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Plástica: Dos Escultores
Max Leiva y Luis Díaz
Por:
Irma de Luján
La galería Carlos Woods dedica al escultor Max Leiva una exposición en donde participan los doce escultores internacionales que asisten al primer festival de escultura.
El interés concreto de la escultura de Max Leiva está centrado menos por el tema que por el problema, el cual el mismo concepto le propone. Existe una exigencia técnica en su obra por lo que se abre una amplitud de criterios en lo conceptivo, lo que se traduce en esplendidos resultados, prototípicos, solucionando la expresión técnica a la que ha llegado, en donde participan tanto la riqueza de continente como la libertad de contenido.
Siempre con un más allá de sus posibilidades. Todo en su obra es reflexión, meditación y sobriedad. Sabe transformar la dureza del acero en delicada dicción o en proclama.
Su escultura no tiene gravedad, vive en el espacio con la fuerza de su propia dinámica. Ha llegado a la situación preponderante en su escultura, que el plan principal sea el espacio, manipulando al vacío ("Tensión Vertical").
En algunas de sus obras ha llegado la situación que el vacío, o sea el vacío del plano, sea lo que dota de mayor expresividad a su obra. Pero estos vacíos se forman en el conjunto estructural, incrementando el grado de sutileza y así acentuar las fuerzas de tensión de las varillas de acero.
Si tuviera que definir la escultura de Leiva, creo que subrayaría su coherencia existencial, reforzándose cada elemento mutuamente con un sentido integrador. Evita lo superflo y la complacencia con el espectador.
Luis Díaz: El maestro Luis Díaz nos presenta un tipo de escultura depurada y a la vez compleja en su expresión coherente y como una unidad sin fisuras. El escultor nos propone un binomio de texturas, piedra-cristal. En estas esculturas vemos la genérica dualidad de todo lo que nos rodea o más bien la síntesis genética de las vivencias esculturales que en el mundo han sido llevados a escala de objeto.
Luis Díaz no hace concesiones para exaltar el objeto escultural. Logra la conciliación objetual de crear una forma, el círculo en un espacio abstracto, la piedra. No renunciando de esta manera a ciertas categorías estéticas en beneficio de la expresión.
Se polariza en esa típica antinomía propuesta por el surrealismo, para promover la sorpresa en alianzas aparentemente antagónicas y que estas den la impresión que no fue el artista el que las creó sino la naturaleza.
Su obra actual me parece una de las más interesantes de sus propios planteamientos en la que toda su obra resalta la inigualable pureza del resultado. Se apoya en la geometría, manipula a ésta con la luz y su transparencia, juega con el círculo sabiendo que éste es el inicio final de todas las cosas.
La obra de Luis Díaz es un lenitivo al mundo en que vivimos. Su escultura no acosa, su trabajo es el resultado y la confirmación de un concepto altamente positivo, Díaz pide al espectador, pues es a él al que se dirige, a hacer una pausa, reflexionar, para poder reanudar la vida.
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