendedor, navegando hacia el faro de la libertad. Más que una balsa, balseros con la imperiosa necesidad de huir de donde no deseaban vivir. Una débil embarcación en medio del mar amarrada más a la ilusión por una vida mejor y al ansia de libertad, que los apegos al sentido común y salvaguardas de seguridad.
Unos cuantos mendrugos de pan y unos litros de agua para la travesía, que permanecer en el desencanto y no poder satisfacer el ansia de volar hacia nuevos horizontes.
Un pequeño motor, adaptado de una podadora de césped, para acortar la distancia hacia lugares de ilusión, donde la palabra libertad tiene sentido y la oportunidad de prosperar sólo la limita la creatividad y el espíritu emprendedor del individuo, en vez de las directrices de un Estado totalitario donde dicen que hay libertad, pero ellos no la sienten. Una balsa con 14 cubanos a bordo a merced de las olas y luego de algunas horas, el pequeño motor extinguiendo su fragilidad mecánica en un último estertor, más allá del punto donde no hay regreso.
Y luego las horas y los días flotando de día y noche, viendo que el continuo movimiento del mar y el peso de sus pasajeros iban menguando la solidez de la balsa, aflojando su estructura. Después sed, cuando ya no había agua. Y hambre cuando los mendrugos de comida se habían descompuesto.
Luego, rezos, lágrimas y llantos pidiendo auxilio divino, el cual se hizo presente cuando un trasatlántico percibió un pequeño punto en la inmensidad oceánica y al acercarlo con binoculares, aparecieron en su imagen 14 seres humanos levantando las manos en señal de gratitud.
Llegaron a Guatemala, y después de haber estado albergados durante 25 días en Migración, los balseros de la esperanza -porque eso son- buscan vivir libres su propio destino, sin interferencias ni cortapisas.
Paisanos homo sapiens, huyendo de lo que creen que no es bueno para sus vidas. Sobran las excusas de las autoridades; o las cifras del supuesto progreso médico; o las citas de los que cuentan fantásticas historias de logros sociales. El hecho es que aquí están. En primera fila.
Atestiguando con su propio testimonio la realidad. Y esa es una declaración irrefutable, innegable, definitiva.
La petición de asilo, pues, tiene sólo una posible respuesta después del trámite, y es el otorgamiento definitivo de residencia permanente. No hay otra respuesta. Si la hubiere, sería fatal para ellos y una vergüenza para nosotros, los que supuestamente abogamos por nuestros compatriotas cuando son repatriados. Y eso a pesar de que no huyen porque no hay libertad, sino porque también buscan la libertad del derecho a una vida mejor.
¿Será otorgada la residencia permanente a los “balseros de la esperanza”? ¿O se insistirá en apegarse a la letra muerta de la ley sobre la cual nosotros mismos tenemos doble estándar? ¿Legalistas hacia los demás, pero críticos a la hora de velar por nuestros deportados?
Si pregonamos la democracia y la libertad como estandarte, deberíamos abrirnos a ser hospitalarios y magnánimos con los oprimidos. Vengan de donde vengan. Eso es lo que deberíamos ser.
¿Qué piensa usted?
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