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EDITORIAL Una campaña muy criticable
Desde hace pocos días, el alcalde capitalino, Álvaro Arzú, inició en forma abierta una campaña publicitaria para reelegirse en el puesto edilicio más importante del país y de América Central, con lo que se cierra el círculo de los aspirantes.
Pero independientemente de los logros o de los errores de su administración, se trata de una campaña manchada por abusos y burlas a la Ley Electoral y a los vecinos de la capital, y es ésta la razón por la que debe ser analizada y criticada, al hacerle daño al ahora tan endeble proceso democrático electoral iniciado en 1984.
Algunas declaraciones hechas cuando inauguró oficialmente su campaña, el fin de semana último, demuestran las peculiaridades negativas de la forma en que la está llevando a cabo.
Señaló que no necesita hacerla, que su único adversario es la Prensa –la independiente, claro está–, y da por descontado que los capitalinos están no sólo felices sino sumamente agradecidos por el hecho de que haya decidido participar de nuevo en la pelea por alcanzar un puesto desde el cual se lanzó a la Presidencia de la República hace algunos años.
Dos temas son dignos de criticar. Uno es el que tenga mucho tiempo de estar haciendo campaña en los medios integrantes del monopolio de la televisión abierta. Éstos presentan como propias las filmaciones hechas por personal de la alcaldía, con fondos de la corporación municipal, lo que significa utilizar el dinero de los contribuyentes de manera criticable e incluso ilegal.
Se trata de propaganda disfrazada, en una etapa en que el Tribunal Supremo Electoral se esfuerza en poner límites a la compra de voluntades por medio del regalo oficioso del tiempo en la televisión de los canales abiertos. Esta es una manera ventajosa de competir con los demás aspirantes a la alcaldía metropolitana.
La segunda razón para criticarlo es la realización del mitin del fin de semana recién pasado, en el cual se oficializó su candidatura. Numerosos empleados municipales fueron obligados a participar en la concentración y a atender a los vecinos transportados en unidades del servicio urbano.
Es necesario que la municipalidad capitalina explique todo lo relacionado a esto, ya que Arzú, en su calidad de líder político del partido Unionista, necesita aclarar cualquier duda acerca de la corrección de sus actividades como aspirante a un puesto de elección popular.
El caso de Arzú trae a cuento el tema de la necesidad de que a los alcaldes que quieren reelegirse se les impida legalmente mantenerse activos en su puesto mientras luchan por la jefatura edilicia, no sólo de la capitalina, sino de la de cualquier municipio.
Una de las características que exigen la mínima equidad y ética políticas es que no todos los aspirantes compitan en igualdad de condiciones.
Ese nuevo ejemplo de aprovechamiento indebido, al ser tan común en el país, es una de las razones por las que los ciudadanos tienen tan mal concepto de los políticos como grupo, y de la política como actividad digna de admiración.
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