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INDEPENDENCIA Vergüenza
Mentes de cemento parecen ser las que gobiernan.
Por:
Juan Callejas Vargas
Las sabias abuelitas siempre han dicho: “Hijo, lo último que se debe perder en esta vida es la vergüenza”, es decir, ese sentimiento al cual nos llama la conciencia, al no estar cumpliendo con decoro, respeto y máximo cumplimiento para con quienes tenemos compromisos de cualquier naturaleza.
La dignidad de la Presidencia de la República de nuestra nación es la máxima estatura del deber para quienes la ocupan. Sin duda, este concepto, por su estatura ética, moral y de principios, no es parte del diccionario de gran parte nuestra raza política actual y menos aún de su excelencia, el señor presidente de la República.
Hace varios meses, al abordar el tema de Taiwán en mi artículo titulado “Prostitución del Gobierno”, apunté lo siguiente, haciendo uso de una importante referencia de los clásicos Diálogos de Platón:
“... Y también es vergonzoso entregarse a un hombre poderoso y rico, ya sea que sucumba por el dinero o la esperanza de optar a empleos; porque además de que estas razones no pueden engendrar nunca una amistad generosa, descansa por otra parte sobre fundamentos poco sólidos y durables...” (Diálogos de Platón, El banquete o del amor).
“Cito esta expresión de los Diálogos de Platón porque ilustra el actuar de nuestras autoridades en su ramera conducta en el manejo de la cosa pública.
Por un lado, y hace ya varios años, la triste historia del ex presidente Portillo, seguida sin mayores criterios de valor y consideraciones de dignidad nacional de su ilustrísimo señor presidente constitucional de la República licenciado Óscar Berger Perdomo, quien con la venia de sus cortesanos, no ha dudado en entregarse ligeramente a Taiwán y llegar hasta la firma de un tratado de libre comercio, a pesar de los señalamientos con pruebas documentales -cheques físicos- sobre la promoción de corrupción, falta de transparencia y demás epítetos, a los que dicho país se ha hecho acreedor en virtud de acciones que por medio de su Gobierno ha venido practicando en Guatemala”.
Hoy, nuevamente es imposible callar, y por amor a nuestra nación, hemos de levantar la voz, puesto que no es posible seguirle permitiendo a este incapaz señor, titulado presidente de la República, continuar presentándonos al mundo como viles proxenetas.
Una vez más, el señor presidente de la República somete la dignidad de nuestra nación a los aviesos intereses económicos de corto plazo, y por unos millones de dólares más, en contra de la misma recomendación de su canciller, ignora las condiciones económicas, políticas y sociales del presente y futuro, para declarar una alianza con el Gobierno de Taiwán, de quienes además de unos dólares de asistencia que por supuesto regresarán con creces a sus bolsillos, hemos tenido la vergonzosa actitud y conducta probada de ser copartícipes de la corrupción a los más altos niveles políticos en el país.
Todo esto, gracias a mentes y espíritus corruptos y moralmente desequilibrados de connacionales que siguen al dios de nuestros días: el dinero.
Mentes de cemento parecen ser las que gobiernan. Mentes de cemento, donde las consideraciones de dignidad, respeto, soberanía y patria son solamente romanticismos del pasado, puesto que lo que manda es hacer plata, aunque esto signifique construirla sobre la miseria económica que genera hambre y muerte física; la miseria emocional que genera hambre y muerte de la valía de ser hombre; la miseria espiritual que genera hambre y termina con la imagen y semejanza de Dios en el hombre. ¡Ya basta, señor presidente; la Patria no es pedestal para que usted o cualquier abusivo la escupa y la venda por un plato de lentejas!
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