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Guatemala, jueves 28 de junio de 2007

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Opinión

ALEPH
“Terminamos con esto por ahora”

La inmigración es un problema que se le puede ir de la mano a cualquier gobierno.
Por: Carolina Escobar Sarti

Esas fueron las palabras de Harry Reid, líder de la mayoría demócrata del Senado estadounidense, refiriéndose a la postergación del debate sobre la reforma migratoria que supuestamente sería la más importante de las últimas dos décadas.

La frase fue pronunciada por el senador hace tres semanas, cuando el proyecto de ley que buscaba legalizar a 12 millones de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos fue detenido principalmente por legisladores republicanos, quienes pidieron más tiempo para revisar y enmendar dicha iniciativa.

Finalmente, parece que entre hoy y mañana sabremos si la reforma migratoria va o no va. Sin embargo, y de cualquier manera, al Gobierno de los Estados Unidos parece no importarle mucho cuál es la decisión que tomen los legisladores, porque ya está tomando cartas en el asunto.

Si hasta finales del año pasado las deportaciones a nuestro país desde el norte por vía aérea sumaban poco más de 18 mil personas, ahora -a mitad del año- se calcula que la cifra se aproxima a las 11 mil personas deportadas, lo cual nos ofrece una proyección cercana a las 24 mil deportaciones para finales de este año. Esas cifras preocupan por varias razones.

La primera es que ya se habla de una angustia generalizada entre los inmigrantes en ese país que llevan años sin ver su situación legal resuelta; se mencionan casos de hostigamiento y persecución contra ellos, incluso entrando a viviendas o jardines para llevarse a los que se esconden en sus casas por temor a ser deportados o a aquellos que trabajan, por ejemplo, como jardineros.

Esto nos habla de prácticas que erosionan cualquier democracia: por un lado algunos gobiernos locales parecen apoyar a los inmigrantes; por el otro, el gobierno federal toma medidas radicales contra ellos y sus empleadores, sin que medie por lo menos un debate en el Senado.

Preocupa también que resurjan grupos como el del xenófobo y supremacista blanco Martin Millard, quien tiene carta blanca para ejecutar un plan en Costa Mesa que prohíbe a las familias latinas y latino-estadounidenses jugar futbol en el parque Paularino, ubicado en una zona residencial.

En esa misma ciudad han sido apresados varios inmigrantes por cuestiones tan ridículas como manejar bicicleta contra la vía; luego quedan fichados como criminales. Es cierto que la inmigración es un problema que se le puede ir de la mano a cualquier gobierno, como también es cierto que no todos los inmigrantes son ángeles caídos del cielo. Pero creo necesario insistir en el hecho de que Estados Unidos mantiene una buena salud en su sistema de seguridad social y en su economía, gracias a la inmigración. Tampoco se puede negar que son los inmigrantes los que han llegado a limpiar el patio trasero de Estados Unidos.

Los abusos cometidos en contra de quienes emigran hacia ese país, tanto por agentes del sistema como por empleadores, coyotes y demás personas involucradas en el fenómeno migratorio, han de ser evidenciados y solucionados. Por ejemplo, hay una empresa demandada hoy por inmigrantes guatemaltecos, a quienes les fueron decomisados sus pasaportes por los empleadores y a quienes se les ofreció un trabajo de 40 horas semanales, por el cual les pagarían US$7.50 la hora; la empresa terminó pagándoles mucho menos por trabajar el doble de horas y, además, les cambió el lugar de trabajo sin consulta previa. ¿Quién los apoya ahora?

Muchas veces dije sarcásticamente que “hasta” sería mejor volvernos colonia gringa, así tendríamos los privilegios sin tener que vivir los abusos y la dependencia. Las fronteras estarían abiertas, formaríamos parte del imperio y los más entusiastas discípulos del norte no tendrían que pasar la vergüenza de decir que son ciudadanos guatemaltecos.

Se lo tomaron en serio: en una reciente sesión del parlamento centroamericano, el presidente hondureño sugirió que conformáramos una sola nación centroamericana, y para bautizarla propuso “Estados Unidos de Centroamérica”.

Por supuesto, su homólogo salvadoreño aplaudió sin parar. Con propuestas como esa, parece que no tendremos mucho de qué preocuparnos; ni de las arbitrariedades, ni de las deportaciones, ni de los desarraigos que enfrentan de nuevo las personas que llevan años allá y se ven obligadas a volver. ¡Qué suerte!

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