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México declara la guerra al narcotráfico
A pesar del despliegue militar y policial en varios estados de México, la ola de violencia crece cada día
Por:
Redaccion Internacional
“No nos vamos a rendir ante provocaciones ni ante ataques contra la seguridad de los mexicanos. No daremos tregua ni cuartel a los enemigos de México”, fueron las palabras de Felipe Calderón, presidente de México, en febrero pasado luego del asesinato de siete policías en Acapulco, en lo que parece haber sido un intento por intimidar al Gobierno en su lucha contra el narcotráfico.
En febrero, unos 16 hombres armados lanzaron -y grabaron en video- varios ataques simultáneos contra dos oficinas de la Procuraduría General de justicia en Acapulco, donde mataron a siete agentes y a dos secretarias. Los pistoleros lucían uniformes del Ejército.
México está padeciendo una espiral de violencia que en los últimos meses ha aumentado y que las autoridades vinculan a una batalla entre grupos del narcotráfico por obtener nuevos espacios.
Pero otras versiones aseguran que las ejecuciones de funcionarios y policías en donde dejan mensajes, revelan que los uniformados fueron asesinados por traicionar a algún capo o en venganza por proteger a un cartel mafioso rival.
Escenarios de crímenes
Diversas ciudades mexicanas fronterizas con Estados Unidos como Ciudad Juárez (estado de Chihuahua), Tijuana (Baja California) y Nuevo Laredo (Tamaulipas), son escenario frecuente de la racha criminal atribuida a los narcos, secuestradores, pandilleros y otros delincuentes.
Calderón ganó apretadamente las elecciones presidenciales en 2006 con promesas de acabar con las bandas de narcotraficantes, y 10 días después de haber asumido su gestión el mandatario mexicano militarizó el estado de Michoacán, de donde él es originario, para combatir la delincuencia organizada.
La violencia vinculada al narcotráfico se ha traducido en miles de asesinatos en los últimos años, por lo que Calderón ordenó desde el inicio de su gestión el despliegue de 30 mil soldados y policías federales en varios estados para enfrentar a los delincuentes.
Las acciones, sin embargo, no han detenido la ola de violencia que ha llegado incluso a estados donde no se habían reportado muertes relacionadas con el crimen organizado.
Cuatro mil asesinatos
Según datos del diario Reforma, en 2006 más de cuatro mil mexicanos fueron asesinados por el crimen organizado.
México ha decidido atacar la estructura completa de los carteles y grupos criminales y ya no sólo las cabezas como se hizo en anteriores administraciones, afirmó Patricio Patiño, funcionario de la Secretaría de Seguridad Pública federal de México (SSP).
“Se entendía que si se quitaba la cabeza, el cuerpo moría, pero ya vemos que no es cierto, que quizá ese cuerpo se reprodujo como una hidra”, afirmó el funcionario en momentos en que México sufre a diario varias ejecuciones.
Siete carteles
La Procuraduría General de la República (PGR) señala que según las investigaciones en el país operan siete grupos de traficantes, destacándose las alianzas entre los carteles de Juárez (norte) y el de Sinaloa (noroeste), y la unificación gestada entre el cartel del Golfo (noreste) y el de Tijuana (noroeste).
Cada una de estas organizaciones cuenta con un grupo de sicarios a su servicio, entre ellos destacan los sanguinarios Los Zetas, quienes son ex militares de élite que defienden al cartel del Golfo (también se han enlistado kaibiles de Guatemala). Otros nombres de sicarios son Los chachos, Los Texas y Los culiches, y a ellos se les atribuye el alto nivel de violencia que vive México.
Según datos de la SSP, la violencia ha causado la muerte de mil personas en lo que va del año.
Los mexicanos señalan que la violencia registrada en el país no ha sido frenada pese al despliegue policial en Guerrero, Tabasco, Sinaloa, Durango, Nuevo León y Tamaulipas.
Hechos más sangrientos
Uno de los hechos más recientes fue el asesinato el 11 de mayo pasado de cuatro escoltas de la familia del gobernador de Veracruz, Enrique Peña Nieto, donde los hijos del funcionario salieron ilesos. Horas más tarde, apareció una cabeza humana cercenada y dos granadas dentro de una caja a las puertas de un cuartel militar en Veracruz, con un mensaje que decía: “Vamos a seguir, aun cuando estén las fuerzas federales”.
