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EDITORIAL Manifestación de civilidad política
En las sociedades con poco desarrollo político, como la nuestra, la rivalidad entre los distintos grupos presentes en las pujas electorales con frecuencia se traduce en enemistad o encono exacerbado, y en casos extremos de virulencia, en agresiones físicas, algunas veces llevadas hasta el extremo de la muerte.
Las vidas perdidas en el curso del actual proceso proselitista son una prueba de ese lamentable estadio oscurantista en la conducta, pero también se ve en la destrucción de propaganda del rival, en el descrédito mutuo entre los prospectos en contienda, con calificativos dirigidos a la destrucción de la honorabilidad, como la ignominia del atributo de corrupto, sin ninguna base, o la burla y la ridiculización por defectos físicos o características poco comunes en esas personas.
Gracias al trabajo de concienciación cívico-política de los medios de comunicación, de entidades nacionales e internacionales, y a las mismas exigencias de los electores, hay algunos cambios en la forma tradicional de hacer política, en el sentido de colocar el proceso intelectual sobre el hepático; la discusión franca y cordial de las prioridades sociales sobre el fin de instrumentar al Estado para beneficio de los dirigentes políticos; y la argumentación fundada, frente a la descalificación carente de argumentos.
Esa nueva visión de la rivalidad –no enemistad– en el quehacer político ha permitido a sus representantes sentarse a la mesa y discutir los pilares de un plan de visión –aunque algunas veces haya desafecciones penosas como la mostrada en el rechazo de un proyecto consensuado de la nueva ley de educación nacional– o, más recientemente, el encomiable consenso multipartidario de hacer los recaudos presupuestarios para la obra pública cuya trascendencia obliga a su continuidad en el próximo gobierno.
Pero existen, ante todo, esperanzas sociales de una nueva actitud de los políticos frente a una Guatemala atada por necesidades ancestrales, cuyas soluciones se han frustrado por las rivalidades de las distintas fuerzas en busca del poder, porque hasta ahora, por lo general, ha predominado el propósito de llegar al Gobierno para satisfacer intereses individuales, grupales o gremiales, y no la atención de las prioridades para sacar al país del atolladero en que se encuentra.
La reunión del jueves recién pasado, entre el vicepresidente Eduardo Stein y 20 delegados de partidos políticos, para tratar aspectos de la transición, es un buen comienzo para colocar en la mesa los programas positivos de este régimen, a efecto de no malograr lo avanzado hasta ahora en temas sensibles como la educación, la seguridad alimentaria, el respeto a la diversidad o la infraestructura, así como en proyectos de los cuales se deben aprovechar estudios y avances en los procesos para hacerlos realidad, como el Anillo Metropolitano, la mejora aeroportuaria, el turismo o la carretera de la Franja Transversal del Norte.
Es importante recoger las iniciativas de integrar un plan de Nación coherente y participativo, para que cada cambio de gobierno no signifique la anulación de todo lo actuado por el régimen saliente, porque con esta actitud el país da pasos hacia atrás, y así nunca llegará al nivel de desarrollo anhelado.
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TIEMPO Y DESTINO La gota de agua
Pequeño trozo de la historia, de una mujer excepcional.
Por:
Luis Morales Chua
Este escrito tiene por fin último rescatar del olvido la figura de una mujer valiente, que ayudó a cuatro ciudadanos que en los primeros años del siglo pasado intentaron derrocar por la fuerza al tiránico presidente de Guatemala, Manuel Estrada Cabrera.
Ella se llamó Rufina de la Roca de Monzón y era la abuelita de mi esposa, Virginia.
He querido recordarla este domingo, con motivo del centenario del suicidio político colectivo más impresionante de todos los tiempos, en la historia de nuestro país.
El hecho sucedió el 20 de mayo de 1907, en el tejado de la casa de doña Rufina, situada en el Callejón del Judío. Ayer por la mañana Virginia y yo pasamos frente a ese inmueble y después de observarlo, como lo hemos hecho varias veces, seguimos camino al Cementerio General, donde doña Rufina está sepultada.
Y al escribir sobre ese episodio tengo a un lado de mi computadora una fotografía en la que aparecen los cadáveres –citados de izquierda a derecha– de Enrique Ávila Echeverría, Jorge Ávila Echeverría, Baltasar Rodil y Julio Valdés Blanco, todos profesionales universitarios graduados en Europa, donde cursaron sus estudios.
