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CATALEJO Reacciones contrastantes
Recibí por correo electrónico dos artículos escritos por salvadoreños respecto del caso de los diputados.
Por:
Mario Antonio Sandoval
GRACIAS A LA TECNOLOGÍA actual de la comunicación, en fracciones de segundo es posible enterarse en el mundo entero de lo ocurrido en cualquier país y de los comentarios de personas, al haberse eliminado la distancia geográfica. Por eso los guatemaltecos podemos expresar nuestras opiniones y al mismo tiempo conocer las de otra gente en referencia a nosotros. Este tema viene al caso a causa de la manera como algunos pocos salvadoreños están reaccionando con referencia al asesinato de los diputados parlacenistas. Quiero hacer referencia a dos casos, de los cuales me enteré porque me fueron enviados por personas amigas residentes fuera de Guatemala, pero al tanto del acontecer nacional e internacional por medio de Internet.
EL PRIMERO ES EL MENSAJE de Ricardo Montenegro, cuya dirección electrónica es rmontenegro@unifersa.com. En un ejemplo de estulticia y de falta total de serenidad, este señor pide a los salvadoreños “no visitar Guatemala nunca más”, porque las “historias de horror en la carretera de Guatemala son diarias, de gente común y corriente”, y porque “jamás” a un guatemalteco se le ha tratado mal o ha sido asaltado en El Salvador, y porque “los guatemaltecos no nos reciben con los brazos abiertos”. Sugiere: “No compremos nada de origen guatemalteco. Revisemos las etiquetas antes de comprar”. Y termina, por supuesto, con un “Viva El Salvador”, luego de tácitamente descalificar al presidente Saca porque ha pedido prudencia a los salvadoreños.
POR SU PARTE, JAVIER BARBA, en un artículo de La Opinión digital (henrik.rehbinder@laopinion.com), considera a este asesinato como “muestra clara de que se ha salido de control el quehacer delincuencial al más alto nivel”... “es un desafío al Estado salvadoreño y al gobierno de Arena...”. Se refiere al fin de la guerra en 1992, cuando fueron disueltos los batallones contrainsurgentes y sus integrantes “quedaron fuera de las estructuras formales...”. Agrega: “Las modificaciones institucionales... han cambiado la vida política de El Salvador, pero no aplacaron el factor de la violencia generalizada, que ya para 1996 había vuelto a encarnar, y con fuerza”. Todo esto, dice, “indica que hay tenebrosos hilos invisibles operando en América Central”.
EL PRIMER ARTÍCULO es irreflexivo, hepático y sería risible si no fuera porque lo ocurrido es muy serio. Sus errores: quiere afectar el turismo hacia Guatemala, cuando no fueron turistas las víctimas; según él, jamás un guatemalteco ha sido asaltado o asesinado en El Salvador, lo cual simplemente no es cierto. Además, insta al odio, lo cual es lamentable. Exigir al presidente Berger y “al pueblo entero” una disculpa, ya no tiene calificación posible. Es irracional ver peligro para los turistas por la muerte de tres políticos. El segundo artículo presenta otro tipo de criterio. Y sin entrar a calificarlo ni a analizarlo, demuestra cómo el asesinato de los diputados es un hecho cuyo repudio rebasa toda frontera, geográfica, ideológica y de cualquier otra índole.
SIN EMBARGO, QUEDA CLARA una vez más la gravedad de los dos casos. Ciertamente las autoridades guatemaltecas tienen la obligación de investigar y de pedir ayuda internacional. Pero es importante además una relación estrecha entre los presidentes Berger y Saca para evitar el desborde de pasiones, aunque a cada quien le toque cumplir con sus obligaciones. El papel de los medios de comunicación también es crucial, porque no pueden convertirse en fomentadores de patrioterismos a ultranza en un mundo donde la supranacionalidad avanza a pasos agigantados. La criminalidad es problema de todos, al superar fronteras. Las dos reacciones diversas demuestran, a mi juicio, la importancia de actuar con celeridad en tiempos de crisis.
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