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Guatemala, lunes 28 de mayo de 2007

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Además, en esta sección:

Ricardo Mata: “La fotografía es mi vida”
Artista recibirá un homenaje por cumplir sus Bodas de Oro profesionales y por fundación del Club Fotográfico de Guatemala
Por: Lucia Herrera

Foto de portada
Ricardo Mata se enamoró de la fotografía en sus primeros años universitarios. Foto Prensa Libre: Lucía Herrera.

El renombrado fotógrafo guatemalteco Ricardo Mata cumple 50 años de vida profesional y de haber fundado el Club Fotográfico de Guatemala el cual, tras medio siglo de existencia, continúa con la labor de motivar a fotógrafos, novatos y profesionales, en el arte de capturar imágenes.

Mostrar el lado positivo y bello del mundo, principalmente de Guatemala, ha sido la labor de Mata, quien en esta entrevista habla de su hijo, el Club Fotográfico, y de las particularidades de su pasión.

A 50 años del Club Fotográfico de Guatemala ¿Cómo se siente usted, su fundador?

Satisfecho y agradecido con Dios que me ha permitido llegar a esta fecha. El Club Fotográfico para mí es como un hijo, lo he querido toda mi vida, en estos 50 años he sido su presidente en nueve oportunidades. Además, hay algo curioso, en el club hacemos concursos todos los meses, y desde que lo fundé nunca he dejado de competir. Incluso cuando estoy fuera del país mando mis fotografías.

¿Cómo le surgió la idea de formar un club fotográfico?

Lo fundé unos meses después de haberme graduado de fotógrafo profesional en Estados Unidos.

En el colegio en donde estudié había uno y al regresar reuní un club aquí casi copiando el reglamento y las categorías para los concursos. Después de 50 años, seguimos con el mismo reglamento, con la diferencia de que incluimos la categoría digital.

¿Cuánta gente comenzó el Club?

Éramos nueve directivos y más o menos 20 socios. Desde la primera reunión nunca nos hemos dejado de reunir el último jueves de cada mes, ni siquiera con los golpes de estado que hubo en el país. Cuando eso sucedía solicitábamos un permiso especial, que nos lo brindaban si nos reuníamos en una casa privada e indicábamos la dirección. Nunca en la historia se ha cancelado un concurso.

¿Pensó alguna vez que el Club adquiriría tal dimensión?

La verdad es que no. Siempre pensé que iba a ser un Club mediocre.

¿Cuál es, para usted, el mayor logro del Club?

Llegar a los 50 años y estar consolidado como una entidad de mucho respeto. A través de esta organización han pasado la mayoría de fotógrafos profesionales. Es difícil mencionar algún profesional guatemalteco que en algún momento no haya pasado por él. Es más, el Club ha servido de trampolín para muchos artistas.

¿Es cierto que su archivo tiene más de un millón de imágenes?

No es cierto, tiene más de dos millones de imágenes. Tengo obsesión por tomar fotos, esa es mi vida. He estado 50 años en el negocio. Cuando se hace un trabajo, hay que tomar al menos cien fotografías, sacar a la gente a caballo, en el sol, en la sombra, a pie, bañándose en el río, donde se pueda, ya que uno en ese momento no sabe qué le puede servir. A mí me fascina la fotografía y me fascina tomar fotos, es decir, si yo no llevo cámara a un lugar mejor no voy.

¿Qué países, tribus, selvas, metrópolis, ha recorrido con su cámara?

Creo que estoy llegando al centenar de países. He tenido la suerte de trabajar para muchas líneas aéreas y eso me ha dado la facilidad de viajar mucho. He estado en los cinco continentes.

He estado varias veces en África; en Europa conozco todos los países menos Polonia, también he ido a Asia, a todos los países de América del Sur, de Centroamérica y de Norte América. Del Caribe conozco un 50 por ciento. Es una lista muy grande, pero tengo archivo de todo.

Además de la fotografía, usted se ha interesado por los parques zoológicos...

Un día se me ocurrió conseguir animales, patrocinados por empresas, para donarlos al Zoológico La Aurora. Un día sonó el teléfono como a la media noche, una hora en la que uno siempre se sobresalta. Contesté y me dijeron que estaban reunidos los miembros de la Asociación de la Aurora y querían preguntarme si aceptaba ser el nuevo director del parque, y yo les dije que sí.

Al día siguiente cuando me presenté al zoológico había una persona que ofrecía un animal que no conocía, así que llamé a la Embajada de Estados Unidos para preguntar si sabían qué era y no me dijeron nada, conseguí un diccionario y unos libros y allí averigüé que era un canguro pequeño. Después de eso me interesé en aprender y en visitar parques zoológicos.

Hasta la fecha llevo 588 parques visitados. Años más tarde se me ocurrió hablar con algunas personas para hacer el Auto Zafari Chapín.

¿Tiene alguna fotografía preferida?

No tengo fotos consentidas. Pero sí una muy especial que le hice al Papa Juan Palo II durante su visita en 1983, cuando la Curia me contrató para ser el fotógrafo de Su Santidad. La imagen muestra cuando Su Santidad dio la bendición a unos polacos que vivían aquí, después de una serenata.

Después de tomar la foto la amplié y traté de que me la firmara antes de irse de Guatemala. Cuando llegué a traerla a la Nunciatura me dijeron que el Papa había dicho que no firmaba nada, pero tampoco me la devolvieron porque le había gustado tanto que se la había llevado.

