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DE MIS NOTAS Notas extrañas
Desde afuera, las percepciones cambian.
Por:
Alfred Kaltschmitt
Cumplir con mis columnas cuando viajo al extranjero me resulta un tanto extraño. Percibir a Guatemala desde afuera le concede a uno cierta distancia crítica para distinguir, de un modo distinto, matices e inferencias de lo que acontece en este nuestro terruño.
Desde afuera del mapa, veo a mi país con ojos más benignos y tiendo al análisis macro, observando más el cuadro grande que las cuitas de lo micro, con sus cargas minúsculas.
Al vivir por unas semanas en otros sistemas funcionales, esta sensación se acrecienta. Durante las últimas semanas, he estado visitando las ciudades de Seattle y Houston.
En ambas lugares, las noticias de los diputados salvadoreños asesinados se pierden entre la vorágine de reportajes locales. Hoy veo en Fox News el caso de un hombre que mató y descuartizó a su esposa.
La principal noticia hace unos días era la muerte de la modelo Nicolle Smith, de grandes senos “siliconeados”, cuyo único mérito fue haberse casado con un octogenario multimillonario que a los pocos meses murió, legando no sólo una fortuna inmensa, sino también un menudo lío jurídico entre los hijos del difunto y su exuberante viuda.
Los reportajes destacaban más esta simple historia que las decenas de muertos ocurridas en la guerra de Irak, o el sobrecalentamiento de la economía de China, que ha hecho temblar a todas las bolsas mundiales. Es evidente que la cobertura mediática se centra en satisfacer más bien la demanda del “gran público”, que en hacer buen periodismo dimensionando correctamente la oferta noticiosa.
Desde aquí, cuán minúsculas resultan la interpelación del ministro de Gobernación, la reunión del BID, o la reunión de ministros de Economía de la región, para hablar, por enésima vez, de la unión aduanera; o las últimas encuestas de los presidenciables, revelando números estancados.
En medio de todo esto, mi realidad aquí en Houston, en un precioso día asoleado, es cuidar de Valeria, mi nieta de 18 meses, quien me pide, por novena vez, la vuelva a subir al tobogán. Esta es mi realidad.
Y los monosílabos y risitas de esta inocente criatura anulan la estridencia de cualquier acontecimiento noticioso. Mientras juego con mi nieta, pienso en la salud de mi hija Jackie, quien está padeciendo unas migrañas muy intensas desde hace meses.
Me ha pedido me quede unos días más para ayudarla con su hija, mientras se hace exámenes médicos. Debí regresar a Guatemala ayer lunes. Pero a estas alturas de mi vida, la escala de mis valores define mis prioridades. Me quedaré unos días más.
Ahora, mientras estoy sentado escribiendo esta columna, viene a mi memoria lo que hace unos días le compartía a un querido amigo y colega columnista sobre mis inquietudes de Guatemala.
“Si no atacamos los problemas de fondo de nuestro país, jamás lograremos superarlos”, le decía. “Tenemos un sistema fallido. Debemos hacer una profunda reforma política que permita remontar nuestras carencias más sentidas, en seguridad y justicia, y una reingeniería total del poder Legislativo, cuya función cada día está más divorciada de la realidad de nuestro país”.
Todo lo que se haga en la periferia de esta reforma política es pura politiquería cosmética.
Porque, enfrentemos la realidad: llegue quien llegue al poder, no podrá hacer sino más de lo mismo. El mismo esfuerzo inútil con el mismo resultado limitado.
Lo que no menguará es el espacio para servirse con la cuchara grande y entramparse en la futilidad de las rencillas politiqueras de siempre.
El inicio de la campaña cívica promovida por Asociación pro Reforma, para la reforma del Estado, enfoca su razón de ser en poder establecer, mediante reformas constitucionales, un verdadero estado de Derecho que permita erradicar los gobiernos incapaces, eliminar la ineficiencia económica y la corrupción.
Es una luz al final del túnel. Ojalá todos estemos dispuestos a apoyarla.
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