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COLABORACIONES Agujero, aún sin solución
Expertos estructurales señalan que se han proporcionado propuestas científicas de sobra para solucionar el hundimiento de tierra en el barrio San Antonio, pero refieren que, a la fecha, el problema se volvió político.
Hundimiento de la discordia
Deberían asegurarse de que un hundimiento similar no se esté generando en otro punto.
Por: Edy Manolo Barillas*
El hundimiento de terreno ocurrido el pasado mes de febrero en el barrio San Antonio ha evidenciado la realidad de nuestro país en materia de respuesta ante desastres: nos cuesta coordinar esfuerzos para la correcta y pronta toma de decisiones.
Valiosas semanas de verano fueron desperdiciadas, al principio, buscando la causa del hundimiento, que variaba desde fallas geológicas, rellenos de material y “ríos subterráneos”, hasta falta de mantenimiento del sistema de drenajes.
Luego vino la complicada fase de declaración de calamidad pública y asignación de fondos de emergencia. Y, finalmente, la engorrosa burocracia que limita la ejecución de los estudios técnico-científicos y las obras del colector de desvío.
Sin olvidar que durante todo este proceso las autoridades municipales han tomado diferentes posturas, menos la de asumir la responsabilidad que les corresponde. Y, en medio de todo, los vecinos de la zona ven con desesperación cómo el invierno y la primera tormenta tropical son ya una realidad.
Técnica y objetivamente hablando, el fenómeno fue producido por una combinación de factores hidráulicos, de ingeniería y geológicos.
Según el informe elaborado por miembros de la Sociedad Geológica de Guatemala, los máximos caudales de los inviernos más recientes pudieron haber deteriorado los drenajes profundos, promoviendo la erosión progresiva de los materiales circundantes y, posteriormente, el colapso del pozo vertical de visita y el resto de la estructura.
Por un lado, las evidencias superficiales, el historial sísmico y la forma cilíndrica del agujero descartan la influencia de una falla y, por el otro, las características de las capas geológicas hacen poco probable la existencia de material de relleno.
Queda, pues, aceptablemente entendido el proceso de origen del hundimiento. Seguramente los resultados de los estudios que se están realizando corroborarán o modificarán estas interpretaciones preliminares.
Es tiempo de iniciar el proceso más adecuado y menos costoso para el relleno y rehabilitar las viviendas afectadas. Esa es la única forma de devolverles la tranquilidad a los vecinos del barrio San Antonio.
Sin olvidar que si la teoría de origen del hundimiento es acertada, las autoridades municipales y del Gobierno central deberían asegurarse de que otro adicional no se esté generando en algún otro punto de intersección de drenajes profundos en la zona metropolitana.
(*) Presidente Sociedad Geológica de Guatemala.
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Sin certeza de solución
No se vislumbra una solución, y se pone de manifiesto la descoordinación del Estado.
Por: Omar Flores Beltetón*
El inicio de la época lluviosa era una de las mayores preocupaciones de la comunidad científica, la sociedad guatemalteca y los vecinos alrededor del peculiar agujero que se formó en el barrio San Antonio, zona 6, porque la situación se podría agravar.
Las autoridades no han sido capaces de responder con certeza cuándo se harán las reparaciones del sector.
Ya se han vertido informes científicos del posible origen de la catástrofe, y se dieron lineamientos de los estudios necesarios para establecer el grado de seguridad.
Todos vertieron su opinión: el comité científico de la Conred, la Sociedad Geológica de Guatemala, la Asociación Guatemalteca de Ingeniería Estructural y Sísmica, el Colegio de Ingenieros de Guatemala, el Centro de Estudios Superiores de Energía y Minas de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de San Carlos de Guatemala, así como varios consultores privados, e incluso la comunidad internacional, que ofreció apoyo para las investigaciones, el cual aún no se ha utilizado.
La discusión pasó del plano técnico-científico al político. Las elecciones que se avecinan han provocado la evasión de responsabilidades, por el desgaste que esto conlleva.
No se vislumbra una solución, y se pone de manifiesto la descoordinación del Estado para dar respuesta a la emergencia, cuando el tema de la Gestión de Desastres debería ser ya un eje transversal de desarrollo.
Mientras no exista la política de prevenir y mitigar las amenazas, sean naturales o antrópicas, nos veremos siempre en la negra situación de echar a perder las inversiones que en materia de infraestructura se hagan.
Hace falta también hacer uso de la investigación científica para el desarrollo de nuevos proyectos habitacionales e infraestructura física. Existen mapas que delimitan las zonas de peligro, pero no se hace uso de éstos para legislar y prohibir los asentamientos.
Debe evaluarse la vulnerabilidad física de la infraestructura y determinar el grado de susceptibilidad que existe para enfrentar fenómenos naturales, y tomar las medidas de reforzamiento.
La Facultad de Ingeniería de la Usac, por su parte, inicia a partir del próximo semestre un curso sobre Gestión de Riesgo a Desastres, para todas las carreras que ofrece.
“No debemos ahogarnos en discusiones irrelevantes cuando hay un problema inmediato por resolver”.
(*) Facultad de Ingeniería, Universidad de San Carlos de Guatemala.
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