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Guatemala, domingo 18 de marzo de 2007

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Nacionales

“Yo no soy clandestino, dependo del presidente”
Es un personaje poco conocido en la estructura del Ministerio, pero clave en la función de inteligencia
Por: Lorena Seijo

Foto de portada
“Yo soy amante de la verdad, y si a algo no le tengo miedo es a la verdad. Ésta se va a saber, tarde o temprano”.

Zacarías o Frank, como lo conocen las estructuras de inteligencia, es poco dado a hablar en público. En las últimas semanas su nombre real, Víctor Rivera, ha salido a la palestra, acusado de pertenecer a una estructura paralela dentro del Ministerio de Gobernación.

Es poco espontáneo, analiza detenidamente cada pregunta antes de contestar y se apoya en continuos esquemas, que dibuja a lápiz sobre hojas en blanco y que le ayudan a estructurar sus respuestas.

¿Está hoy la Policía Nacional Civil (PNC) más infiltrada por el crimen organizado que hace 10 años?

La PNC, hoy, indiscutiblemente tiene dentro de su recurso humano más y mejores elementos que antes. Por supuesto, dentro del recurso humano hay porcentajes de gente muy buena y de gente nada buena.

Lo más preocupante de este último caso (el asesinato de parlamentarios salvadoreños) es que los cuatro policías que participaron en el crimen eran considerados muy buenos en la PNC.

A medida en que el crimen organizado capta hombres de la institución, está alcanzando sus objetivos. Pero esto sucede en doble vía. Las estructuras de inteligencia también procuran infiltrar en el crimen organizado a su gente. Universalmente hacen esfuerzos para captar a personas del crimen organizado y convertirlas en doble agente. Universalmente procuran saber cada día más de la organización.

Usted dice “universalmente”, ¿pero en Guatemala se ha hecho?

Sí, en Guatemala se ha trabajado. Y en oportunidades el crimen organizado ha captado hombres, pero esto no significa que toda la Policía esté a su servicio.

¿Por qué decidieron entregar a los policías a la justicia, si sabían que esto los iba a afectar públicamente?

Nosotros tenemos como lema que no pactamos con el diablo.

Pero ellos sí quisieron pactar en la reunión que tuvieron antes de entregarlos.

Dentro de esta filosofía general de no pactar con el diablo he tenido en mi vida dos situaciones muy complicadas. En El Salvador, en 1986, cuando se descubrió que en la conformación de un grupo de secuestradores había algunos militares, se presentó una coyuntura similar. Mi respuesta al entonces ministro de la Defensa en ese país fue que había que evidenciarlos, procurar capturarlos y someterlos a un proceso judicial.

En el primer momento, esto puede significar un daño tremendo a la institucionalidad, pero en mediano y largo plazos, fortalece. Evidenciado que se trataba de hombres de la institución policial, no podía el país guardar esa verdad.

¿Qué fue lo que los policías detenidos les pidieron?

Ellos ofrecieron información sobre los autores intelectuales, pero nuestra respuesta fue que el Ministerio Público (MP) sopesaría si podían acogerse al estatus de testigo protegido. Yo, en lo personal, ¿qué podía ofrecerles?

Pero ahora se maneja públicamente que ustedes podrían haber ordenado su asesinato en prisión.

Como policía, siempre he practicado como máxima la objetividad. Las especulaciones del primer momento no son buenas. Se trataba de la muerte de cuatro integrantes de la Policía y, por supuesto, aquí hay mucho que trabajar aún en la búsqueda de la verdad, y en eso están todos los esfuerzos concentrados.

¿Usted cree que alguno de ellos tenía información que pudiera perjudicar a alguien dentro de la Policía y que esto haya generado su muerte?

A mí no me lo expresaron. Hasta ahora, no conozco ningún informe confidencial o no en el que ellos expresaran información sobre aspectos de esta naturaleza. Lo que entendimos es que ellos en ese primer momento estaban dispuestos a cooperar en establecer la autoría intelectual del crimen y la identidad de otros autores materiales del caso.

¿Usted pertenece a una unidad paralela al servicio de Gobernación?

Hablemos de la historia. A finales de 1982 y principios del 83, luego de apartarme de los servicios de inteligencia venezolanos, se conformó un programa de asistencia a los organismos de seguridad pública. Llegué a El Salvador a gerenciar ese esfuerzo de asesoramiento.

Recordemos que en aquel entonces, en El Salvador todos los organismos policiales estaban bajo el Ministerio de la Defensa, y el país vivía una coyuntura difícil.