Tiempo después durante una audiencia en Roma con el Papa a la que acompañé a unos amigos, tuve la oportunidad de hablarle durante 10 minutos más o menos mientras miraba un álbum que yo le tenía de su visita aquí. Tras ver las fotos me firmó la imagen.

¿Hay algo que quiera fotografiar y que aún no lo haya hecho?

He viajado mucho, he conocido muchos lugares, he tenido la ayuda de Dios para fotografiar prácticamente todo lo que he querido, y creo que sería injusto desear algo. Había algo que me inquietaba, especialmente ahora que están promoviendo las siete maravillas del mundo. Yo tenía imágenes de seis, me faltaba la Muralla China y hace un mes estuve allí.

Únicamente hay algo que me preocupa, aunque no me quita el sueño, y es pensar qué va a pasar con mi archivo. A nadie de mi familia, aunque tengo un hijo fotógrafo, le interesa mi archivo, y yo ya estoy cumpliendo 73 años de vida. Este año o el otro creo que voy a empezar a vender un poco para que se aproveche positivamente y no que con los años sean quemadas.

Tributo

Dentro del marco de las celebraciones del 50 aniversario del Club Fotográfico, Ricardo Mata ofrecerá la conferencia El arte de ver en fotografía, mañana, a las 19 horas, en el Teatro Dick Smith de IGA, ruta 1, 4-05 zona 4. Entrada libre.

Al concluir la charla, el IGA otorgará un reconocimiento a Mata por todo su trabajo artístico.

Historia de vida

Ricardo Mata se enamoró de la fotografía en sus primeros años universitarios.

Se graduó de fotógrafo en el Brook Institute of Photography, en Santa Bárbara, California, en 1956.

Firmó su primer contrato con la Revista Nacional Geographic, en 1988.

Ha expuesto en innumerables ocasiones en Guatemala y el extranjero.

Ha publicado los libros Guatemala, Guatemala visión de Miguel Ángel, Guatemala corazón del mundo maya, Guatemala ceremonias y fiestas populares, y Guatemala paraíso de la naturaleza.

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Tres Puntos...: Norman Morales
Por: Guillermo Monsanto

Este artista ha obtenido varios logros recientes en un lapso relativamente corto. Entre ellos se lista el haber representado a Guatemala, junto a Josué Romero, en la Bienal Internacional de Pintura de Cuenca (Ecuador, abril-junio de 2007).

Simultáneamente alcanzó, en la novena edición del Premio Joven Estampa de la Habana (Cuba, 10 al 19 de mayo), realizada en la Casa de las Américas, una mención de honor. Junto a sus impresiones se colgaron también las de otros guatemaltecos: Plinio Villagrán, Marlov Barrios y Alberto Rodríguez. Además, en abril de este año, el Club Rotario Guatemala Sur le entregó, como premio único, el catálogo retrospectivo de su labor creativa por haber destacado en la Subasta de 2006.

Norman Morales nació en 1979. Hacia 1998 obtuvo el primer reconocimiento en la Bienal de Arte Paiz: un Glifo de Plata, categoría general, recibido por una obra que se aleja abismalmente de sus motivos y cualidades formales actuales: Causas y Azares. Inmediatamente después parece tomar una conciencia respecto a lo figurativo y el entorno en el que lo define. De descuidar la aplicación de pigmentos y la corrección anatómica, pasa a incursionar en lenguajes contemporáneos, valiéndose de herramientas más refinadas.

Tempranamente Morales respondía a sus ideales de belleza tomando información de producciones renacentistas y neoclásicas. Estos motivos, empalmados con otros sujetos actuales, remataban ideas y consolidaban iconografías que ya se identifican como propias por la manera coherente en que las utilizaba.

En algunas pinturas intermedias (2003-2004) se enfocó en la creación de series de columnatas secuenciadas. Todas dan la impresión de haber sido estampadas sobre los soportes cuando, en realidad, fueron delineadas a mano alzada.

Más adelante, con otras temáticas y variaciones cromáticas, crea nuevas series de trabajos que aparecen en exposiciones colectivas y en la diversidad de certámenes en los que ocupó puestos distinguidos. En algunas obras (2005-2007), antes de iniciarse en el grabado, trabajó lo gestual a base de chorreos, dejando concentraciones al azar para producir distintas atmósferas, que pese a su oscuridad, poseen esencia esteticista por los ritmos manejados.

La necesidad de seguir expandiendo su campo expresivo le llevó a buscar las posibilidades que esta antigua técnica le podía ofrecer. De este modo Norman Morales se encontró de frente con posibilidades que fortalecían sus pensamientos creativos a partir de lo que ya manejaba con soltura. Para aquel año era visualizado como grabador y vital de una disciplina poco conocida por los gestores, promotores y periodistas culturales del nuevo siglo.

La técnica, pese a la sorpresa con que fue recibida en el medio neófito, estaba muy arraigada dentro de la producción guatemalteca en los siglos XIX y XX. La Torana (grupo al que pertenece Morales) y otros artistas la trajeron, de nuevo, a un primer plano. De allí que la primera convocatoria del Salón del Grabado (2005), haya despertado un interés poco usual para las artes nacionales.

Como grabador Morales está rompiendo estatutos al mezclar, inteligentemente, diversidad de elementos a los que sabe dar tintes formales. Su producción completa se percibe existencial y en cierta forma, introspectiva.

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