El mensaje se interpretó como una advertencia a las operaciones contra los carteles del narcotráfico.
El lunes pasado fueron asesinados dos investigadores de la PGR en la capital mexicana y en Tijuana, respectivamente: José Nemesio Lugo Félix y Jorge Alatriste.
Dos días después un comando armado de entre 40 y 50 hombres secuestró a cinco policías y dos civiles en Sonora, cuyos cuerpos aparecieron muertos horas después a la orilla de una carretera. Este secuestro desencadenó una persecución y un enfrentamiento de 12 horas, donde perecieron 15 sicarios.
Desde militares, policías, oficiales de inteligencia y hasta periodistas son el blanco de los sicarios al servicio de los capos en México.
Según las autoridades mexicanas, hay días muy violentos donde la jornada deja de 15 a 20 muertos diarios.
Una de las escenas más escalofriantes ocurrió el año pasado en la ciudad turística Acapulco, en donde las cabezas de dos policías, goteando sangre, fueron colocadas en picos de metal que sobresalían de un muro que fueron colocados en la zona. Tenían escrito un mensaje en una cartulina: “Para que aprendan a respetar”.
Los expertos señalan que matar ya no es suficiente para los narcotraficantes, en la actualidad estos encabezan una campaña publicitaria, incluso por Internet, para mostrar su carnicería y extender el miedo de forma que nadie -sus rivales, la Policía o ciudadanos- se interpongan en su camino.
Mientras tanto, la ofensiva gubernamental continúa y la contraofensiva sanguinaria responde, causando más muertos.-Con información de agencias y sitios de Internet.
Periodistas: Víctimas de guerra de las drogas
Cinco noches a la semana Amado Ramírez respondía a quejas de sus radioescuchas, desde corruptos agentes de la Policía hasta el pujante narcotráfico en la ciudad de Acapulco.
El pasado 6 de abril un sicario emboscó a Ramírez en su auto, cuando salía de su oficina en Radiorama.
El asesinato causó impacto porque Ramírez era el más prominente de más de dos docenas de reporteros y editores que han sido acribillados en todo México desde el 2000. Para sus colegas, su muerte confirmó un hecho escalofriante: México está en las garras de una guerra de drogas en aumento, y se ha convertido en el segundo país más mortífero del mundo para los periodistas, después de Irak.
Siete periodistas fueron acribillados a balazos en 2006, con base en un conteo por parte de la Asociación Interamericana de Prensa. Otras fuentes señalan entre nueve y 11 crímenes.
En los últimos 15 meses han atacado a gran cantidad de periodistas. En Nuevo Laredo, el 6 de febrero de 2006, hombres armados tomaron las oficinas de el diario El Mañana e hirieron al reportero Jaime Orozco, quien escribía reportajes sobre la guerra de las drogas. El 9 de agosto de ese mismo año, el cadáver de Enrique Perea Quintanilla, editor de un diario investigativo, fue hallado cerca de Chihuahua. Otra víctima de 2006 fue Roberto Marcos García, subdirector del semanario Testimonio de Veracruz, quien fue muerto a balazos en la calle.
El 20 de enero de 2007 desapareció Rodolfo Rincón Taracena, periodista investigador de Tabasco, el mismo día que publicó un artículo sobre el narcotráfico local. La desaparición este año del reportero Gamaliel López y el camarógrafo Gerardo Paredes, de TV Azteca, eleva a siete el número de periodistas de los que no se sabe nada desde el año 2003.
En cifras
30 mil hombres de fuerzas combinadas del Ejército y la Policía han sido destacados en varios estados mexicanos, donde opera el narcotráfico.
90 ejecuciones hubo la primera semana de mayo, entre ellos policías y militares. En diez casos los cadáveres presentaban signos de tortura y en ocho los asesinos dejaron un mensaje escrito.
30,000 millones de dólares anuales produce el narcotráfico en Estados Unidos afirman analistas.
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