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Presidente de la República
La Presidencia es una fuerza política poderosa
Por:
Carlos Menocal
La Presidencia es una fuerza política poderosa; pese a ello, en los últimos 21 años, ningún mandatario ha logrado gobernar plenamente para los guatemaltecos.
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La Presidencia de Guatemala significa más que un sueldo mensual de Q143 mil, pues quien es electo para ese puesto tiene dos escenarios: utilizar el poder para buscar el desarrollo de la población, o aprovecharse de su influencia para obtener ganancias –para él y sus allegados– de los negocios que desde el Gobierno se realizan.
Óscar Ortiz González, sociólogo e historiador de la Universidad de San Carlos de Guatemala, dice que no ha existido un solo presidente en los últimos 21 años que haya gobernado plenamente para el pueblo, y cuyo mandato estuviera apegado a lo establecido constitucionalmente.
“Los gobernantes han hecho su intento, pero la Presidencia debe compartir el poder con las estructuras económicas, militares, políticas y, últimamente, debe lidiar con la incursión de las estructuras paralelas de las mafias que han penetrado en el Estado”, explica Ortiz.
El artículo 182 de la Constitución Política de la República establece que el presidente es el jefe del Estado de Guatemala y ejerce las funciones del Organismo Ejecutivo, por mandato del pueblo. “Representa la unidad nacional y deberá velar por los intereses de toda la población de la República”, establece.
Orlando Blanco, líder del Colectivo de Organizaciones Sociales, cree que ser presidente es una enorme responsabilidad de hacer política al servicio de toda la población.
“Implica que el personaje que llegue a la Presidencia debe tener una preparación adecuada, que tenga características de un estadista, conocimiento profundo de la problemática y realidad nacional, conocimiento de administración y gestión pública, y valores morales. Creo que debe estar convencido de que este puesto no es para su servicio ni para sus financistas o colaboradores”, sostiene Blanco.
Tentador o alentador
Las atribuciones del mandatario pueden ser, además, tentadoras o alentadoras, según Ortiz.
Y es que, entre sus funciones, según el artículo 183 de la Constitución, el presidente de Guatemala ejerce el mando de toda fuerza armada del país; sanciona, promulga, ejecuta y hace que se ejecuten las leyes; dicta cualquier decisión en casos de calamidad; presenta iniciativas de ley al Congreso; ejerce el derecho del veto con respecto de las leyes emitidas por el Congreso; coordina el consejo de ministros y la política de desarrollo de la Nación; administra la hacienda pública con apego a la ley; y él y sus ministros tienen vedado favorecer a partido político alguno.
Guillermo Toc, doctor en Administración Pública, opina que, para cumplir con todas estas ordenanzas, es necesario contar con un equipo ideal y no improvisado.
“Toda la gestión pública busca el bienestar del guatemalteco. El problema es que, debido a la inexperiencia o ineptitud, los recursos se pierden, se diluyen y, en muchos casos, se desvían en grandes negocios que el Estado otorga a contratistas privados –muchos de éstos, son amigos de los ministros, de los asesores o del mismo presidente–. Es una historia que se repite una y otra vez durante cada gobierno”, explica Toc.
En los últimos siete días, según la página web de Guatecompras, el Estado de Guatemala ha hecho 311 contratos, equivalentes a más de Q300 millones que servirán para adquirir alimentos, servicios de salud, textiles, uniformes, papelería, muebles, limpieza, aparatos de oficina, computadoras o electricidad.
Toc manifiesta que estos negocios, lejos de ser tentadores, deberían ser alentadores para la población, pues se trata de útiles y utensilios que servirán para prestar un servicio público.
El Ejecutivo y el presidente manejan un presupuesto de Q37 mil 703.9 millones anuales y, según Toc, 10 por ciento de ese monto se invierte en compras o contrataciones.
De acuerdo con Orlando Blanco, el ejercicio de la Presidencia acumula un porcentaje alto del poder político. “Ese poder concentra el mayor porcentaje, no sólo por la representatividad del Estado, sino por el manejo de recursos del presupuesto de la Nación. Si esto lo hace una persona con buenas intenciones, el ejercicio de la Presidencia sí impactaría enormemente en un nuevo modelo de desarrollo”, sostiene Blanco.
¿Hay opciones?
Si el presidente es una persona con mucho poder político, ¿habrá candidatos a la primera magistratura del país que llenan los anteriores requisitos? El sociólogo Ortiz cree que no. “Es una preocupación que los candidatos más bien responden al antiperfil de lo que el ciudadano espera. Los candidatos reflejan, a fin de cuentas, la crisis de la institucionalidad”, sostiene el analista.
La Ciencia Política explica que el presidente debe ser el símbolo de la unidad nacional, el líder de un proyecto de nación construido colectivamente, que dependa para su éxito de su capacidad de persuasión, de su responsabilidad con el pueblo que representa, de la respetuosa interlocución con la sociedad, y de su entereza para propugnar el bien común.
¿Hay de esos en Guatemala? Blanco afirma que no. “Un elemento importante es que los partidos políticos y sus candidatos, cada vez más, representan intereses de los poderes fácticos. Hay cuatro características que engloban a la mayoría de ellos: capital oligarca, capital mafioso, participación de militares o fundamentalismo religioso. Estas cualidades están en más o menos proporción, pero son comunes en esas agrupaciones. Más allá de un buen perfil de los candidatos, vemos a partidos comprometidos con esos grupos de poder”, sostiene Blanco.
En La Encuesta, publicada por Prensa Libre el 27 de abril recién pasado, 31 por ciento de los entrevistados dijo que las cualidades más importantes para ser presidente son honradez, honestidad y transparencia.
Otros opinaron que es importante que el futuro presidente tenga inteligencia, preparación, capacidad de trabajo, dedicación, cumplimiento de promesas, sinceridad y responsabilidad.
Encuesta: Colom, al frente
En la segunda Encuesta, publicada por Prensa Libre el 27 de abril recién pasado, el candidato presidencial Álvaro Colom se encuentra en primer lugar de preferencia del electorado.
Hay una lucha cerrada por el segundo lugar, entre Otto Pérez Molina, del Partido Patriota, y Alejandro Giammattei, de la oficialista Gran Alianza Nacional.
En cuarto lugar aparece Rigoberta Menchú, con 2.75 por ciento de preferencia del electorado.
La quinta posición la ocupa el presidenciable del Frente Republicano Guatemalteco, Luis Rabbé.
En La Encuesta, el 92.8 por ciento dijo que tiene pensado ir a votar en las elecciones de septiembre, mientras se mantiene un 26 por ciento de indecisión.
Entrada: Regresa la transparencia
En el 2004, los actuales gobernantes analizaron la ejecución del presupuesto de la Presidencia y del extinto Estado Mayor Presidencial. Concluyeron en que la falta de fiscalización y transparencia provocó que más de Q600 millones se gastaran sin fiscalización y sin control.
De ahí que el sueldo del presidente no era difundido y publicado por los gobiernos de turno.
A partir de esa fecha, el mandatario Óscar Berger y el vicepresidente Eduardo Stein decidieron poner un tope a los sueldos de sus puestos.
Cada uno se incrementó Q100 mil de gastos de representación en la provincia, y sus remuneraciones fueron modificadas.
El puesto de presidente tiene un sueldo mensual de Q142 mil, y el del vicemandatario, Q132 mil. Ambos funcionarios, por ley, gozan de seguridad, vehículos, transporte, entre otras prestaciones.
Los gastos en la Presidencia ahora están reportados en el portal de transparencia fiscal.
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