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Guatemala, jueves 29 de noviembre de 2007

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Opinión

PUNTO DE VISTA
No: unidad y mayoría

El apoyo al régimen empieza a desmoronarse.
Por: Sadio Garavini di Turno

El llamado de los estudiantes a votar No a la reforma constitucional en Venezuela, juntamente con las declaraciones en ese sentido de la Iglesia, la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio, la Confederación de Trabajadores de Venezuela, colegios profesionales, organizaciones no gubernamentales y los partidos políticos, entre otros, aunado a la posición similar del partido Por la Democracia Social y el general Raúl Baduel, que reflejan la oposición de vastos sectores del chavismo a la deriva totalitaria del régimen, concretada en la mal llamada “reforma” de la Constitución, han cambiado sustancialmente el escenario político venezolano.

Todas las encuestas serias del país, incluidas las financiadas por el Gobierno, reflejan un crecimiento relevante de la oposición a la propuesta de Hugo Chávez y, sobre todo, un aumento sustancial, entre los opositores de la reforma, de los que han decidido ir a votar.

El argumento político más poderoso del abstencionismo, id est, que una masiva abstención deslegitimaría y debilitaría al régimen, ya no es realista. Como demócratas, deben aceptar el llamado de la mayoría, sumar sus fuerzas y contribuir a la unidad de los que se oponen al cambio constitucional.

Si, como muchos abstencionistas piensan, el Consejo Nacional Electoral produce un resultado fraudulento, en contra de todas las encuestas, sería el inicio del fin del mito del líder mesiánico, apoyado en la abrumadora voluntad del pueblo. En este sentido, incluso una victoria ajustada sería catastrófica para Chávez.

Además, la historia ha demostrado ampliamente, en la Filipinas de Marcos, en el Chile de Pinochet, en la Nicaragua sandinista de la década de 1990 y, más recientemente, en Ucrania, que un fraude evidente no es sostenible. El apoyo al régimen empieza a desmoronarse, porque la posibilidad misma de un eventual cambio de gobierno fomenta, en muchos de sus seguidores, la necesidad de iniciar un “reacomodo” personal para poder “sobrevivir” política o profesionalmente, si la eventualidad se realizara.

El residual argumento de algunos abstencionistas de que no pueden convalidar con su voto un régimen ilegítimo y fraudulento es respetable desde el punto de vista moral; sin embargo, refleja ingenuidad y un excesivo individualismo. Ir o no ir a votar es una decisión política, no moral. En otras palabras, lo que hay que decidir es la conveniencia de votar o no, en función del objetivo político de enfrentar al régimen y su “reforma”.

Además, hay que tomar en cuenta que buena parte de los sectores chavistas opuestos al cambio constitucional no pueden permitirse el lujo de abstenerse, porque no pueden correr el riesgo de perder ellos y/o sus familias el trabajo, la beca y el acceso a las misiones. Para poder sumarlos, hay que votar. Los abstencionistas deben reflexionar y rectificar sabiamente su posición.

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