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Guatemala, domingo 07 de octubre de 2007

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Además, en esta sección:

EDITORIAL
Faltan razones para atraer voto

Sólo restan 28 días para la segunda vuelta electoral, y no se ven por ningún lado iniciativas orientadas a superar el aburrimiento público por aquel evento y los partidos en contienda. No obstante eso, algo debe hacerse para evitar una caída estrepitosa en el número de votantes, por su efecto en la representatividad del futuro presidente de la República.

La primera elección, celebrada el 9 de septiembre, y otros comicios del actual proceso democrático, aportan indicadores para sacar conclusiones acerca de las amenazas a la participación ciudadana, a causa del desinterés o la incapacidad de los dos partidos en pugna, porque no existen propuestas pertinentes en relación con la problemática nacional, y por la falta de carisma de sus candidatos.

En la primera vuelta hubo un abstencionismo de 41%, y si a esa cifra se adiciona el 8.4% de quienes votaron nulo o en blanco, se tiene una ausencia previsible del 50% de empadronados en la segunda vuelta.

Pero a ese resultado se deben sumar aquellas personas que decidan no votar a causa de la derrota de su candidato, el 9 de septiembre . Este fenómeno se ha marcado en las segundas rondas, desde 1985.

Por ejemplo, en 1995, el abstencionismo fue del 63%, y en 1999, del 61, mientras en el 2003, en la primera vuelta fue de 40.29%, y en la segunda, de 58.97%.

Tanto el voto nulo como el voto en blanco entrañan mensajes importantes para los partidos y las autoridades electorales, referentes a la falta de motivación del ciudadano para ejercer el sufragio, porque no encuentra en las propuestas políticas nada ni a nadie de su interés, y rechaza, por otra parte, la imposición institucional de un sistema que legaliza la mediocridad y trata de obligarlo a votar por el prospecto menos malo.

En el actual proceso, determinadas actitudes de los presidenciables han resultado contraproducentes para su imagen, como el despropósito de celebrar alianzas electorales con individuos rechazados en la primera vuelta electoral, o de funcionarios que, como en el caso de los gobernadores, son, en parte, responsables de la derrota del partido oficial.

No es mucho lo que pueden contribuir los gobernadores a la causa de un contendiente, en primer lugar, porque como burócratas nombrados a dedo carecen de representatividad y de liderazgo comunitarios, y luego porque muchos de ellos cargan con señalamientos de arbitrariedad y corrupción, en particular por el sospechoso manejo del presupuesto de los Consejos de Desarrollo por medio de organizaciones de fachada, que disfrazan el robo de los fondos públicos.

Por otra parte, el intercambio de insultos ha predominado en un escenario ávido de opciones para tantas necesidades, y carente, además, de propuestas interesantes, porque un candidato se quedó varado en el tema de la inseguridad y la explotación de ese temor público, mientras el otro no logra articular un discurso que deje en claro sus prioridades.

Debido a la falta de un debate enriquecido con propuestas y exento de insultos, no se debe esperar que surja, a solo 28 días para los comicios, entusiasmo e interés por rivales que compiten, también, en falta de lucidez y originalidad.

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Fo
Por: fo@guate.net.gt

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TIEMPO Y DESTINO
Las reformas mexicanas

Se debe rendir culto al examen honrado de los votos.
Por: Luis Morales Chúa

Comienzo por aclarar un error cometido en mi columna del domingo pasado. Al mencionar la elevada multa impuesta al Partido Revolucionario Institucional (PRI), confundí el nombre actual de ese partido mexicano, que gobernó durante 71 años.

La historia oficial de esa organización política indica que los trabajos previos a su constitución principiaron en diciembre de 1928 y culminaron el 1 de marzo de 1929, con la convención constitutiva del Partido Nacional Revolucionario (PNR), llamado así en sus inicios; en 1937 adopta el nombre de Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y a partir de 1946 se inscribe como Partido Revolucionario Institucional (PRI).

La primera gran derrota electoral del PRI ocurrió el 2 de julio del 2000, a manos del Partido Acción Nacional (PAN) liderado por Vicente Fox, multimillonario empresario, neoliberal. Pero algunos analistas mexicanos consideran que el neoliberalismo había comenzado a ganar espacios políticos en México desde 1980.

A partir de las elecciones generales del 2000, el PRI se mantiene en tercer lugar en el número de diputados (106) después del PAN (206) y del PRD (127).