La foto corresponde a la exposición que, en recordatorio de la gesta unionista de los años 20, fue abierta al público en la Procuraduría General de la Nación, cuando esa institución estuvo dirigida por el abogado Acisclo Valladares Molina, jurista, historiador, diplomático y actualmente columnista de elPeriódico.
Al pie figura una leyenda según la cual esos académicos fueron los organizadores del atentado contra el presidente Manuel Estada Cabrera, acción que falló y las fuerzas de seguridad desataron una inmisericorde cacería contra los opositores a la dictadura.
Los conspiradores habían sembrado una bomba en el camino que el presidente acostumbraba recorrer y el 29 de abril, cuando Estrada Cabrera pasaba por ese lugar, la detonaron. Murieron el cochero y un caballo; pero, el presidente, su hijo Joaquín y el general Manuel María Orellana, se salvaron.
Los cuatro profesionales se escondieron con la intención de abandonar el país en cuanto pudieran. Buscaron y encontraron refugio en casa de doña Rufina y allí permanecieron, ocultos en el tapanco.
Durante varios días, la señora de Monzón los protegió y personalmente les subía alimentos hasta que, finalmente, el escondite fue descubierto por un policía investigador que sedujo a una de las sirvientas y ella le contó que algo raro sucedía en la casa porque ya no la dejaban subir al segundo nivel.
Sobre ese suceso aparecieron dos interesantes artículos ayer en elPeriódico. Uno escrito por Juan José Rodil Peralta y otro por María Elena Schlesinger.
El primero se titula La bomba del 20 de mayo, a 100 años. El otro, El Atentado. Ambos coinciden en que los cuatro conspiradores se batieron a tiros con el pelotón de agentes enviado a capturarlos y mataron a 25, antes de subir al tejado y suicidarse, tal como lo habían pactado desde que planearon el atentado. Morirían antes que dejarse capturar. Y se suicidaron.
Pero, ¿qué pasó con la valiente señora que les había dado refugio? Fue capturada y llevada a prisión, donde fue sometida a la tortura de la gota de agua, que consistía en inmovilizar al presidiario, presidiaria en este caso, en forma horizontal, boca arriba, de modo que le cayera en la frente una gota de agua fría constantemente, lo cual causaba daños físicos y psicológicos, pues lastimaba la piel e impedía dormir.
El efecto de una gota de agua durante algún tiempo es tan fuerte, que orada la roca. Sin embargo, doña Rufina resistió y fue liberada posteriormente, pero, permaneció vigilada por la Policía y murió pocos años después. Quizá sea tiempo de erigirle un monumento. Ya contaré cómo también dio refugio a otro político ilustre.
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SENTIDO COMUN A los políticos
Todos quieren disminuir la pobreza, pero, ¿cómo hacer?
Por:
Manuel F. Ayau Cordon
Un economista comentó que estaría satisfecho con sus alumnos si lograban entender qué es costo de oportunidad.
En el mundo real no podemos satisfacer todos nuestros deseos. Cuando escogemos algo tenemos que sacrificar otra cosa. La satisfacción sacrificada es el costo de oportunidad y es distinto a los costos en los negocios, donde costo es la suma de gastos.
En nuestra vida privada siempre tenemos presente el costo de oportunidad: si vemos un programa de TV, no podemos ver otro. Si viajamos, quizá postergaremos la compra del auto nuevo. Si te casas con María ya no te puedes casar con Julia. Si estudias Ingeniería dejas la Biología. Si escalas montaña sacrificarás la playa, etc.
No hay meta o satisfacción que no implique sacrificar algo, y tratándose de asuntos personales siempre estamos conscientes de ello. Pero cuando se trata de la cosa pública, cuando el costo de oportunidad no corre por cuenta propia sino de otros, la del pueblo, la cosa cambia.
Todo el mundo, incluyendo el Banco Mundial y agencias de ayuda internacional, quiere disminuir desigualdades de riqueza a través de impuestos progresivos, aplicando una tasa porcentual mayor a las personas de mayor ingreso, para redistribuir riqueza a través del gasto social. Pero, ¿cuál es el costo de oportunidad? Veamos, objetivamente y sin prejuicios, por qué el costo de oportunidad es aumentar pobreza.
Para hacer rendir sus inversiones productivas los empresarios necesariamente tienen que ofrecer a los trabajadores un mejor salario que el que ya tienen, pues si no, no se quedan donde están.
