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Guatemala, miércoles 24 de octubre de 2007

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Buena Vida

Ya gateo
Una actividad, en apariencia rutinaria, que es vital para el desarrollo psicomotor de la persona.
Por: Patricia Orellana

Foto de portada
Motive a su pequeño a que se desplace y explore a través de todos sus sentidos.

Cada vez que Luis Pedro, de 7 meses, mueve sus manos y piernas para desplazarse y alcanzar algo, se estimulan en su cerebro y músculos muchas habilidades y destrezas que garantizarán su desarrollo psicomotor.

La importancia del gateo estriba en que los bebés empiezan a realizar actividades complejas que son el punto de partida para su desarrollo integral, afirma la pediatra Carolina de García quien recomienda estimular a los pequeños para que lo hagan.

Más que una simple actividad física es neuronal ya que es el cerebro quien envía la orden a los músculos, señala Ana Gabriela Díaz, terapista en educación especial e instructora del gimnasio y centro de estimulación temprana Moms & Tots. Por supuesto, los músculos y huesos también deben estar preparados para tal faena, razón por la cual se estima la edad de inicio del gateo entre los 6 a los 10 meses de vida.

Cerebritos trabajando

Según información de Discovery Dsalud, el primer nivel de organización cerebral del movimiento consiste en mover los miembros del cuerpo por separado, lo que hacen los bebés desde la cuna y que constituye el primer nivel organizativo que antecede al arrastre. Pero, cuando desplazan la pierna y brazo opuestos para avanzar, efectúan movimientos coordinados y sincronizados, y en ello trabajan ambos hemisferios cerebrales. Comienza la diferenciación entre derecha e izquierda, en otras palabras, el concepto de lateralidad.

Mientras se moviliza, —añade Díaz— va adquiriendo las nociones de arriba, abajo, cerca y lejos, ancho, angosto, y tiene mejor manejo espacio-temporal pues empieza a distinguir los espacios sobre los que su cuerpo cabe y sobre los que no.

También empieza a calcular las distancias y a tener precaución en las orillas para no caer y golpearse, porque poco a poco va aprendiendo por ensayo y error.

Área motora

La motricidad fina (dedos y manos) y gruesa (brazos y piernas) se va estimulando con el gateo y la misma parte del cerebro que trabaja esta área, lo hace con el lenguaje, por eso se dice que el niño que gatea, habla mejor (no más rápido) que quien no lo hizo, añade Díaz. Esto va de la mano con el fortalecimiento muscular.

Mientras los bebés gatean van fortificando sus músculos y huesos, sobre todo si recorren varios espacios de la casa y aprenden a bajar pequeñas gradas, dice de García. Como consecuencia, cuando llega el momento de caminar lo harán con más equilibrio, su andar será menos titubeante y se caerán con menor frecuencia, comparados con quienes no gatearon.

Vista favorecida

Cuando el pequeño visualiza su objetivo puede calcular la distancia que debe recorrer para alcanzarlo. Esto también le ayuda a reconocer el volumen y dimensión de lo que le rodea, y saber cuánto tiene que agacharse para recoger determinado objeto (si está debajo del sofá o de alguna mesa pequeña, por ejemplo). Asimismo, controla las distancias y sabe que mientras más se acerca al objeto, lo verá más “grande” y con mejor enfoque.

El gateo, a futuro, también favorecerá la escritura, pues mientras se desplaza, está desarrollando la coordinación ojo-mano.

La experiencia de sentir

Ese contacto que tienen con el piso cuando las palmas de sus manos lo tocan, les agudiza su sentido del tacto y experimentarán placer al tocar todo y sentir las diferentes texturas y observar los diferentes colores de los objetos.

Definitivamente el desarrollo que los niños experimentan a través de sus manos y pies será diferente al de quienes no lo hacen, asegura Díaz. Mientras gatean, su sentido del oído se está agudizando pues si escuchan un sonido, muy probablemente reoriente su desplazamiento y vaya hacia él.

Manos y pies al piso

Los bebés gatean de distinta manera, lo ideal es que lo hagan con movimiento cruzado (pierna derecha y mano izquierda) para que las conexiones de ambos hemisferios cerebrales se desarrollen mejor.

Enséñele a gatear primero en la cama. Póngalo boja abajo y colóquele juguetes en el otro extremo para que intente alcanzarlos. Esté siempre con él.

Cuando el pequeño ya se arrastre, colóquelo en el piso (por lo menos hora) ya sea sobre alfombras desarmables o una superficie acolchonada pero rígida a la vez para evitar que se lastime si resbala.

Al momento en que sienta los movimientos más seguros, déjelo gatear en el piso. Barra, trapee y desinfecte el área en donde lo ubicará y nunca lo deje solo.

Aleje cualquier objeto que lo ponga en riesgo (objetos pequeños que pueda tragar o con los que pueda lastimarse).

Las pelotas le atraerán, láncelas para provocar que vaya tras ellas.

Es preferible que gatee descalzo o con calcetines que tienen textura para que no se deslice. Si usa zapatos, estos deben ser flexibles para gatear para que se amolden al movimiento del pie.

Estimúlelo colocándolo en posición y muévalo sus brazos y piernas suavemente para que dé los primeros pasos de gateo.

Sujételo con una tela alrededor de su estómago tratando de que quede en una posición parecida a la del gateo. Levántelo unos ocho centímetros de la superficie para que él empiece a mover sus manos y piernas.

Fuente consultada:

gimnasio: Moms&Tots: 2366-7897.

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