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LA BUENA NOTICIA Siempre potente
La fe no es un sentimiento de seguridad o un salto al vacío.
Por:
Víctor Hugo Palma Paul
Como pocas paradojas de la existencia humana, aquella de la fe es la más sobresaliente: siempre es pequeña ante los retos de la vida, pero siempre es potente como para vencerlos.
Quienes se sienten “faltos de fe”, al final resultan vencedores de incontables obstáculos, y quienes parecen tenerla en abundancia, en el fondo suplican por su crecimiento.
Sí, a veces la fe simula desaparecer, como la linterna que no se encuentra “a la hora de los temblores”, pero que sabemos está ahí, en algún lugar de la gaveta del corazón, dispuesta a encenderse y consolarnos y salvarnos, para luego, quizás, volver a ser olvidada hasta el próximo golpe de la vida.
En la Buena Noticia de este domingo, ante la petición de sus apóstoles de recibir una “fe aumentada”, Cristo señala la paradoja ya mencionada: ella, la fe, basta en la proporción de un grano de mostaza como para “mover montañas”.
En el Evangelio según San Mateo, Jesús siempre califica a sus discípulos con el término griego oligopistós, “hombres de poca fe”.
Y, sin embargo, no los despide o condena, como aceptando que la poquedad de la fe acompaña el camino de cada uno desde al amanecer, pero que al final del día, aun sin crecer, la pequeña fe logra un nuevo ocaso donde no falta la esperanza del mañana.
Pero la fe no es un sentimiento de seguridad o un salto al vacío que sigue un mortal sacrificium intellectum o “anulación de la razón porque se opone a la fe”.
Todo lo contrario: la fe es una forma de vida donde el discernir y optar por el bien, y el abrirse a las diversas formas de la bondad y la verdad en el mundo son parte del “creer sin ver”.
Es en el fondo una vida de acciones concretas –una “obra” se diría, contra el “fideísmo” emotivo y descomprometido del fundamentalismo–. Por ello, el Maestro la compara con un servicio abnegado: “Solo hicimos lo que teníamos que hacer”, dicen al final del texto de hoy aquellos que sirvieron sin esperar recompensas inmediatas: “Dichosa tú porque has creído” fue dicho a Aquella que, creyendo, llegó a servir a una pariente necesitada y a quien hoy celebra Guatemala como Reina del Rosario.
Una fe así, motor de acciones desinteresadas –como sugería Juan Pablo II en su Fides et Ratio–, capaz de la oblación cotidiana en la familia, en el trabajo, en el estudio, etcétera, es la que se debe suplicar que aumente y sea efectiva no solo para quienes vivimos en la pequeñez de la sociedad cotidiana y sus sobresaltos de violencia, inseguridad y pobreza, sino especialmente para aquellos que “han de tener fe suficiente” como para “mover las montañas de los problemas sociales de Guatemala” y servir a la comunidad local o nacional sin esperar compensaciones a su ego o a su bolsillo, según está escrito: “Dichosos los que creen sin ver”.
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