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COLABORACIÓN El reto más grande
Lo que está en juego es la seguridad colectiva de un mundo interdependiente.
Por: Ian N. Hughes (*)
El calentamiento global representa un problema sin precedentes. Por primera vez en la historia nos enteramos con precisión científica de las graves calamidades que pueden ocurrir. Aún podemos evitar una catástrofe movilizando nuestro ingenio y espíritu comunal. Pero tenemos que actuar juntos.
Los efectos del fenómeno ya nos azotan. En Darfur han muerto 200 mil personas como resultado de la lucha entre comunidades nómadas y de pastoreo, por obtener recursos cada vez más escasos. En el Sureste Asiático vive un millardo de personas con la amenaza de perder sus recursos hídricos. Aquí en Centro América, vemos más y más peligrosas tormentas cada año.
Si optamos por hacer caso omiso de un proceso tan importante limitaríamos voluntariamente nuestra comprensión de los retos que afrontamos y dificultaríamos nuestra capacidad de cumplir con esos retos en un plazo apropiado. Esto sería un desastre para nuestros hijos y nietos.
La comunidad internacional, incluso los países de Centro América, debemos adoptar un nuevo enfoque sobre nuestros análisis y nuestras acciones. La amenaza que se plantea a nuestra seguridad climática no viene de fuera, sino de adentro: todos somos nuestros propios enemigos.
Y lo que está en juego es la seguridad colectiva de un mundo interdependiente.
Sólo hay una respuesta adecuada, y la debemos plantear juntos: desvincular el crecimiento económico de las emisiones de carbono. Eso requiere un cambio fundamental en la forma en que producimos y consumimos energía.
El mundo invertirá unos US$21 millones de billones en el sector energético entre ahora y el año 2030. La mayor parte de esa cantidad tiene que canalizarse hacia inversiones en iniciativas bajas en carbono que estimulen la eficiencia energética.
Vamos a tener que pensar de forma mucho más imaginativa y mucho más amplia sobre la forma en que podemos actuar juntos para lograr esto. Requerirá la diplomacia internacional coordinada; el apoyo de finanzas y mercados internacionales; y la construcción de coaliciones entre regiones para enfrentar problemas específicos.
Los gobiernos deben establecer objetivos, reglamentos e incentivos a largo plazo. Las empresas tienen que confiar en tomar y seguir esa iniciativa y empezar a cambiar de inversión.
Los consumidores debemos hacer elecciones acertadas y convencer a otros para que hagan lo mismo. En resumen, estamos ante nada menos que la mayor asociación pública-privada de todos los tiempos. Este es el reto. Esta es la oportunidad. No tenemos otra alternativa.
(*) Embajador SM Británica
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