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HORIZONTES No se nos irá
Hermanos chapines: a Guate, la vamos a poner de pie. ¿Acaso no podemos?
Por:
Francisco Beltranena.
¿Cuánta dosis de pesimismo, y del real, está inundando nuestros ánimos en estas últimas semanas?
¿Cuánto de ese pesimismo se nos reafirma día a día: entre más cadáveres, asaltos, robos y secuestros que terminan en asesinatos y testigos que son torturados y luego asesinados?
Perfectamente lícito sería preguntarse: ¿Y ahora qué más puede pasar en nuestra Guate?
Los jueces, no todos, por supuesto, tienen un precio. La Policía nos provoca miedo, y en las cárceles -a pesar de lo que nos habíamos creído- predomina el crimen; las autoridades dan la apariencia de darse a la fuga.
El Gobierno confunde y se confunde en sus propias versiones, y no parece haber alguien que, además de dar la cara, logre alinear a una administración que no sabe qué decir, de lo que ha resultado ser la vergüenza más grande de los últimos días: el asesinato de tres diputados salvadoreños.
Por supuesto, si no se es capaz de darle la cara a su propia sociedad por los niveles de criminalidad imperantes, menos lo va hacer a una sociedad hermana como la salvadoreña.
Pareciera que ya logramos lo impensable: superar nuestra propia capacidad de tolerancia y de asombro. Por eso pregunto, ¿y ahora qué más puede pasarle a nuestro país?
No han sido pocos los colegas columnistas que lo han escrito y me sumo a sus afirmaciones respecto de que nuestro Estado, como modelo de organización política, está fallido, impotente, inválido y superado por la descomposición social que ha significado dejar la puerta abierta al narcotráfico, el crimen organizado y sus secuelas: la delincuencia común.
Y lo que es peor, con aquellos males, se ha ido lo poco que quedaba de confianza.
Ahora, más que nunca, la ciudadanía puede afirmar que pareciera que el país se nos ha ido de las manos, así de simple.
Pero debemos ser francos y sinceros: todos somos responsables de esto. Y por lo mismo, todos debemos ser parte de la solución.
Cierto, puede parecer de consuelo que en tan sólo 10 meses, estaremos renovando autoridades, y con ello, nuestro ánimo y expectativa. Pero no hay que ser tan cándidos.
Guatemala es nuestra responsabilidad y debemos rescatarla hoy, no mañana, y no por hacerle el favor al gobierno de la Gana; es por nosotros y nuestros hijos y nietos.
Tenemos que renovar nuestra fe en el país. Debemos ser sinceros y reconocer que no podemos seguir dando la espalda a Guate y permitir que una mala gestión nos siga haciendo ciudadanos secuestrados de un sistema fallido y del crimen, que para efectos de percepción y opinión pública vienen siendo lo mismo.
Hermanos chapines: a Guate, la vamos a poner de pie. ¿Acaso no podemos? Por dignidad, con carácter, y poniendo con inteligencia en uso las joyas de la familia, por nuestros propios hijos y las futuras generaciones. Lo que hoy nos acontece no debe humillarnos. Al contrario, debe ser un acicate que se nos ha hendido en los costillares y nos va a hacer reaccionar.
Tengan la certeza de que vamos a superar la vergüenza que hemos sufrido en los últimos días, exponiendo al mundo que somos capaces de librar esta guerra, en la cual el mal pretende a nuestros niños, a nuestros jóvenes, nuestras calles, familias y sociedad.
En pocas palabras: simplemente quiere a nuestra patria. Por amor a nuestro terruño y a los nuestros, con fe, decisión y arrojo, guatemaltecos, vamos a salir de esto. ¡Ánimo!
Tal vez alguien diga que soy iluso; no me importa. Confío ciegamente en nuestras capacidades. Hemos visto lo peor.
El pesimismo, la cruda realidad y el vendaval de malas noticias, más que acallarnos y aplacar nuestro orgullo de ser guatemaltecos, debe ser el punto de partida para reaccionar, porque Guatemala no se nos irá de las manos, y menos de nuestro corazón.
Hermanos chapines: pongámonos de pie, entonces. Sí, pongámonos de pie hoy; demostrémonos de lo que estamos hechos. Tengamos fe en nosotros y no en nadie más.
Salvemos y rescatemos nuestra Guate, que no se nos irá de las manos.
¡Hasta la próxima!
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