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CARA PARENS Representación política
La frase popular “cada pueblo tiene el gobierno que merece” expresa la responsabilidad que tenemos en la elección de nuestros gobernantes.
Por:
Lucía Verdugo de Lima
Después de los resultados de la primera vuelta, el tema de las elecciones ha ido desapareciendo de las conversaciones cotidianas.
El pesimismo y el cuestionamiento colectivo de los guatemaltecos apuntan a la credibilidad de los candidatos, situación que se ha facilitado a través de la proliferación de las campañas negras.
Los partidos se han empeñado en tirarse los platos, olvidándose de atender las propuestas de la ciudadanía a la que pretenden representar.
Ocupar un cargo de elección conlleva la encomienda de la representación. Convierte al representante popular en responsable de las decisiones que adopta en nombre de la comunidad política, particularmente la que se decidió por él.
Por consiguiente, las acciones de los gobernantes se atribuyen a los gobernados, porque cuando damos nuestro voto otorgamos el poder de actuar en nuestro nombre al representante que elegimos.
En el comportamiento electoral de los ciudadanos se observa una toma de distancia hacia la política, un porcentaje muy reducido de guatemaltecos se interesa por asuntos políticos y muchos ni se plantean ir a votar.
Esta observación general revela la poca vinculación existente entre los candidatos y los ciudadanos, entre futuros representantes y representados.
¿Cuál de sus discursos nos convoca porque responde al tipo de ciudadano que somos, como: mujer, hombre, indígena, responsable, pobre, empresario, ético, joven? ¿Quién de ellos me representa porque sus promesas se relacionan con mi vida?
La asignación de la representación se está promoviendo a partir de nuestros miedos, incertidumbres e inseguridades. Éstos legitiman un discurso político que se niega a preguntar de dónde vienen los miedos y las incertidumbres.
Lo que ofrecen los discursos de la campaña actual es consolar el miedo a las formas emergentes de violencia y llenar el vacío de la desesperanza.
La responsabilidad ciudadana va más allá de la asistencia a las urnas para votar; también se trata del ejercicio constante de observación sobre las acciones que se llevan a cabo en nombre de la ciudadanía.
Si este tipo de acciones se silencian, entonces no podemos hablar ya de un gobierno representativo o un ejercicio responsable de ciudadanía.
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