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CATALEJO Neoliberalismo vrs populismo
Me parece necesario empezar a analizar cómo son realmente las ideas del neoliberalismo y del populismo.
Por:
Mario Antonio Sandoval
UN VIEJO AXIOMA REFIERE la relación entre las acciones y las reacciones. En el campo político es fácilmente comprobable: cuando se produce una acción, va acompañada de una reacción contraria. El caso más claro es el del comunismo y el anticomunismo. El surgimiento del primero dio motivo al aparecimiento del segundo. Por lo general, cuando alguien está en contra de un movimiento, apoyará a su contrario, sólo para descubrir —a veces pronto, a veces mucho tiempo después— el error de simplificar al mundo en bueno y malo, negro y blanco. La realidad es muy otra: la bondad y maldad tienen mucho de relativo y por eso dependen de factores como la ideología, la realidad histórica e incluso hasta el factor puramente geográfico.
HACE ALGUNOS AÑOS, con el derrumbe de la Unión Soviética, las ideas capitalistas triunfaron sobre las socialistas, pero analizadas como base de un sistema político excluyente. La velocidad de este fenómeno político, no inesperado pero sí sorprendentemente rápido en su etapa final, llevó incluso al extremo de permitirle a un intelectual estadounidense con ascendencia japonesa asegurar el fin de la historia. Muy pronto quedó claro el total absurdo de esta frase, por razón de un hecho simplísimo: habrá historia mientras haya seres humanos, y mientras siquiera uno de ellos se tome la molestia de escribirla, con todo y los grandes riesgos implícitos en hacerlo desde una perspectiva equivocada, desbalanceada o simplemente mentirosa.
LA IMPLANTACIÓN DE un desarrollo de las ideas liberales de los filósofos del siglo XVIII, pero en una especie de nueva versión, dio origen al término de “neoliberalismo”, adecuado por cuanto señala una etapa histórica distinta, es decir, el final del siglo XX, y por ello aunque al principio tenía una connotación burlona o despectiva, a mi parecer es adecuado. Como concepto contrario, empezó a aplicarse el término populismo, ya conocido aunque también con alguna diferenciación en cuanto a su significado político. Dentro de la simplificación conceptual típica en la sociedad humana contemporánea, se les ha identificado como contrarios, mutuamente excluyentes, y sobre todo con la calificación de bueno o malo según quien los analiza o utiliza.
CONFORME NOS ADENTRAMOS en el segundo lustro de este siglo, en diversos países latinoamericanos se ha hecho claro el aparecimiento de una corriente política contraria al neoliberalismo, sobre todo en cuanto a apoyar el individualismo al punto de negar de hecho la unidad del conjunto social en su totalidad o en cada uno de sus factores. El neoliberalismo, anunciado como una especie de panacea para la solución de todos los problemas políticos y sociales del ser humano, se encuentra ahora sumergido en el problema de explicar por qué en nuestro continente no se han hecho realidad los beneficios de aplicar sus criterios, muchos de ellos exitosos en sociedades con otro tipo de niveles educativos, así como de tradiciones históricas.
EL CRECIMIENTO DEL APOYO al ahora llamado populismo es una reacción ante la aplicación químicamente pura de conceptos ideológico-económicos, cuyo principal problema radica en considerar a la economía como la única base real de la acción humana. Ahora ese neopopulismo, aplicado en forma igualmente simplista, está de moda y por ello a nadie debe sorprender si dentro de pocos años empieza el péndulo a regresar del extremo a donde llegó. Ninguna idea humana es intrínsecamente mala, pero tampoco es una solución para todo. Es necesario mezclarla con otras, para lograr una posición más balanceada, colocada entre dos extremos pero no necesariamente equidistante, porque nadie tiene la Verdad. Si mucho, sólo algunas de sus partes.
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