Pero, volviendo al tema de las reformas electorales en los Estados Unidos Mexicanos, es necesario decir que, como en otros países, nacen en sus constituciones; las leyes comunes solamente desarrollan los principios y garantías constitucionales.

Figuran también, por lo general, en leyes fundamentales que, sin ser constituciones, han servido como antecedentes históricos. La primera Constitución mexicana, en sentido estricto, es la de 1824, que organizó al país como un Estado federal. Una de sus normas establecía que el ganador de las elecciones asumía la Presidencia y el perdedor –aunque fuese su enemigo– la Vicepresidencia, y es de imaginar los problemas que originó tal disposición.

La más reciente reforma constitucional, en materia electoral, fue aprobada en agosto pasado y modifica la fracción IV del artículo 99 de la Constitución, el cual queda así:

“IV. Las impugnaciones de actos o resoluciones definitivos y firmes de las autoridades competentes de las entidades federativas para organizar y calificar los comicios o resolver controversias que surjan durante los mismos, que puedan resultar determinantes para el desarrollo del proceso respectivo o el resultado final de las elecciones. Esta vía procederá solamente cuando se viole algún precepto establecido en esta Constitución, la reparación solicitada sea material y jurídicamente posible dentro de los plazos electorales y sea factible antes de la fecha constitucional o legalmente fijada para la instalación de los órganos o la toma de posesión de los funcionarios elegidos” (las cursivas son mías).

Esta reforma abre el camino para que las impugnaciones contra las resoluciones definitivas y firmes de las autoridades electorales puedan ser acogidas, a fin de disipar dudas razonables acerca de la limpieza del escrutinio, como sucedió en Guatemala con los votos anulados, el 9 de septiembre de este año.

La negativa a examinar esos votos es una sombra que cubrirá el actual proceso electoral, por una eternidad.

De todos modos, quizá sea bueno traer esto a colación cuando se proceda a reformar la Constitución guatemalteca, o cuando sea reformada, de veras y a fondo, la Ley Electoral y de Partidos Políticos; porque, dada la larga historia de fraudes electorales en nuestro país, es necesario crear asideros legales para que la voluntad de los votantes sea respetada íntegramente.

La posibilidad de errores en el escrutinio de votos, salta a la vista. Hubo elecciones en las que un candidato ganó una diputación, tras espinosa controversia por un voto erróneamente adjudicado al adversario, y este año, una candidata por un error parecido, perdió la curul después de ser declarada ganadora, y ¿cuántos errores más habrán pasado inadvertidos en elecciones anteriores?

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SENTIDO COMUN
Derechos y mercado

Ya nadie niega la eficiencia del mercado, pero aún no se entiende.
Por: Manuel F. Ayau Cordón

Esta semana tuve el privilegio de escuchar a expositores famosos, expertos en política o economía, y me llamó la atención cómo aun ellos personifican “el mercado”, considerándolo como un órgano, como una “cosa”, con características propias, como una organización deliberada, a la cual se le atribuyen virtudes, vicios, cualidades y defectos.

Ello da lugar a considerar controlarlo, moderarlo, socializarlo, sensibilizarlo o, en fin, perfeccionarlo, para corregir sus subjetivas fallas percibidas.

Prevalece un error fundamental: “mercado” es, simplemente, lo que ocurre de manera espontánea cuando se respeta el derecho de propiedad de las personas, de intercambiar sus derechos de propiedad sobre las cosas que han adquirido legítimamente, con el único límite de respetar los iguales derechos ajenos.

Al ser el “mercado” un conjunto dinámico de intercambios pacíficos, respetuosos de los derechos individuales aceptados a priori, sus virtudes, vicios, cualidades y defectos, sus resultados no se pueden modificar sin violar aquellos derechos.

Pero no es posible aprovechar las ventajas sociales de proteger los derechos, y al mismo tiempo violarlos aduciendo razones de conveniencia social, mientras se olvida el interés general social de respetar esos mismos derechos.

Derecho quiere decir que todos están obligados a respetar el resultado de su ejercicio, con la ya mencionada única limitación del respeto a los iguales derechos ajenos. Si es “legal” violarlos, simplemente no existen.

Esta limitación al ejercicio de los derechos individuales la impone el hecho de que, para que sean aceptados como justos, necesariamente tienen que ser generales e iguales para todos. Es decir, no discriminatorios.

Así, además, se logra que sean razonables pues todos querrán ejercer sus derechos y nadie sabe cuándo le va a tocar aceptar las consecuencias del ejercicio de los derechos de otros.

