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Guatemala, domingo 07 de octubre de 2007

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Opinión

ESCENARIO DE VIDA
¡Llegué al Polo!

Estar en el Polo, mis amigos, es como estar en la Luna.
Por: Vida Amor de Paz

Con toda clase de vicisitudes por el clima que no ayudaba, logré finalmente llegar al Polo Norte, a fin de reunirme con connotados científicos, quienes están a bordo de una nave francesa llamada Tara, totalmente a la deriva.

Por muchas razones, estuve varada en Longyearbyen durante varios días, ya sea porque el clima no lo permitía o porque los expertos encontraban la pista de hielo demasiado frágil para soportar la carga, o porque ¡en el Polo Norte llovía!

Así como lo digo, mis queridos lectores; el director de logística del barco Tara, Romain Troublé, tuvo que empacar una sombrilla que le pedían los miembros de la tripulación.

Este asunto de lluvia en el Polo tiene asombrados a los científicos, quienes aseguran que no hay prueba más fehaciente y de que el calentamiento global es un hecho, que esa. Esto parece ser grave, ya que no sólo la temperatura que se está registrando en el Polo no es la habitual, sino que la lluvia hace que el grosor del hielo se reduzca y se rompa.

Cuando me dieron el banderazo de salida, aún había el riesgo de que la nave fuese desviada hacia la estación Borneo, por cualquier eventualidad. La temperatura en el Polo Norte era de un grado bajo cero; según Troublé, la misma temperatura del centro de Francia en esos momentos; algo insólito. No obstante, llegué “vivita y coleando”, con mucha energía y una felicidad desbordante.

Tomé un avión con esquíes llamado Twin Otter y, al llegar a la pista hechiza de hielo, nos esperaba una moto de cuatro ruedas que jalaba un trineo y, una vez colocado el equipaje, nos fuimos directamente al barco.

Estar en el Polo, mis amigos, es como estar en la Luna. El silencio es abrumador y asombroso, pero con el ruido del viento y los crujidos del casco del barco hubo momentos que me evocaban a los monos aulladores de nuestras selvas tropicales.

Como al principio no sabía de qué se trababan los ruidos, pensé que eran los osos polares. Sin embargo, los osos llegan silenciosos a merodear a las inmediaciones del barco, para comer carne humana, y son tan sigilosos que no los vemos fácilmente.

Pero, para protegerse, los científicos que salen del barco a realizar sus faenas tienen que ir armados con escopetas, por cualquier eventualidad. Esta situación se repite hasta para ir al baño, que está instalado a la intemperie, alejado del barco.

En mi bolsillo me fue colocado un instrumento especial que arroja una llama viva, por si veía un oso al que debía ahuyentar. No crean que no me dio miedo, pero no me quedaba otra que mirar para todos lados y salir corriendo cada vez. El acecho es real, pues ya ha sido atacado uno de los dos perros polares que es parte de la expedición.

Tengo mucho qué contar, especialmente sobre el deshielo del Ártico y sobre la ciencia que realizan dentro y fuera del barco, pero, por el momento, permítanme decirles que la experiencia es la más grandiosa que jamás pensé tener en toda mi vida.

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