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Guatemala, lunes 05 de noviembre de 2007

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Opinión

COLABORACION
Buenos empresarios

La cárcel es la forma de castigo más habitual para el delincuente.
Por: Leonel Guerra Saravia

Las cosas están mejorando, dándoles oportunidad de trabajo a personas que estuvieron en pandillas. El Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (Cacif) y la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) de Estados Unidos son los iniciadores de este proyecto que inició hace un año.

Es de felicitarlos, y gracias a 68 empresas varios ex pandilleros se incorporan a nuestra sociedad. Actitudes como ésta son ejemplo a seguir.

Se escuchan diferentes opiniones sobre lo que se debe hacer con la delincuencia. Preguntémonos: ¿Qué grado de delincuencia existe y cuáles son las manifestaciones más frecuentes?

No existen datos estadísticos reales, ya que la Policía Nacional, por lo general, es el primer contacto que hace, cuando puede, la víctima. Hay personas que no se abocan a la Policía ni al Ministerio Público. Generalmente se denuncian robos, crímenes, violaciones, agresiones, etc.

La cárcel es la forma de castigo más habitual para el delincuente. Antiguamente, la prisión se utilizaba para tranquilizar a los borrachos o para retenerlos al estar acusados de un delito, hasta que se les juzgaba.

En el siglo XIX, las principales formas de castigo eran: el cepo, latigazos, marcas con hierro candente o la horca. Se dice que el encarcelamiento es una forma de castigar a los malhechores y de proteger a los ciudadanos de ellos.

En esta época se sobreentiende que no se debe maltratar físicamente a los prisioneros; sin embargo, sufren de muchas privaciones, como de su libertad, un salario digno, contacto perenne con su familia, amigos, etc.

Aunque los presidios no parecen conseguir la rehabilitación de los prisioneros, es posible que se disuada a algunos de cometer delitos. Otros salen peor, por la escuela que reciben con otros presos o por compromisos que adquieren en ese lugar.

Actualmente, nuestras cárceles están superpobladas y carentes de una verdadera escuela para incorporar al delincuente a la sociedad. Deberían, los legisladores de Guatemala, de estudiar otros sistemas, como trabajo comunitario, multas de trabajo, pago de la reparación del daño, etc.

Hay quienes piensan en nuestro país que quien le quita la vida a otro debe ser castigado de la misma manera. Otros opinan que no es moralmente correcto que una sociedad mate a sus ciudadanos.

El tema es muy complicado y, sobre todo, ante el compromiso de respetar el derecho humano que a todos nos asiste. Esperamos que el nuevo gobernante y las nuevas autoridades analicen muy bien las medidas que van a tomar, dada la inseguridad en que reciben al país, pero, sobre todo, respeto general al ser humano.

Ojalá se les dé facilidades y estímulos a los empresarios que están apoyando este programa que les consigue trabajo a los ex delincuentes que tienen la intención de comportarse respetuosos de la ley.

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