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EDITORIAL El presupuesto se debe aprobar
El Congreso de la República, que está por terminar su período legislativo, tiene la enorme responsabilidad de dejar aprobado el Presupuesto de Ingresos y Egresos del Estado para el año 2008, porque no hacerlo obliga al nuevo gobierno a iniciar su gestión con enormes obstáculos.
Hace cuatro años, el entonces mayoritario Frente Republicano Guatemalteco (FRG) obstaculizó la aprobación del presupuesto porque ya sabía que ellos no estarían al frente del nuevo gobierno, y así podían crear problemas para el presidente Óscar Berger y su equipo de trabajo.
Esa es una actitud muy irresponsable. El daño no es solamente para el partido ganador de la Presidencia, sino que se traslada a todo el país, y en particular a la población, que finalmente es la que deja de recibir con eficiencia los servicios que el Estado debe prestarle, como seguridad, educación, salud, etcétera.
Para cualquier gobierno nuevo, el inicio es siempre complicado. Muy pocos de los funcionarios que asumen cargos conocen la maraña burocrática y menos aún tienen la capacidad para desentrañarla con rapidez, mientras que los cuadros medios se convierten en los operativos más importantes en los primeros meses de gestión administrativa.
Pero si a ese enorme problema se le sumara el que el Congreso no aprueba el presupuesto del 2008, entonces se dejarían virtuales candados para desarrollar con eficiencia el trabajo que los ministros e instituciones gubernamentales deben llevar a cabo.
Apenas ayer, en una entrevista con este matutino, el presidente Óscar Berger recordaba lo difícil que fue su primer año en la Presidencia, precisamente por las dificultades que tuvo que afrontar por no contar con una herramienta más ágil, como debiera ser el Presupuesto General de Ingresos y Egresos de la Nación.
A diferencia de hace cuatro años, el actual Congreso no tiene una aplanadora que decide sobre el futuro de nuestro país, como mal lo hizo el FRG. Sin embargo, la actual legislatura ha sido una de las más irresponsables en cuanto a la aprobación eficiente de leyes y reglamentos, y en vez de ello se ha caracterizado por ser un organismo en el que todo es negociable.
Ojalá los diputados que están por salir comprendan la responsabilidad de desempeñar bien sus últimas tareas, como también será vital comprobar cuál será la actitud que muestren los parlamentarios que ganaron su reelección, porque tristemente lo que suele suceder es que a pocos días de haber recibido el apoyo popular se olvidan de que su compromiso es con los electores, y empiezan a aplicar sus estrategias partidistas que, muchas veces, están distantes de las de la población.
Los guatemaltecos hemos demostrado que seguimos apostando a favor de la democracia, muy a pesar de la actitud de la mayoría de partidos políticos, que siguen actuando en contra de los principios y valores democráticos.
Termina una contienda electoral, y en el Congreso veremos otra. Ojalá las pasiones y actitudes negativas hayan quedado atrás, y que recuerden los diputados que primero está el interés nacional.
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