|
TIEMPO Y DESTINO Contaminación de las elecciones
El sistema electoral todavía tiene grandes debilidades.
Por:
Luis Morales Chua
El cambio de funcionarios públicos, cada cuatro años, mediante elecciones generales, ayuda poco en la solución de los grandes problemas nacionales, entre los que figuran: discriminación, pobreza, mal sistema de salud pública, enormes carencias de los programas educativos, creciente desempleo y sus terribles consecuencias, corrupción administrativa, inseguridad pública, violaciones a los derechos humanos, fiascos en la diplomacia –caso Portillo y fracaso en la candidatura para un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas–; saqueo de recursos naturales y debilidades de la administración de justicia, por falta de fondos para el Organismo Judicial y los entes públicos encargados de la persecución penal.
Sin embargo, las elecciones no deben ser suprimidas, pues seguiríamos peor sin ellas. Mas, el fracaso nacional está a la vista. Guatemala es incluida, en los análisis internacionales, entre los Estados fallidos, y les resulta imposible evitar colocar a nuestro país en los más bajos escalones del desarrollo humano; a lo cual sumemos la contaminación de los procesos electorales, por los siguientes motivos:
1. Los ideales cívicos se baten en retirada ante el poder y el interés del dinero.
2. No todos los partidos tienen programas de largo alcance y algunos son formulados de prisa, como un odioso requisito, cuando se aproxima la convocatoria a elecciones.
3. Los grupos políticos dominantes no presentan claras diferencias y como puntos salientes de sus avisos publicitarios tienen el ofrecimiento de terminar con la pobreza y poner fin a la criminalidad, tema éste estrenado y no cumplido, en la campaña preelectoral de 1957 –con aquello de la mano de acero inoxidable, del general Miguel Ydígoras Fuentes– y que sólo son armas para la captación de votos. Así, la pequeña parte del pueblo que vota corre tras ellos, cautivada por el señuelo de que, ahora sí, sus problemas le serán resueltos, y tres años después, cuando la desilusión oscurece el panorama nacional, se repiten las escenas de multitudes corriendo tras los candidatos.
4. La contaminación preelectoral de este año tiene los siguientes ingredientes tóxicos:
4.1. Continúa la injusta y condenable exclusión de los emigrados para ejercer, desde los lugares donde residen, su derecho al voto.
4.2. Hay dudas razonables acerca de la pulcritud del padrón electoral, integrado por cerca de seis millones de ciudadanos, abrumador listado que no puede ser depurado por las autoridades electorales, ni controlado por los grupos participantes en la contienda.
4.3 El partido oficial afirma tener 800 mil afiliados, con lo que proyecta un potencial de dos millones 400 mil votos, ya que cada uno de ellos influye, por lo menos, en tres ciudadanos, familiares y amigos, dispuestos a ejercer el sufragio. Sin embargo, las encuestas otorgan a ese partido apenas 8.1 por ciento de apoyo popular.
4.4. Recursos del Estado –como el uso de Q100 millones en publicidad de obras públicas, y Q900 millones más en pago a los ex patrulleros de Autodefensa Civil, con fines electoreros– siguen siendo utilizados políticamente.
4.5. El oleaje de criminalidad, que incluye asesinatos de 45 activistas políticos, alcaldes y candidatos a puestos de elección popular, incidirá en las votaciones.
4.6. La falta de controles eficaces acerca de la procedencia del dinero utilizado por algunos grupos políticos envenena el proceso preelectoral en toda su dimensión.
4.7. La enfermiza constitución del sistema impide vetar candidaturas de personas señaladas de haber participado, o participar, en actividades ilegales, lo cual coloca a Guatemala en la posibilidad de ser gobernada, en el futuro, por un ciudadano no recomendable, como ha sucedido varias veces en los pasados 43 años, o por un usurpador.
¿Y aquí termina todo? No. Hay mucho más.
|