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PERSPECTIVAS Lecciones aprendidas
Más allá de sus intrincados códigos y partidas, y su lectura marcada por el tecnicismo, el presupuesto es una herramienta política.
Por:
Renzo Lautaro Rosal
La aprobación del presupuesto general del 2008 deja al desnudo lecciones que considerar por el equipo del gobierno entrante y por la nueva legislatura.
Destaca el hecho de la relación entre los organismos del Estado, ya que a pesar de que el presidente de la Comisión de Finanzas pertenece el nuevo partido oficial, tal parece que ello no es suficiente para lograr ponerse de acuerdo.
El elemento central radica en que las acciones del Legislativo no se rigen por políticas públicas.
El énfasis de sus acciones gira en torno de coyunturas frágiles, revestidas de clientelismo. Lo sucedido es una luz amarilla que indica la necesidad de profundizar las relaciones entre estos dos organismos, en un espacio caracterizado por el diálogo permanente con las fuerzas políticas allí representadas, y no por la casuística al interior del mismo partido.
El presupuesto nacional es un instrumento de política pública, que sintetiza y asigna recursos a las principales apuestas de un gobierno en un período específico (un año). El nuevo gobierno ha delineado sus apuestas e intenciones, tanto de su gestión como de su primer año de gobierno.
El ejercicio debió ser más que una simple adición o sustracción de recursos. Se evidenció que el manejo de este instrumento vital no puede hacerse con base en el regateo, como si se tratara de un mercado de barrio. La asignación improvisada no es la solución. El manejo de las urgencias tiene sentido en un marco estratégico.
Más allá de sus intrincados códigos y partidas, y su lectura marcada por el tecnicismo, el presupuesto es una herramienta política; por tanto, no está abierta a las ocurrencias o interpretaciones de última hora.
Aun cuando algunos movimientos de último momento respondan a las intencionalidades del gobierno entrante, lo sucedido deja varias lagunas sobre el futuro de programas e incluso instituciones cuya existencia es fruto de procesos sociales. Destaco los programas de educación intercultural, el surgimiento y efectividad demostrada por la Secretaría de Asuntos Agrarios y la Secretaría de Seguridad Alimentaria, entre otros.
Quedan pendientes, una vez más, los elementos de control gubernamental y ciudadano. La consolidación del Estado se erosiona con el creciente rol de ciertas organizaciones no gubernamentales a las que se otorgan importantes recursos, sin saber con certeza a qué línea de actuación pública responden ni quiénes están detrás. La transparencia ha de ser para el sector público lo que el mercado es para el sector privado.
Basta recordar que en recientes ejercicios de ranking de calidad de las políticas públicas, Guatemala ha aparecido bajo en los indicadores en materia de implementación y aplicación efectivas, y orientación al interés público.
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