El empresario no lo hace por buen corazón, sino por interés propio. Con su demanda en algún grado está pujando todos los salarios del país para arriba. Su inversión la hará donde el rendimiento sea mayor.
Pero si además de confrontar los riesgos del negocio y del país, el rendimiento merma porque es castigado con impuestos, disminuirán aún más las oportunidades de inversión en el país y el capital, nacional o extranjero, se invertirá en otras partes.
Hoy día por Internet se puede invertir en cualquier parte del mundo, pues hay competencia entre corredores de inversión. No es optativo: si queremos resolver la pobreza, hay que competir por el capital y la competencia es, al fin de cuentas, por el rendimiento.
Aunque los políticos prometan crear plazas de trabajo, solamente la inversión privada productiva crea plazas de trabajo. Dirán que el Gobierno también las crea, pero como el Gobierno sólo tiene el dinero que con impuestos le quita al sector privado, las plazas de trabajo que crea son a sacrificio de las que ya no crea el sector privado. (Costo de oportunidad).
Generalmente se ignora cuánto capital hay que invertir por cada plaza de trabajo. Divida la inversión total de la empresa entre el número de empleados y se sorprenderá. Ej. si instalar una empresa cuesta cinco millones y emplea a cien personas, el costo es de cincuenta mil por cada plaza. Hay plazas cuyo costo pasa del millón de dólares, así como también las hay por sumas pequeñas.
¿Acaso hay otra manera de crear empleo? Por eso, ponerle impuestos a los ingresos que motivan las inversiones (ya sea directamente o por intermediarios) tiene como costo de oportunidad, menores salarios, más pobreza.
Muchos creen, simplistamente, que hay ricos porque hay pobres. Es cierto que lamentablemente algunas conspicuas fortunas se han hecho en base de privilegios a costillas de los pobres. Pero eso es la excepción y se cura no dando más privilegios, pero no desalentando a quienes en el futuro se esfuerzan en hacer fortuna compitiendo, sin privilegios, para enriquecer a los demás.
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ESCENARIO DE VIDA Urge ley de emisiones
Respirar gases tóxicos de las emisiones de los vehículos en una ciudad como Guatemala es el equivalente de fumar siete cigarrillos diarios.
Por:
Vida Amor de Paz
“Queda sin efecto ley de control de emisiones”, es uno de los titulares publicados en el mes de diciembre de 1998, cuando un acuerdo gubernativo dejó sin efecto la Ley para el Control de Emisiones Vehiculares.
El trabajo del ingeniero Juan Francisco Asturias, ex director de Conama, junto al del licenciado José Toledo, fue tirado por la borda. ¿La razón? Decían que las normas eran más estrictas que en EE.UU. Excusas sin sentido, puesto que los parámetros definidos eran iguales en Centro y Sudamérica.
Fue un ataque injustificado en un período pre-electoral. Los opositores decían que creaba conflicto con el Reglamento de Tránsito y que las medidas no eran congruentes con la realidad del país, cuando ya se habían establecido pruebas en Centroamérica midiendo cuatro mil vehículos en cinco capitales, las que más adelante sirvieron de laboratorio y ejemplo para los países europeos.
Lo insólito es que ya han pasado dos gobiernos desde entonces, y este proyecto, originado en Guatemala, se implementó en el resto de Centroamérica, pero nunca aquí. Hoy, nuestro parque vehicular asciende a un millón de automotores y así salimos perdiendo, porque la contaminación de gases, principalmente en hollín o humo negro, es muy superior a la de hace casi 10 años y estamos a niveles intolerables para el cuerpo humano.
Les recuerdo que el 10 de mayo de 1991 Guatemala se convirtió en el primer país del mundo en quitar de golpe el plomo de la gasolina, el que afecta todos los órganos del cuerpo, especialmente el cerebro y el sistema nervioso en los niños. Lograr esta disposición fue una odisea, pues se argumentaba que se arruinarían las válvulas de los motores.
Un gran mito, nos cuenta el licenciado José Toledo, a quien le debemos el que hoy tengamos gasolina sin plomo. También fuimos los segundos en Latinoamérica, antes que Europa, en introducir los catalizadores para filtrar las emisiones de gases de gasolina.
