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¿Existe el infierno?
En diversas culturas el infierno se ha concebido como un lugar de pena y castigo eterno
Por:
Roberto Villalobos
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| En el infierno están perdidos aquellos que libremente rechazan el bien. (Foto Prensa Libre). |
Nada más aterrador que el letrero colgado a lo alto de la entrada al Infierno, según el clásico literario La Divina Comedia: “Los que aquí entran, despójense de toda esperanza”.
En esta obra, Dante Alighieri narra su propio descenso al mundo infernal, al cual describe como un lugar lleno de gente dolorida, que sufre, suspira, llora y en donde no dejan de escucharse altos ayes.
Dante también escribió que allí se pronuncian “hórridas blasfemias, palabras de dolor, acentos de ira y roncos gritos al son de manotazos”.
Todo esto, claro, es poesía. Sin embargo, es una de las formas en que el ser humano ha tratado de describir este sitio, el cual se suponía ubicado en el centro de la Tierra y de ahí su nombre, derivado del latín “inferos”: lugar inferior.
Las preguntas que surgen son: ¿En realidad existe un sitio así? ¿De verdad es caluroso, repleto de llamas incesantes? ¿Quien peca sin arrepentirse o hace daño deliberado a los demás está condenado a sufrir para siempre?
De acuerdo con la teología, el infierno significa estar fuera del camino del amor, la fraternidad, la solidaridad, la auténtica convivencia humana y la desobediencia a los preceptos de un ser supremo. Básicamente, el mismo concepto se aplica en religiones como la cristiana, musulmana y judía.
Para Francisco Romero, teólogo por la Pontificia Universidad de Salamanca, España, el infierno es sinónimo de muerte permanente.
El cielo, por lo contrario, simboliza la vida eterna. Todos aquellos escenarios terroríficos que se presentan en la literatura, la pintura o el cine, son solamente una forma sensible de evocar el padecimiento perpetuo del espíritu que no llegará nunca de vuelta a la fuente de todo.
Rebelión
Cuando se habla de infierno, también hay que mencionar al diablo, la figura soberbia que se opone a la voluntad y busca desviar a las almas del camino de Dios.
Romero indica que este ser es identificado de mejor manera en las escrituras del Nuevo Testamento, cuya imagen adoptó la Iglesia para los siglos posteriores. En la versión griega de esos textos aparece la palabra Satanás, que significa “adversario”.
Se dice que el diablo o Luzbel, era un ángel de luz al servicio de Dios, pero, debido a su orgullo, belleza y por estar en contra de los planes divinos, él y otros ángeles fueron expulsados del paraíso.
Otros infiernos
En diversas culturas existe la noción de un lugar de castigo eterno. En la cultura sumeria, lnnana, diosa celeste, viaja al reino inferior y oscuro, el Kigallú donde reina Ereshkigal.
En la religión asirio-babilónica, Nergal, junto con su esposa Ereshkigal, se convierte en dueño absoluto del infierno identificado con el sol abrasador, origen de la fiebre, es por lo tanto el responsable de la enfermedad y su corte está poblada por demonios.
Para los egipcios, el infierno es el reino de Osiris, dios que regula la vida y la muerte. En su reino, los justos esperan a ser llamados a vivir una segunda vida.
Entre los mayas, existe el reino de Xibalbá, que es poblado por seres tenebrosos.
En Grecia existía un abismo denominado Hades, situado en el centro de la Tierra.
Mientras, los judios concebían una morada para los muertos buenos y otra para los malos.
Todos esperan la llegada de un libertador, que de hecho, en la teología cristiana, fue Jesús, quien descendió a los infiernos tras su muerte, ya que él se había hecho “pecado” para salvar a los hombres y para anunciar, a quienes le precedieron en la muerte, la esperanza de liberación.
Es precisamente esta esperanza la que pierden los condenados al infierno, que, según el papa Benedicto XVI “existe y es eterno para los que cierran su corazón al amor de Dios”, dando a entender que es la misma persona quien decide su destino trascendental.
•¿En realidad existe el infierno?
No da lo mismo ser bueno que malo
Uno de los argumentos teológicos que justifican, a priori, la existencia del infierno, es el concepto de “infinita justicia de Dios” como contraparte al de “infinita bondad y misericordia”; de lo contrario, sería transcendentalmente igual ser “bueno” que “malo”, pero esto desde el punto de vista ético y lógico no tendría sentido.
A lo largo de la Biblia se denomina a este sitio con diversos nombres: Abismo, Lugar de los Tormentos, Alberca de Fuego, Fuego Eterno, Lugar del llanto y rechinar de Dientes.
Una de las evocaciones más claras sobre la existencia de este sitio es la parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón, en la cual el segundo nunca se compadece del primero, a pesar de su gran riqueza. Al morir ambos, Lázaro va al “seno de Abraham”, mientras Epulón es devorado por lenguas de fuego.
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