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TASSOLILOQUIOS ¡Un padre a toda madre! (I)
Según el padre Rocco, no sólo los alumnos internos se benefician de la enseñanza y de la atención médica y dental.
Por:
Tasso Hadjidodou
No lo conocía... y estaba a unos kilómetros de la capital. Ha sembrado 15 mil árboles, sí, 15 mil árboles, un área verde de ensueño; un elemento dentro de un amplísimo sueño para los huérfanos que Dios puso en su camino. Me refiero al reverendo padre franciscano Rocco Familiglietti, director del Orfanato del Valle de los Ángeles. Sin duda alguna, un personaje fuera de serie.
Nació en Boston, Massachusetts (EE.UU.), de familia de migrantes del sur de Italia, y después llegó a la Tierra del Quetzal, hace medio siglo.
Gracias a amigos en común, pude enterarme mejor de este cuento de hadas cuyo centro de interés es la educación de niños huérfanos desde temprana edad, donde se les prepara para un futuro mejor.
Generosas personas han hecho esto posible. Primero, gracias a la donación de 15 manzanas de terreno; luego, al financiamiento de construcciones ad hoc -tanto educativas como habitacionales- para el alumnado y el personal; y también, al haber contribuido al funcionamiento del lugar, inaugurado recientemente, ante el presidente de la República, la primera dama y el cardenal Rodolfo Quezada Toruño -los tres, desbordantes de felicidad-, en una iglesia repleta.
Al entrar y mirar hacia el altar, aparecían tres grandes óleos realizados por Rodolfo Abularach, valor cimero de la pictórica de Guatemala, quien los donó. Representan a Jesucristo, la Virgen María y San Francisco de Asís. Caben, creo, más de 500 personas en este nuevo templo.
Es fácil decir que estudiar en un ambiente así, en una atmósfera tan agradable, debe de facilitar hasta la comprensión de las materias más arduas que ofrecen los docentes a centenares de alumnos y alumnas.
Según el padre, no sólo los alumnos internos se benefician de la enseñanza y de la atención médica y dental, sino también hay alumnos externos de la aldea vecina.
Mención especial merece la adecuada alimentación del alumnado y del personal. Recordé que, en griego, “orfanato” se dice orfanotrofion, o sea, “donde se alimenta a los huérfanos”, como debe ser en lo físico y en lo espiritual.
Se ha confiado a un grupo de dedicadas maestras indígenas la enseñanza de los respectivos programas. Con emoción, cuenta el padre Rocco lo que logra la maestra de Dibujo y Escultura.
Por ejemplo, el día del último cumpleaños del padre, chicos y chicas no sólo dieron rienda suelta a su imaginación para dibujarle, cada uno, una tarjeta, sino también para el texto que le daba una dimensión adicional. Se entusiasma el padre y nos confía que hay niños de apenas cuatro años que “parecen inspirarse en Miguel Ángel, Rafael o Picasso”.
En cuanto a música, recuerda que una pianista de Australia pidió tocar para los niños, encantados. Los niños y ls niñas tienen también a su disposición tres marimbas y 12 guitarras.
Hay que oír la misa en el bien nombrado Valle de los Ángeles.
Al padre le agradaría un programa de jazz... Lanzo el desafío a todos mis amigos intérpretes o amantes del jazz, urbi et orbi.
Cuando el padre Rocco habla del Valle de los Ángeles, parece ser a la vez alcalde, arquitecto, paisajista, ambientalista, ingeniero, director de escuela primaria y secundaria, y conductor de almas, o sea, un hombre-orquesta por excelencia.
“Mantener un orfanato así sale muy caro”, dice el padre, y agrega: “No se trata de dar niños en adopción, sino de formarlos para que estén bien preparados para la vida de hoy y de mañana”.
Creo que adivinó mis pensamientos cuando, de repente, nos anunció la pronta llegada de un franciscano que vendrá a ayudarlo, aunque no baja su dinamismo, a pesar de sus 88 años de edad.
Anuncia, feliz, que dos universidades le ofrecieron ya becas para los niños, cuando salgan de secundaria. También se ha enseñado a los grandes para que ayuden a su vez a los chiquitos.
“Tenemos alumnos procedentes de Puerto Barrios, del Petén, de Quetzaltenango, del Puerto San José, de Jutiapa y de otros lugares. Una vez al mes hay visitas de familia”, expone. (Sigue)
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