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EDITORIAL Viaje, con pocos frutos prácticos
Ninguna sorpresa tuvo la visita del presidente estadounidense, George W. Bush, a Guatemala, y por ello es válido decir que fue una actividad cuyo fin primordial era demostrar al electorado de su país la preocupación del mandatario por mejorar la relación con América Latina, y que por esta razón se mencionaron aquí, aunque en forma superficial, dos temas de interés mutuo: la situación de los emigrantes y un plan conjunto para el combate del narcotráfico.
Como se temía, en el centro capitalino ocurrieron manifestaciones de protesta que se convirtieron en desórdenes, problemas para quienes sufrieron las molestias de las bombas lacrimógenas, muchos comercios tuvieron pérdidas al verse obligados a cerrar sus puertas, y el tránsito vehicular se convirtió en un problema serio.
Fueron pintarrajeadas paredes, autobuses y vitrinas, todo lo cual hizo que el día sólo fuera normal para los medios informativos, que cubrieron los detalles de la presencia del visitante en la capital y en Santa Cruz Balanyá, Chimaltenango.
El presidente Bush mencionó la idea de realizar un plan regional contra el narcotráfico, pero no dijo cómo prepararlo, cuándo y con qué objetivos. Respecto de los inmigrantes, señaló que su país es compasivo y decente, que cree en la familia y quiere tratar a la gente con respeto, pero al mismo tiempo respeta la ley. Al decir esto, la interpretación más lógica y evidente es que muy pocos beneficios tendrán los guatemaltecos que viven en Estados Unidos sin su papelería personal en orden.
Nadie puede estar en contra de cualquier iniciativa para combatir el narcotráfico, pero ésta se queda en la nada si al mismo tiempo no se lanza una campaña paralela para desmotivar el consumo de la droga en Estados Unidos, el mercado más grande.
Tampoco se puede criticar a quien señala la necesidad de cumplir con la ley; esto es básico, pero también es necesario analizar no sólo cómo son las leyes, sino de qué manera y sobre qué interpretaciones están siendo aplicadas. En esa ambigüedad es donde radica la duda acerca de si serán efectivos los buenos deseos implícitos en las ofertas.
Una interpretación optimista permite aspirar a que en un tiempo prudencialmente corto se hagan realidad las promesas implícitas en las palabras del presidente Bush, porque él tendrá la voluntad política de utilizar su influencia a favor de las dos ideas planteadas. Pero la otra interpretación es que muy pronto, las realidades objetivas de la política estadounidense se impondrán y el asunto quedará relegado, si no al olvido, a un lugar muy secundario.
Por estas razones, muy poco se puede mencionar de la utilidad práctica de la visita del presidente Bush. Queda esperar que haya tenido la oportunidad de descubrir que en la abrumadora mayoría de casos, los guatemaltecos somos personas amigables, trabajadoras y que, como los campesinos chimaltecos, sólo esperamos que nos sea permitido llevar el sustento a las familias.
Ojalá ese detalle se convierta en cambios que mejoren la percepción generalizada acerca de cómo actúa Estados Unidos realmente.
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