Pero hasta ahí llegamos, amigos, porque de no haber una supervisión de qué vehículos contienen catalizadores, sin un reglamento y sin una ley, de nada sirvió el esfuerzo. Me pregunto qué intereses particulares, en el 98, dejaron sin vigencia la ley. Respirar gases tóxicos de las emisiones de los vehículos en una ciudad como Guatemala es el equivalente de fumar siete cigarrillos diarios.
Esto sin contar el daño que le hacemos al Planeta y a nosotros mismos, al aumentar con ello los gases de efecto invernadero.
Ya ven que en Guatemala nos inventamos cualquier historia para oponernos. Creamos mitos y leyendas para sumergimos en el atraso con la cultura del “NO”. Hoy, más que nunca, por la amenaza del calentamiento global, ¡Urge la ley de control de emisiones vehiculares!
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COLABORACIONES Homicidios no llegan a juicio
El aumento persistente de la violencia coloca al país en una situación incómoda a nivel mundial. Expertos abogan por una reconquista del Estado de derecho y por la ejecución de políticas de prevención y sanción del crimen.
• Para lograr justicia
Jueces, abogados y burócratas deben ser reentrenados.
Por: Anders Kompass*
Varios países en Asia, la antigua Unión Soviética, Europa del Este, América Latina, el África subsahariana y el Medio Oriente se han embarcado en una amplia gama de iniciativas para reformar el estado de Derecho, pero reescribir constituciones y leyes es la parte sencilla; las reformas de gran alcance implican un arduo y lento proceso. Jueces, abogados y burócratas deben ser reentrenados; el sistema de justicia, las fuerzas policiales y las prisiones, reestructurados. Y para que el concepto de la ley y la justicia realmente se transforme, hay que involucrar a todos los ciudadanos.
La experiencia muestra que los principales obstáculos no son técnicos ni financieros, sino políticos y humanos; sólo se alcanzará el éxito si se ataca el problema fundamental de los líderes que rehúsan ser regidos por la ley.
Mientras el sistema esté infestado de corrupción y cinismo, no habrá estado de Derecho; las élites sólo renuncian a sus intereses y a su tradicional impunidad cuando enfrentan una gran presión. Aun la nueva generación de políticos se opone a apoyar reformas si éstas generan cuadros rivales más allá de su control.
El estado de Derecho puede definirse como un sistema en el cual las leyes son de conocimiento público, claras en su significado y aplicadas a todos por igual. Ellas representan y protegen las libertades civiles y políticas que han adquirido un estatus universal, al ser reconocidas como derechos humanos. En particular, el derecho de cualquier persona a tener una pronta y justa audiencia y a ser considerada inocente hasta probar lo contrario.
Las instituciones del sistema legal deben ser razonablemente competentes y eficientes. Los jueces deben ser imparciales e independientes, no sujetos a ningún tipo de influencia política o manipulación. Y tal vez lo más importante sea tener funcionarios públicos que comprendan que la ley se aplica también a ellos.
El estado de Derecho no es una idea nueva; está recibiendo mucha atención porque fortalecerlo permitirá consolidar tanto las democracias como las economías, en un momento en el que ambas están en transición.
También ayudará a controlar la corrupción y el crimen, problemas que frustran a los ciudadanos y nublan los esfuerzos. El crimen erosiona el apoyo de la población a la democracia, y perjudica la economía, al ahuyentar la inversión extranjera e interferir con el flujo de ideas, bienes y personas.
(*) Representante de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Guatemala.
• Prevención y sanción
Muertes violentas van en aumento.
Por: Luis Ramírez*
Con asombro observamos que los índices de muertes violentas han aumentado en los últimos años.
En 1998 se produjeron cerca de 25 homicidios por cada cien mil habitantes (hpcm), y para el año 2006 encontramos 42 hpcm.
El incremento, en términos absolutos, significa de dos mil 700 en el año 1998 a cerca de seis mil muertes violentas el año pasado. El promedio en el mundo es de siete hpcm.
Según esta información, nuestro país se encuentra entre los 10 más violentos del mundo. Las cifras también indican que en los lugares en donde existe mayor presencia indígena, el índice de muertes es menor. Incluso, presentan tasas de menos de 10 hpcm.
Por el contrario, existen zonas rojas, de población con menor presencia indígena, en donde la tasa se eleva a más de 70 hpcm.
Las estadísticas reflejan que las muertes son causadas, en más del 70%, por armas de fuego, y que de cada 100 muertes, el sistema de justicia logra sentencias únicamente en cuatro.