Una vez establecidos, esos derechos constituyen las normas de conducta recíproca que les permite a las personas planificar sus vidas en la confianza de que los resultados de observar las reglas del juego serán respetados por todos en tanto, repito, no se violen los iguales derechos de los demás.

El ejercicio de esos derechos (el “mercado”) no va a producir resultados satisfactorios para todos, pues no hay nada perfecto y la bondad de los resultados es muy subjetiva. Pero si se desea vivir en un régimen de derecho (no de simple legalidad), las reglas tienen que ser respetadas, incluso por la legislación misma, indistintamente de si gustan o no los resultados.

En los discursos a que hago referencia, también se intuía que uno de los defectos del mercado es que produce diferencias de riqueza que habrá que redistribuir en aras de equidad. Las diferencias de riqueza son una preocupación de entidades y personas que quieren corregir el resultado del mercado.

Pero viene al caso mencionar que un reciente estudio del Banco Asiático de Desarrollo confirma lo que nos enseña la teoría llamada de costos comparativos, ya que su investigación comprobó que en los países de Asia en los que la pobreza ha disminuido más rápido son aquellos donde las diferencias de riqueza han aumentado más.

Ello comprueba que la pobreza de unos no es consecuencia de la riqueza de otros, que el mercado no es un juego de suma cero, y que entonces enfrentamos la disyuntiva de escoger entre disminuir las diferencias de riqueza o de disminuir la pobreza.

Yo voto a favor de disminuir la pobreza, aunque simultáneamente aumenten las diferencias, porque doy prioridad al respeto de los derechos individuales y sus consecuencias: la justicia y la prosperidad general.

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ESCENARIO DE VIDA
¡Llegué al Polo!

Estar en el Polo, mis amigos, es como estar en la Luna.
Por: Vida Amor de Paz

Con toda clase de vicisitudes por el clima que no ayudaba, logré finalmente llegar al Polo Norte, a fin de reunirme con connotados científicos, quienes están a bordo de una nave francesa llamada Tara, totalmente a la deriva.

Por muchas razones, estuve varada en Longyearbyen durante varios días, ya sea porque el clima no lo permitía o porque los expertos encontraban la pista de hielo demasiado frágil para soportar la carga, o porque ¡en el Polo Norte llovía!

Así como lo digo, mis queridos lectores; el director de logística del barco Tara, Romain Troublé, tuvo que empacar una sombrilla que le pedían los miembros de la tripulación.

Este asunto de lluvia en el Polo tiene asombrados a los científicos, quienes aseguran que no hay prueba más fehaciente y de que el calentamiento global es un hecho, que esa. Esto parece ser grave, ya que no sólo la temperatura que se está registrando en el Polo no es la habitual, sino que la lluvia hace que el grosor del hielo se reduzca y se rompa.

Cuando me dieron el banderazo de salida, aún había el riesgo de que la nave fuese desviada hacia la estación Borneo, por cualquier eventualidad. La temperatura en el Polo Norte era de un grado bajo cero; según Troublé, la misma temperatura del centro de Francia en esos momentos; algo insólito. No obstante, llegué “vivita y coleando”, con mucha energía y una felicidad desbordante.

Tomé un avión con esquíes llamado Twin Otter y, al llegar a la pista hechiza de hielo, nos esperaba una moto de cuatro ruedas que jalaba un trineo y, una vez colocado el equipaje, nos fuimos directamente al barco.

Estar en el Polo, mis amigos, es como estar en la Luna. El silencio es abrumador y asombroso, pero con el ruido del viento y los crujidos del casco del barco hubo momentos que me evocaban a los monos aulladores de nuestras selvas tropicales.

Como al principio no sabía de qué se trababan los ruidos, pensé que eran los osos polares. Sin embargo, los osos llegan silenciosos a merodear a las inmediaciones del barco, para comer carne humana, y son tan sigilosos que no los vemos fácilmente.

Pero, para protegerse, los científicos que salen del barco a realizar sus faenas tienen que ir armados con escopetas, por cualquier eventualidad. Esta situación se repite hasta para ir al baño, que está instalado a la intemperie, alejado del barco.

En mi bolsillo me fue colocado un instrumento especial que arroja una llama viva, por si veía un oso al que debía ahuyentar. No crean que no me dio miedo, pero no me quedaba otra que mirar para todos lados y salir corriendo cada vez. El acecho es real, pues ya ha sido atacado uno de los dos perros polares que es parte de la expedición.

