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Guatemala, domingo 07 de octubre de 2007

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Nacionales

Viven en alto riesgo
Por: Leslie Pérez

Unas 80 mil personas, que habitan en laderas de barrancos susceptibles de deslizamientos, están condenadas al peligro, debido a que faltan políticas de acceso a vivienda para pobladores de escasos recursos.

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Especialista en gestión de riesgos, el geólogo Manolo Barillas, quien lleva tres años de trabajo para evitar desastres en asentamientos, asegura en la siguiente entrevista que el panorama es poco alentador para quienes viven en esos lugares: seguiremos lamentando pérdidas humanas hasta que el Estado no adopte una política institucional al respecto.

Los desastres por lluvias son cada vez más frecuentes en áreas urbanas. ¿A qué se debe?

Al crecimiento demográfico en asentamientos, lo cual acelera la degeneración ambiental y la presión sobre la tierra.

¿Cuántos asentamientos hay en la capital?

No se tiene información certera. Según el censo del 2002, del Instituto Nacional de Estadística, en el departamento de Guatemala había para ese entonces 51 asentamientos, con unas 86 mil personas. El Departamento de Desarrollo Social de la Municipalidad capitalina registra 246, con una población por encima de 300 mil. Otros estudios indican que son más de 600 mil.

Si son zonas de riesgo, ¿por qué se prestan servicios allí?

Las empresas no deberían prestar servicio, a menos que haya dictamen favorable de la municipalidad y de la Comisión Nacional para le Reducción de Desastres (Conred).

¿Existe alguna manera de evitar que la gente se asiente en esas áreas?

Con base en el decreto 109-96, Conred puede declarar no habitables algunas zonas. El inconveniente es que no tiene un programa sistemático para cubrir toda la metrópoli y determinar dónde se puede vivir y dónde no.

¿Qué papel ha cumplido la municipalidad capitalina?

Es evidente que está consciente del grado de riesgo, porque la propia comuna ha hecho encaminamientos, gradas y muros de contención, y ha dotado de servicios.

Pero eso incentiva que se continúe viviendo allí.

Es irreal pensar en desalojar a todas esas personas de los barrancos y llevarlas a lugares seguros. Lo ideal es hacer una categorización técnica, y establecer qué grado de atención se les puede brindar.

¿Cuántas de estas áreas son susceptibles de deslizamientos?

Hicimos un estudio, de mayo a agosto de este año, sobre susceptibilidad de deslizamientos por lluvias en toda el área metropolitana, en 610 kilómetros cuadrados, en ocho municipios. El resultado fue que el 88 por ciento está en situación de amenaza baja a moderada; 10 por ciento, en alta, y 2 por ciento, en muy alta.

¿De cuánta población estamos hablando?

En total, hablamos de un millón de habitantes: 70 asentamientos con 83 mil personas, en alta y muy alta susceptibilidad –ubicados principalmente en la parte sur y suroeste del área metropolitana, Villa Nueva y Petapa–, y 823 mil habitantes en riesgo moderado.

El augurio es desolador.

Con dos horas de lluvia continua, seguro hay deslizamiento.

¿Qué se hace para controlar esta situación?

No hay una política integral para frenar la ubicación de viviendas en sitios inadecuados.

¿Qué debe hacerse?

Una ley de ordenamiento territorial, donde se establezca cuál es la situación de las zonas, en qué lugares se puede vivir y en cuáles no. Esta debe ir acompañada de un trabajo técnico, más el aspecto político institucional.

Tampoco existen opciones de vivienda. ¿Qué pasa con la función del Fondo Guatemalteco para la Vivienda?

Su papel ha sido el de dar subsidios. Hay un déficit de un millón de viviendas. No hay oferta de vivienda popular; es un tema demasiado candente que necesita una política integral.

La época de lluvias está por concluir, y el tema quedará sin ser tratado hasta el próximo año.

Mientras no haya un programa integral, lo único que podemos hacer es prepararnos por posibles desastres. Es solo mitigación.

Ustedes han puesto en marcha un sistema de monitoreo...

Como organización, implementamos un sistema de monitoreo de lluvias. Instalaremos pluviómetros en toda el área evaluada, y tendremos tres niveles de reacción. La intención es tener un sistema de alerta temprana.

¿Con cuánta anticipación podrían reaccionar?

Con dos o tres horas sí se puede hacer una evacuación y moverse a albergues. La preparación es para evitar desastres humanos, pero no materiales.

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