Precisamente por esa coyuntura difícil en El Salvador se crearon grupos de ejecución extrajudicial.

Jamás, en El Salvador, un detenido, bien de un lado o de otro, pudo decir que mi equipo de trabajo le diera un trato indebido. Nosotros luchamos para fortalecer las unidades de análisis, para poder interpretar la coyuntura. No era una estructura paralela, la fuerza de tarea dependía del presidente de la República, exactamente igual que aquí. Era un equipo que conocía allá y aquí, a un centenar de familias. Nosotros no venimos a trabajar con gorros pasamontañas ni armados.

El problema era que los detenidos aparecían muertos.

A nuestra fuerza de tarea en El Salvador jamás se le atribuyó una persona desaparecida. Hay hoy diputados del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional que en esa oportunidad fueron entrevistados por nosotros, y están vivos. ¿Estamos claros de quiénes dependíamos? Del ministro y del presidente. Aquí no hay nada de clandestino.

¿Colaboró con la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de los EE.UU.?

En la época de 1983 al 89, la fuerza de tarea tenía una conexión con la Embajada de los EE.UU.

Es decir, sí.

Un agente de inteligencia jamás lo dice. Cuando un bocón por ahí dice que es de la CIA, es que no es cierto. Había un apoyo internacional que no es ningún secreto.

¿Por qué le llamaban Zacarías?

Es un nombre en clave, que elegí por ser un nombre bíblico diferente; quizá fue un error escogerlo, porque era poco común.

¿Por eso, aquí escogió Frank, que es más usual?

Es más elemental, de más bajo perfil, uno va aprendiendo con los años. Aquí, en Guatemala, son mínimas las personas que me han visto con un arma en la cintura. ¿Usted me ha visto?

Pregúnteles a las familias, cuando llego, qué es lo primero que les digo. Esta es mi mejor arma (muestra un lapicero), y lo que se debe usar en una situación de crisis es esto (señala la cabeza). Jamás en mi vida he usado un carro blindado, jamás he tenido un chofer y jamás he tenido un guardaespaldas, y tengo 42 años de vida policial.

Pero usted trabajaba con Javier Figueroa (ex subdirector de la Dinc), y él tenía otro estilo.

Cada quien tiene su forma de ser y su estilo; yo no cuestiono su estilo, pero el de él no es el mío.

Pero Figueroa estaba bajo su mando.

Jamás.

Usted trabajó con Arzú...

Y con Portillo y Berger.

Pero... no estaba con el gobierno de Portillo.

Claro que sí, a las órdenes del ministro de Gobernación, pero no tenía oficina en el Ministerio.

Durante el gobierno de Arzú se detuvo a muchas bandas de secuestradores. En el actual, la mayoría ha muerto en la escena, ¿por qué?

La curva de los secuestros desde 1996 ha sido descendente. Ahora bien, las bandas clásicas de secuestradores de la década de 1990 se detuvieron. En estos últimos años, los grupos de crimen organizado han tenido influencia del narcotráfico, que ha visto en el secuestro la manera de pasarle factura a alguna gente o agenciarse de recursos para formar grupos criminales de otro tipo. En los últimos años la conducta de los sujetos ha sido mucho más violenta.

Eso quiere decir que se requiere una acción más violenta de la fuerza de seguridad.

Si usted observa, en los últimos años se han rescatado más víctimas en operaciones táctico-policiales que en el pasado. Esas son operaciones planificadas del comando antisecuestros, con apoyo del MP y el Ministerio de la Defensa. Estas operaciones se dan cuando la gerencia de crisis establece que puede haber un desenlace fatal.

Es evidente que en el caso de los pandilleros se están produciendo ejecuciones extrajudiciales. Las organizaciones sociales acusan directamente a la Policía de esto. ¿Es así?

Como policía, no puedo estar de acuerdo con ejecuciones extrajudiciales, bajo ninguna justificación. No he tenido conocimiento de personas dedicadas a ejecuciones extrajudiciales. En los 12 años que llevo acá, jamás, ni aquí ni en El Salvador ni en el país donde nací, he recibido instrucciones de un presidente, un ministro o un superior de llevar a cabo actividades reñidas con la ley. No comparto ese estilo de trabajo. Mi filosofía es detener.

¿Cree que esta crisis se debe al miedo a que se conozcan las verdaderas estructuras criminales que están detrás de estos dos crímenes?

