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EDITORIAL El panorama electoral cambia
El panorama electoral ha cambiado drásticamente en los primeros dos meses del año, y ningún analista político serio se atrevería a pronosticar el resultado de las que podrían ser las elecciones más competidas desde los comicios de 1985, que marcaron el fin de un largo período de gobiernos militares.
De esa fecha para acá, precisamente la conducta de los votantes ha mostrado que lo más importante en los procesos electorales han sido las figuras “presidenciables” por encima de los partidos políticos, que muchas veces terminan siendo utilizados como simples vehículos para participar en la contienda.
A finales de 2006 se dieron la debacle de las primarias del partido oficial Gana y el retiro de la candidatura del ex vicepresidente Luis Flores Asturias, pero finalmente la efervescencia pasó y se consolidó, y al apenas empezar el año se da el surgimiento de dos nuevos participantes: Alejandro Giamattei y Rigoberta Menchú.
Se suma a ello que el partido en formación Viva podría nominar al ex pastor evangélico Harold Caballeros, algo que sin duda alguna agregaría otro elemento de complejidad al proceso, sobre todo para aquellos que creían gozar de una posición privilegiada, como Álvaro Colom (UNE) y Otto Pérez (PP).
Este abanico de candidatos, a los que hay que agregar otros aspirantes que, aunque tienen menos posibilidades, se muestran dispuestos a competir para ganar la Presidencia en las elecciones generales de septiembre.
En el Tribunal Supremo Electoral no se descarta la posibilidad de que finalmente haya 21 partidos políticos inscritos antes de la convocatoria el 2 de mayo, lo que podría suponer una de las más elevadas participaciones en nuestra historia política.
Lo que debe quedar claro en estos momentos es que los resultados de las encuestas publicadas en el pasado y que podrían ser consideradas “preliminares” tienen ya poco valor. El surgimiento de nuevos candidatos provocará seguramente que las distancias entre los contendientes se vean reducidas y que haya más de dos con posibilidades de aspirar a la victoria en las urnas.
La buena noticia para los guatemaltecos empadronados es que aumenta la oferta política y ello obligará a que se eleve el nivel de discusión y que cada aspirante tenga que redoblar sus esfuerzos para convencer a los electores de las bondades de sus planes de gobierno y posturas ante determinados problemas.
La población acumula frustración por los reiterados fracasos de los gobiernos que han llegado con amplio margen en la votación. Es decir que hasta ahora, ningún presidente ha respondido a las expectativas que logró despertar durante la campaña electoral, en parte, porque en repetidas ocasiones se ha tenido que escoger entre el menos malo o se ha caído en el engaño de votar por el mejor parlanchín. La experiencia del electorado puede ser ahora la diferencia.
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