Tengo mucho qué contar, especialmente sobre el deshielo del Ártico y sobre la ciencia que realizan dentro y fuera del barco, pero, por el momento, permítanme decirles que la experiencia es la más grandiosa que jamás pensé tener en toda mi vida.

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COLABORACIONES
Ley de adopciones

Después de 61 enmiendas a la propuesta original de la Ley de Adopciones, en el Congreso se analizan más cambios, mientras el Gobierno teme que con tantas modificaciones pierda su espíritu original.

• ADOPCIONES SIN LEY

Los fáciles trámites de adopción han convertido al país en uno de principales exportadores de niños a los Estados Unidos.

Por: Eduardo Stein*

Guatemala exporta niños, aparte de otras cosas. Y como hasta ahora ha sido tan fácil, se ha vuelto, además, un mercado de más de US$400 millones al año, entre lo que pagan allá y lo que pagan aquí los padres adoptivos.

En Guatemala un proceso de adopciones, tramitado legalmente, termina costando entre unos US$30 mil y US$40 mil, de los cuales le dan US$3 mil a la madre adoptiva. Lo demás se queda en los caminos de la intermediación (abogados, gestores, casas cuna, etcétera)…

Con tanto dinero involucrado, era de esperarse que en torno de los trámites legales, a pesar de ser tan fáciles –o talvez precisamente porque lo son–, brotara un ámbito sórdido y siniestro de comercio de criaturas, donde se engaña a las madres, se roban niños para comercializar (o, peor aún, para vender órganos), y se contratan “vientres” de jovencitas para tener una oferta diversificada todo el año…

Esta administración intentó mejorar el marco regulatorio para impedir abusos y propiciar una mejor vigilancia, a fin de proteger los derechos de los niños y las niñas, así como los de sus padres biológicos. Es completamente falso que se hubiera intentado frenar o suspender las adopciones. Se trató siempre de un esfuerzo por lograr mejores garantías y más transparencia.

La resistencia tan dura a una mejor legislación con más controles fue un tanto sorprendente. Con argumentos como que se estaría privando a niños en pobreza extrema de mejor oportunidad de vida, o que más controles generarían mayor corrupción (más mordidas en la ruta), se atacó la idea misma de una ley de adopciones, y se había objetado que Guatemala formara parte del Convenio Internacional de La Haya sobre Adopciones.

Esta larga y obtusa pelea adquirió otra dinámica cuando por fin el Congreso regularizó esa membresía internacional, aunque su vigencia no comenzará sino hasta el 31 de diciembre.

El proyecto de ley ha llevado mucho tiempo en el Congreso. Sordas y habilidosas resistencias y maniobras han dilatado su discusión y aprobación. Un grupo de expertos de La Haya vino en agosto a mejorar el texto, con varios ajustes y enmiendas para que la nueva ley se ajuste mejor a la Convención.

Si el honorable Congreso considera agregar más modificaciones y enmiendas que fortalezcan esas protecciones a los niños y a sus padres, así como la transparencia, enhorabuena. No es el número de las enmiendas, sino su calidad y sentido lo que importa.

Legislar de la mejor forma posible, para bien de toda la sociedad, es su principal responsabilidad. Estamos seguros de que así lo hará.

(*) Vicepresidente de la República.

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• INSTITUCIONALIDAD DE LA ADOPCION

Una ley tan importante debe girar alrededor de la obligación del Estado de prodigar bienestar y desarrollo integral a la niñez.

Por: Édgar Rodríguez*

Mucho se ha discutido sobre la iniciativa 3,217 (ley de adopciones), presentada al honorable pleno del Congreso de la República, iniciativa que en un intento lamentable de protagonismo por parte de algunos integrantes de la Comisión del Menor y de la Familia, ha querido ser retorcida en su espíritu, al introducir enmiendas que podrían desvirtuar el sentido noble de la institución de la adopción, lo cual genera la politización de un tema tan sensible dentro de nuestra sociedad actual.

Es importante recordar que el espíritu de la iniciativa debe ser el interés superior del niño o niña abandonados, desamparados o que sean objeto de abuso o maltrato infantil, de manera que se les pueda procurar una familia sustituta en forma permanente que les provea el abrigo y protección propios para su desarrollo y bienestar integral.

