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MACROSCOPIO ¡No puede ser!
Los resultados de la impunidad cada día tienen un impacto mayor en nuestra sociedad.
Por:
Humberto Preti
No cabe duda de que el crimen organizado, delincuentes, narcotraficantes, políticos corruptos, empresarios sin escrúpulos y otro tipo de trasgresores de la ley ha encontrado en nuestro país una especie de paraíso para sus acciones en contra de la ley, y es que cada día vemos más y más actos que tienen de rodillas a nuestra indefensa población.
Vemos que aquí, a nadie capturan. La cantidad de asesinatos diarios es impresionante, y va por todos los estratos sociales; aparecen muertos campesinos, mujeres, niños, mareros, comerciantes, mafiosos, policías, en fin, toda clase de ciudadanos son afectados por el flagelo y el porcentaje de capturados es mínimo -peor aún el porcentaje de condenados.
La ineficiencia de la capacidad investigativa es a todas luces un verdadero desastre, no digamos el actuar de los jueces y los tribunales competentes.
Desgraciadamente, estamos cayendo en una especie de marasmo. El crimen es a veces aceptado por la ciudadanía como una solución para salir de aquellos que violan la ley, y eso es grave, pues es querer dejar en manos de sicarios y de linchadores la aplicación de la ley -lo que no sabe el individuo común y corriente que algún día le puede caer a él.
Alguien me decía, con respecto del asesinato de los diputados salvadoreños, que a saber en qué estaban metidos, y es que esa ya es una frase común en Guatemala. Basta que no se investigue ni se agarre a nadie con las manos en la masa y la respuesta de la mayoría es esa, como si la muerte fuera el juicio final, y ya de allí en adelante, ¿para qué investigar o capturar?
Hoy, a las puertas de la elecciones, vemos a políticos corruptos y a otros involucrados en hechos delictivos con intenciones de subir a la palestra pública; personajes que tuvieron todo tipo de acusaciones y se demostraron sus malversaciones, fueron denunciados pero nunca juzgados, y ahora viven ostentosamente.
Algunos son ídolos en sus comunidades, pues engatusan a las poblaciones con espejitos, migajas de sus enormes botines sacados de fondos públicos producto de los impuestos que paga la población.
Pero esto ya se olvidó, y hoy aparecen con todo el dinero capaz de comprar voluntades a competir en una contienda que se verá bañada en plata proveniente de lavado, del narco y otra que es el resultado de gestiones corruptas durante su paso por el Gobierno.
El contubernio, la complicidad y la corrupción campean y evitan que ladrones y asesinos vayan a buen resguardo, donde deberían estar.
Existen personajes a los que no se toca por razones políticas o étnicas, pues están protegidos por los grupitos de extranjeros a los que el Gobierno les tiene miedo, por ejemplo.
¿En qué paró la investigación del Fondo de Desarrollo Indígena? ¿A cuántos metieron al bote? Por supuesto, a nadie; el grupito es intocable y algunos van a hacer política.
¿Cuántos funcionarios hay con antejuicio o en la cárcel por sus malversaciones? Ninguno.
Los escándalos financieros quedarán igual que quedaron los escándalos financieros anteriores, y no extrañaría que los que permitieron este saqueo sigan en sus puestos, y en el futuro, hasta puedan ascender de posiciones y también meterse a política, para seguir prendidos de la res pública.
Los hechos de esta semana deben de hacer reflexionar al Gobierno y revisar las debilidades que lo hacen cojear; no puede ser que el régimen de legalidad siga siendo dejado por un lado, que el Congreso siga enfrascado en las obras que dan réditos a los diputados distritales, en vez de fortalecer el estado de Derecho. ¡No puede ser!
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