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EDITORIAL Doce millones de damnificados
El Senado de Estados Unidos, con su decisión -por 53 votos contra 43- de impedir, por segunda vez, la reforma migratoria apoyada por el presidente George W. Bush, deja en el limbo a 12 millones de migrantes, y abre comentarios negativos no sólo en los presidentes de los países más afectados, sino en los millones de hogares que se benefician del dinero ganado por los indocumentados, quienes ahora ven afianzarse el drama de ser considerados criminales por el simple hecho de no tener papeles en orden.
La decisión tuvo mucho de politiquería partidista. Los sectores conservadores, en un ataque de pensamiento retrógrado, al impedir la reforma le ocasionaron una derrota política al presidente estadounidense, pero al mismo tiempo sacaron el tema de la lucha electoral previa a las elecciones del año entrante, ya que el tema no podrá tratarse antes del 2009.
No es una exageración lo expresado por los presidentes Felipe Calderón, de México, y Antonio Saca, de El Salvador, quienes al calificar lo ocurrido como un error, se unieron a lo expresado por el presidente Bush en cuanto a estar descorazonado por lo ocurrido, que tiene como efecto, en la práctica, el aumento de la migración ilegal, con su trágico saldo de muertes, vejámenes de todo tipo, malos pagos y toda la larga serie de sacrificios que sufren los indocumentados.
Lo ocurrido en el Senado de Estados Unidos es lamentable, porque afianza la percepción de que ese país se ha convertido en un lugar incómodo, poco grato y peligroso para quienes allí residen ilegalmente pero que contribuyen, con su trabajo, a realizar tareas no atractivas para la mayoría de ciudadanos estadounidenses. Una de las causas por las que no aumentan los precios de la comida y otros bienes y servicios es la participación de indocumentados. Por aparte, al reducirse los envíos de remesas a los países recipiendarios, aumentará la cantidad de quienes se ven obligados a emigrar al norte.
Pero lo más deplorable de todo esto es la decisión del Senado de hacer de Estados Unidos un país hostil para inmigrantes, a pesar de que debe mucha de su fortaleza económica al aporte de ellos. Esta nueva actitud solamente puede tener como consecuencia un aumento de las tensiones sociales generadas por los constantes ejemplos de discriminación que han sido comunes a lo largo de estas décadas.
Guatemala será, poca duda cabe, uno de los países más afectados por lo ocurrido ayer en Washington. La economía nacional tiene una dependencia directa de las remesas, y no parece haber motivo para pensar que ésta terminará o se reducirá sustancialmente en los próximos años.
Estados Unidos no quedará ileso de la medida senatorial. Los efectos serán económicos -al afectarse la competitividad de los productos de ese país-, pero también sociales -al crecer la cantidad de personas que, poco a poco, pierden su aprecio por esa nación-. Por eso puede decirse que, con lo ocurrido ayer, todos perderán, más temprano que tarde, con pocas posibilidades de cicatrizar esa herida.
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