Insisto en la importancia de la institucionalidad de la adopción, tal como la concibieron los constituyentes al plasmarla en el artículo 54 de la Constitución Política de la República de Guatemala, que establece: “Artículo 54. Adopción. El Estado reconoce y protege la adopción. El adoptado adquiere la condición de hijo del adoptante. Se declara de interés nacional la protección de los niños huérfanos y de los niños abandonados”.

En tal virtud, es importante que el Estado, a través del Organismo Legislativo, emita las normas que regulen los procedimientos de análisis, estudio y declaratoria de los casos en que resulta imperativo brindarle al niño o niña la protección necesaria a través de la institución de la adopción, como una figura importante para que se les puedan brindar las condiciones de desarrollo y protección integral a que tienen derecho.

Y ahí surge la polémica, planteada en el pleno del Congreso, cuando se pretende manipular tan importante y noble institución social por algunos legisladores, al pretender llevar “agua a su molino”, mediante la creación de figuras e instituciones en las cuales puedan incrustarse y así desvirtuar los fines que contempla la Constitución, al establecer la obligación del Estado de reconocer y proteger la adopción.

Más que la forma y la pretendida intención de envolver el proceso de la adopción en un trámite burocrático exagerado y que pase por diferentes instancias, se debe tomar en cuenta que una ley tan importante debe girar alrededor de la obligación misma del Estado de prodigar el bienestar y desarrollo integral de la niñez guatemalteca, y cumplir para ello no solo con lo establecido en la Constitución Política de la República, sino, además, con la Convención de los Derechos del Niño.

(*) Diputado, subjefe de bancada de la Unidad Nacional de la Esperanza.

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LA BUENA NOTICIA
Siempre potente

La fe no es un sentimiento de seguridad o un salto al vacío.
Por: Víctor Hugo Palma Paul

Como pocas paradojas de la existencia humana, aquella de la fe es la más sobresaliente: siempre es pequeña ante los retos de la vida, pero siempre es potente como para vencerlos.

Quienes se sienten “faltos de fe”, al final resultan vencedores de incontables obstáculos, y quienes parecen tenerla en abundancia, en el fondo suplican por su crecimiento.

Sí, a veces la fe simula desaparecer, como la linterna que no se encuentra “a la hora de los temblores”, pero que sabemos está ahí, en algún lugar de la gaveta del corazón, dispuesta a encenderse y consolarnos y salvarnos, para luego, quizás, volver a ser olvidada hasta el próximo golpe de la vida.

En la Buena Noticia de este domingo, ante la petición de sus apóstoles de recibir una “fe aumentada”, Cristo señala la paradoja ya mencionada: ella, la fe, basta en la proporción de un grano de mostaza como para “mover montañas”.

En el Evangelio según San Mateo, Jesús siempre califica a sus discípulos con el término griego oligopistós, “hombres de poca fe”.

Y, sin embargo, no los despide o condena, como aceptando que la poquedad de la fe acompaña el camino de cada uno desde al amanecer, pero que al final del día, aun sin crecer, la pequeña fe logra un nuevo ocaso donde no falta la esperanza del mañana.

Pero la fe no es un sentimiento de seguridad o un salto al vacío que sigue un mortal sacrificium intellectum o “anulación de la razón porque se opone a la fe”.

Todo lo contrario: la fe es una forma de vida donde el discernir y optar por el bien, y el abrirse a las diversas formas de la bondad y la verdad en el mundo son parte del “creer sin ver”.

Es en el fondo una vida de acciones concretas –una “obra” se diría, contra el “fideísmo” emotivo y descomprometido del fundamentalismo–. Por ello, el Maestro la compara con un servicio abnegado: “Solo hicimos lo que teníamos que hacer”, dicen al final del texto de hoy aquellos que sirvieron sin esperar recompensas inmediatas: “Dichosa tú porque has creído” fue dicho a Aquella que, creyendo, llegó a servir a una pariente necesitada y a quien hoy celebra Guatemala como Reina del Rosario.

Una fe así, motor de acciones desinteresadas –como sugería Juan Pablo II en su Fides et Ratio–, capaz de la oblación cotidiana en la familia, en el trabajo, en el estudio, etcétera, es la que se debe suplicar que aumente y sea efectiva no solo para quienes vivimos en la pequeñez de la sociedad cotidiana y sus sobresaltos de violencia, inseguridad y pobreza, sino especialmente para aquellos que “han de tener fe suficiente” como para “mover las montañas de los problemas sociales de Guatemala” y servir a la comunidad local o nacional sin esperar compensaciones a su ego o a su bolsillo, según está escrito: “Dichosos los que creen sin ver”.

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