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En la jugada: Fútbol abandonado
Por:
Hugo Castillo
Me ha llamado poderosamente la atención observar los graderíos desolados y con pocos aficionados en los últimos partidos que han jugado de locales rojos y cremas, y no sé si alguien ha efectuado un estudio sobre las causas que han hecho que los seguidores se alejen paulatinamente.
El promedio de asistencia a los estadios ha disminuido dramáticamente, y aunque en las canchas departamentales los ingresos son mejores, no es suficiente para ayudar a las paupérrimas economías de los clubes que con los aportes de patrocinadores van pasando la tormenta del pago de sueldos.
Sería aventurado decir que por x o y causa los aficionados prefieren quedarse en sus hogares, disfrutando de la compañía de la familia y con un extenso menú de fútbol internacional, que va desde los insoportables partidos del sub-17 sudamericano, hasta el muy buen clásico español Barsa-Real.
La televisión podría ser una causa, pero también pesan los pobres resultados obtenidos por nuestras selecciones nacionales que poco a poco han decepcionado a los consumidores de fútbol.
Pero también los desmanes y payasadas de varios dirigentes ponen su granito de arena, como aquellos que se suben a los postes a tratar de calmar a sus enfurecidos hinchas violentos, o los que falsifican camisolas, incluso los que usan los equipos como plataformas políticas.
Los cafres también contribuyen, esas pocas pero muy dañinas llamadas barras bravas, imitaciones baratas y mal hechas de las porras argentinas que tienen de rodillas al fútbol de aquel país.
Un sector de la prensa deportiva no escapa a la crítica, sobre todo los que crean mundos ideales, hacen creer que tenemos la liga más poderosa del planeta y casi siempre se suben al carro del positivismo, todo lo ven lindo y todo es perfecto. Son de aquellos que siempre miran el vaso medio lleno, a pesar de que las estructuras del fútbol necesitan que sus cimientos sean reforzados inmediatamente.
El aficionado no es tonto y la suma de todo esto ha hecho que cada vez sienta menos entusiasmo por asistir a los estadios.
Cambiar, mejorar y que los escenarios se vean como los del fútbol mexicano, para citar un ejemplo cercano, es la tarea obligada de los dirigentes.
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