La crisis que vivimos es producto de que los equipos de investigación evidenciaran que los autores materiales de la muertede los diputados estaban dentro de las fuerzas policiales. Pero la verdad, es la forma de solucionar crisis. Si en el caso de los diputados salvadoreños existieron circunstancias que van más allá de lo que se ha dejado ver, van a salir a luz pública.

Frank para los amigos

El Venezolano, como se le conoce aún a Víctor Rivera, aunque ya obtuvo la nacionalidad guatemalteca, ha permanecido a la sombra del poder, por voluntad propia, durante más de 12 años.

La mayoría de familias adineradas de Guatemala lo conoce porque ha participado en los procesos de liberación de secuestrados o porque las ha ayudado en casos de extorsiones, pero el común de los mortales no había tenido mayor información sobre él, hasta ahora. El eterno asesor nunca quiso ocupar un puesto público.

El comandante Zacarías, como se le conoce en las estructuras de inteligencia de El Salvador, se formó en la Policía venezolana. Su experiencia en investigación, sobre todo contrasubversiva, lo llevó a establecer enlaces con los gobiernos militares centroamericanos, que en la década de 1980 necesitaban que se les echara una mano en sus conflictos internos.

Llegó a El Salvador en 1983. Allí creó su pequeña task force, como le gusta llamarla, que rápido alcanzó el respeto de la clase dirigente. La cúpula empresarial solicitó al presidente los servicios de Rivera, para que les ayudara en su grave problema de secuestros.

El propio Rivera cuenta que todos los plagios parecían tener el sello del partido comunista, pero poco a poco el task force de Zacarías fue sacando a la luz una verdad algo incómoda: los secuestros los planificaban y ejecutaban integrantes del Ejército salvadoreño, apoyados por civiles del núcleo más conservador de ese país.

“En esos años, para el FMLN yo era un dios”, comenta, con ironía, Zacarías.

En 1989 dejó El Salvador y se dedicó a asesorar a países suramericanos en sus “pequeños conflictos internos”. En Venezuela dirigió la investigación contra el presidente Carlos Andrés Pérez, a su vez, vicepresidente de la Internacional Socialista y acusado de haber malversado 250 millones de bolívares. Rivera fue también agente encubierto de la CIA.

En 1992 volvió a El Salvador, por requerimiento de varias familias pudientes que habían vuelto a ser víctimas de secuestro.

Zacarías volvió a sorprender a propios y extraños cuando dictaminó que los autores de los plagios estaban esta vez en las filas del FMLN, no del Ejército.

Su salida de El Salvador en 1996 estuvo marcada por la muerte de Manuel Ariano Vilanova. La familia de la víctima lo acusó de haber ocultado información y desviado las investigaciones del crimen, en el que estaban involucrados siete policías. Zacarías asegura que fue su equipo el que descubrió la autoría material de los agentes, ya que el forense había dictaminado que la muerte se había debido a un accidente.

Zacarías vino a Guatemala en 1996, donde se convirtió en Frank, a petición del propio gobierno de Álvaro Arzú, preocupado por la ola de secuestros. Desde ese entonces, la asesoría en casos de plagio ha sido su principal actividad, bien desde su despacho, en la segunda planta del Ministerio de Gobernación, o de su oficina particular en la zona 13.

Pero no todo ha sido exitoso en su labor. Entre los hechos que más lamenta se encuentra la muerte de Beverly Sandoval, secuestrada y asesinada en 1996.

“Cuando yo llegué a Guatemala, todo el mundo que era víctima de secuestro pagaba. Pero las familias que yo asesoraba sabían que yo no iba a pagar. Ese era el único requisito que les ponía, además de que la víctima diera información sobre sus captores, pues mi objetivo final era acabar con las bandas”, cuenta Rivera.

En la actualidad, su teléfono no deja de sonar, ya que su asesoramiento abarca cada vez más temas. Su modesto despacho alberga información, perfectamente clasificada, toda bajo llave, sobre narcotráfico, extorsiones, asaltos a cuentahabientes y robo de vehículos. Cada vez que se produce un caso de impacto, Rivera es el primero en enterarse. “Lo que no sepa él, no lo sabe nadie”, comentó informalmente, un día, el propio ministro de Gobernación, Carlos Vielmann.

Habrá que esperar para ver si se atreve a revelar lo que sabe sobre el asesinato de los tres diputados y su acompañante y la sucesiva ejecución de los supuestos autores materiales en prisión.

Revista: El ángel

Noticia: La revista Gente, de El Salvador, publicó un número casi completo dedicado a su persona. El titular era: “Zacarías era un ángel de la guarda”. En éste se hacía referencia a toda su historia en ese país.

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