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Guatemala, domingo 20 de mayo de 2007

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Nacionales

Q600 millones sin resultado
Transporte urbano sigue sin mejoras
Por: Francisco González Arrecis

Tanto el Ejecutivo como los empresarios del transporte urbano sostienen que, para la tarifa que pagan, los guatemaltecos tienen muy buen servicio.

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La inversión de Q600 millones con que durante los últimos cuatro años subsidió el Ejecutivo al transporte urbano de pasajeros no se verá reflejada en beneficios para cerca de un millón y medio de personas que a diario utilizan ese medio de locomoción.

El estira y encoge que desde 1974 ha venido beneficiando a empresarios del transporte urbano, con el pretexto de evitar aumentos en la tarifa –y con ello impactar en la economía de la mayoría de guatemaltecos–, sigue siendo la excusa de ambas partes.

Los Q600 millones entregados por concepto de subvención desde el 2004 hasta ahora han servido, según Luis Gómez, presidente de la Asociación de Empresarios del Transporte Urbano, únicamente para paliar los costos del combustible.

“El subsidio no cubre el incremento real del combustible, y no hay compromiso de usar esos recursos para mejorar el servicio”, asegura Gómez.

Roberto Díaz, viceministro de Transporte, afirma que la millonaria inversión no estipuló, en ningún momento, buscar soluciones integrales al problema. Eso, dice, es una tarea pendiente para una próxima administración. “Se politizó el tema de la tarifa, y eso ha impedido que se solucione el problema; por eso se decidió subsidiar con Q0.23, por cada pasaje, para cubrir los costos de combustible”, explica.

Flota desgastada

El 70 por ciento del total de buses en circulación, es decir, dos mil 82, lo constituyen modelos de entre 1990 y 1994, y todavía operan 562 que datan de 1987. Expertos aseguran que esto es un riesgo, no sólo para el usuario –en cuanto a la condición del automotor–, sino para el ambiente, debido a la contaminación. Por lo menos cinco de cada 10 buses no controlan sus emisiones de gases.

Otro problema de tener una flota antigua es la seguridad vial. Amílcar Montejo, vocero de la Policía Municipal de Tránsito, informa que, en 27 por ciento de accidentes registrados el año último, estuvieron involucrados buses del transporte colectivo. La causa principal reportada: imprudencia de los pilotos.

Según Montejo, la Entidad Municipal del Transporte había revisado, hasta abril recién pasado, mil 86 unidades. Los empresarios aseguran que sus costos sólo les permiten enviar sus unidades a taller, para mantenimiento, cada cuatro meses.

Aunque parezca curioso, sólo 22 inspectores del Ministerio de Comunicaciones se ocupan de garantizar que funcionen los más de dos mil buses que circulan cada día. La falta de personal, reconocen, hace que no puedan controlar los excesos en la tarifa, sobre todo, en horas de la noche.

“No podemos controlar el tema de la tarifa que cobran; cada quien pone su precio, dependiendo de la hora, y la gente no dice nada, porque, de hacerlo, le suspenden el servicio”, señala Díaz.

No es rentable

Para los propietarios del transporte, prestar ese servicio no es negocio rentable, pese a que funcionan 28 empresas, integradas por mil 350 dueños de dos mil 986 autobuses. En total, son operadas 121 rutas; la más larga cubre una distancia de 50 kilómetros, y la menor, 22 kilómetros.

“No tenemos ganancias. Operamos los buses porque alguien tiene que prestar el servicio, pero cada día salimos sólo para pagar sueldos y combustibles. No nos alcanza para poder comprar nuevas unidades”, lamenta Luis Gómez.

El viceministro de Transporte no supo explicar si dentro de los estudios para cuantificar el subsidio han tomado como base la referencia de ganancias de un empresario transportista.

“El tema de la negociación fue muy complejo, y sólo se decidió tomar como referencia el precio del combustible; abordar lo demás nos hubiera impedido garantizar que, hasta hoy, la tarifa no se haya aumentado”, justifica Díaz.

En opinión del analista Hugo Maul, del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales, no tiene lógica pensar que un empresario insista en un negocio que no es rentable; después de todo, nadie invierte para no ganar dinero.

“Yo no dudo que sólo el subsidio les haya permitido seguir en el negocio y mantener la rentabilidad, pero mientras no se resuelva de manera integral, el problema seguirá”, argumenta Maul.

Opciones para el usuario

El panorama es poco alentador si se toma en cuenta que, según Díaz, un nuevo sistema de transporte llevaría entre cuatro y seis años de inversión en tiempo, más una millonaria cantidad de recursos para poder funcionar.

Parte de las acciones propuestas, que durante los últimos cuatro años permanecieron guardadas, fueron construir centrales de transferencias fuera del municipio de Guatemala, con estacionamientos para al menos dos mil vehículos; impulsar el sistema prepago, y renovar gradualmente la flota de unidades.

También, desde el Ejecutivo se habla de adquirir insumos, combustible y nuevos autobuses, sin dejar de lado la capacitación de los pilotos; todo esto escrito en papel, porque no es factible concretar alguno de estos puntos, por ahora.

“Para solucionar el problema, de manera estructural, se hace necesario unir esfuerzos entre Ejecutivo y Municipalidad, y eso no ocurrió. Divorciados, es difícil pensar en soluciones a corto plazo”, opina el viceministro de Transporte.

Historia: Un chorro abierto

Desde hace 33 años se viene hablando de las subvenciones, y el sistema de transporte sigue igual.

En 1974 se exoneró del pago de 300 mil galones de combustible a los empresarios.

Cuatro años más tarde se creó un subsidio de Q0.35 por cada boleto vendido.

En 1980 se les exoneró del pago del impuesto de circulación y se prorrogó el subsidio.

En 1985 se autorizó aumentar la tarifa a Q0.40 centavos.

Fue en 1989 cuando se decretó un subsidio de Q6 millones mensuales para el transporte urbano.

Dos años más tarde se volvió a prorrogar por un año el mismo subsidio.

De 1991 al 99 se subsidió a los empresarios, con Q6 millones mensuales.

Del año 2000 hasta ahora se siguen entregando Q150 millones por año a los transportistas, como subvención.

Análisis: Funcionamiento anárquico

Amanda Morán, del Centro de Estudios Urbanos y Regionales, considera que el sistema de transporte urbano continúa “anárquicamente funcionando”, porque no ha existido voluntad política, ni de la Municipalidad ni del Gobierno central, para trabajar en una solución integral.

“Con todos los millones que se han dejado desde 1989, ya se debería tener un sistema de transporte moderno, eficiente y cómodo para los guatemaltecos de la capital, pero intereses políticos y la inmadurez de los empresarios han impedido ver resultados”, señala Morán.

Comenta que sistemas como el Transmetro. puesto en marcha por la municipalidad capitalina, puede ser el inicio de todo un proceso para crear un nuevo sistema. Pero, para que se vean resultados positivos a corto plazo, se debe trabajar en conjunto en ello, sin politizarlo.

“Como se ve la cosa, los guatemaltecos continuaremos con lo mismo, porque se ha dejado crecer mucho el problema”, advierte.

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