Con estas cifras, conocidas ampliamente por las autoridades responsables de las políticas de seguridad y justicia, las decisiones para disminuir este tipo de hechos deberían de orientarse a limitar la portación de armas de fuego y fortalecer el sistema de justicia.
Lo hecho por las autoridades de justicia y seguridad a partir de los acuerdos de paz parece indicar que vamos por el camino contrario.
El colmo de esta situación, además de la indiferencia de las autoridades responsables de la persecución penal, es que miembros de las fuerzas de seguridad, principales responsables de garantizar la vida, estén involucrados en este tipo de hechos, ya sea por sus vínculos con el crimen organizado o bien por dedicarse a eliminar delincuentes.
La responsabilidad no sólo recae en el Ministerio Público y en el Ejecutivo, por sus políticas erróneas de persecución delictiva, sino que también en el Congreso de la República.
Desde hace varios años se discute una ley para limitar la portación de armas de fuego, la cual, por defender intereses de las empresas de seguridad, comerciantes de armas e intereses del Ejército por mantener el control del Decam, se encuentra engavetada, esperando supuestos consensos políticos.
La profunda crisis policial, que puso al desnudo la muerte de los parlamentarios salvadoreños, es una oportunidad para la búsqueda de soluciones radicales al incremento de las muertes violentas. Depurar la Policía, dignificar su función civil y fortalecer su capacidad de investigación criminal dentro de la ley, debería ser una decisión impostergable.
Las cifras por muertes violentas reflejarán su grado de compromiso.
(*) Analista, Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala.
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LA BUENA NOTICIA Discípulos y misioneros
La opción preferencial por los pobres ha sido uno de los principios que han guiado la acción de la Iglesia en el continente americano.
Por:
Mario Alberto Molina
Hoy celebramos la fiesta de la Ascensión de Jesús. Él, como Señor glorificado, envía a sus discípulos en misión universal.
Esta fiesta tiene para los católicos de América Latina un significado especial este año. Nuestra Iglesia tiene en estos días su corazón y su pensamiento en Aparecida, Brasil.
Allí se reúnen los obispos delegados de las Iglesias de cada uno de los países de América, en la 5a. Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.
Tengo el privilegio de ser uno de los delegados guatemaltecos participantes.
El domingo pasado, el papa Benedicto XVI inauguró la Conferencia con un discurso brillante por la claridad del razonamiento y esclarecedor por la contribución al discernimiento de la acción pastoral de la Iglesia.
El Papa arrancó la primera ronda de aplausos de aprobación de parte de los oyentes, al concluir su análisis sobre el concepto “realidad”. Con ese concepto se designa normalmente la situación en que viven las personas a quienes la Iglesia sirve en su quehacer pastoral.
El Papa cuestionó la tendencia a circunscribir ese ámbito a las realidades sociales, económicas y políticas. Una realidad que se limita a esas dimensiones históricas está incompleta.
Cuando el creyente ve la realidad, tiene una mirada más amplia y profunda, que incluye primariamente a Dios, que es el fundamento de todo lo que existe. La misión de la Iglesia es dar testimonio principalmente de esa realidad fundamental, que da sentido y consistencia a todas las otras dimensiones históricas y mudables.
Otro momento esclarecedor, y complementario del anterior, ocurrió cuando abordó el tema del testimonio de la caridad que la Iglesia debe dar con su servicio a los necesitados. El Papa tomó una expresión clásica de práctica pastoral latinoamericana y la reubicó en un nuevo contexto.
La opción preferencial por los pobres ha sido uno de los principios que han guiado la acción de la Iglesia en el continente americano. Pues bien, esa opción, dijo el Papa, tiene raíz en el mismo Cristo, pues el Hijo de Dios, al hacerse hombre, optó por los pobres.
La opción preferencial por los pobres es constitutiva de Cristo y, por lo tanto, es cualidad inherente de la acción pastoral de la Iglesia.
Finalmente, al hablar de la misión de los obispos en el mundo, subrayó la tarea de ser formadores de la conciencia moral de la sociedad, sobre todo, de los laicos.
La creación de estructuras sociales justas, que hacen posible la vida digna para todos, se realiza a través de la acción que nace de la conciencia moral de las personas. Formar y actuar con esa conciencia es la tarea de los discípulos y misioneros de Jesús.
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